
El superávit fiscal alcanzado se registra en el marco de acciones artificiales que buscan allanar el camino a una estabilidad macroeconómica que, según la ortodoxia, debería generar las bases para la inversión y la recuperación económica.
En ese marco, una de las primeras acciones consistió en la reducción del déficit cuasifiscal, entiéndase esta en las controversiales Leliqs y la reducción de tasas de los pases, otro tipo de pasivo remunerado. Esto, sumado a una caída de las tasas de referencia bancaria, deberían generar una migración de inversión por parte de los bancos y el mercado en general hacia otras alternativas. Una de ellas, los nuevos créditos hipotecarios UVA.
¿Es una política especifica orientada a la reactivación del mercado inmobiliario? No inicialmente. Se trata de una migración de colocaciones por parte del sistema bancario entendible por dos cuestiones. En primer lugar requieren reactivar el crédito para el propio core del negocio bancario, pero también para evitar una propia licuación del excedente que absorbía las Leliqs hace escasos meses.
No obstante, si bien es necesario un superávit fiscal como un mensaje al mercado de corrección en materia de política fiscal, tras un abundante déficit retroalimentado, el superávit se explica fundamentalmente en el ajuste previsional, la parálisis de obra publica e incluso la postergación de gastos corrientes. Como la deuda de Cammesa. Es decir, aún el Gobierno carece de sustentabilidad en su dirección hacia la estabilidad.
El sendero de la estabilidad debe disponer de bases solidas y sustentables en el tiempo para erradicar expectativas “experimentales” y generar una convergencia de expectativas hacia políticas monetarias y fiscales de mediano y largo plazo, precisamente porque si usted decidiera tomar un crédito hipotecario UVA, su horizonte de crédito es a largo plazo.
Si usted, como tomador de un crédito hipotecario UVA, no tiene elementos irrefutables que le generen expectativas solidas con respecto a la inflación y su erradicación total (o bien ajustada a márgenes aceptables) puede incurrir en un riesgo significativo a la hora de tomar dicho crédito. Un ejemplo no lejano fueron los propios tomadores de créditos UVA en su ultima comercialización masiva, quienes seguramente no vieron en ese momento como posible que pocos años después la anualidad de inflación superará el 211 por ciento.
La discusión no subyace en datos favorables, como los cambios flexibles en su obtención, sino en el riesgo de mora e impago producto de inestabilidades no resueltas que pudieran incidir en un aumento de la variable de ajuste que incide directamente en las cuotas del crédito.
En resumidas cuentas, tanto el superávit como la implementación de créditos hipotecarios. Son datos positivos, pero aún el mercado está en un “wait and see” lógico: son condiciones necesarias pero no suficientes. Una cosa es llegar, otra es mantenerse.
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