
La imagen habla solita, casi no precisa epígrafe. En el medio, el presidente Javier Milei -carpeta en mano- y, a su alrededor, unas treinta personas, en su enorme mayoría ejecutivos que participaron del exclusivo Foro Llao Llao que reúne a los CEO`S de las empresas más grandes de la Argentina. Son empresarios y emprendedores varones; solo hay una mujer que entra en la misma categoría. Tiendo a creer que no soy la única a la que le hace ruido esa foto.
Se supo que fue el empresario Eduardo Elsztain, del grupo IRSA y fundador del Foro, quien sugirió la idea de posar a la manera de despedida en las escaleras del tradicional hotel de Bariloche. La fotografía que trascendió del encuentro, que es cerrado a la prensa, no es estrictamente una “foto de familia”, como se llama a las imágenes muy producidas que se toman sobre el final de las cumbres relevantes y en las que, además, el lugar que cada uno ocupa puede habilitar interpretaciones políticas o lecturas maledicentes.
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No están ahí todos los participantes de las jornadas patagónicas, que fueron entre 120 y 150. La foto no estaba contemplada porque nada de lo que sucede en ese evento hasta ahora trascendía o, más bien, siempre lo hizo bajo reglas estrictas de reserva de nombres o datos que pudieran identificar a los interlocutores. De hecho, y curiosamente, lo que pudo verse y escucharse del discurso presidencial -con frases insólitas como “El que fuga es un héroe, logró escaparse de las garras del Estado”- no fue divulgado por ninguno de los participantes del foro sino por el propio equipo de redes del gobierno.
Para la foto “ruidosa” posaron poco después del discurso del presidente Milei y fue a partir de un gesto informal que explica, por ejemplo, por qué no está allí Marcos Galperín, otro de los fundadores del Foro, que ya había partido rumbo al Uruguay.
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Pero más allá del detalle de la historia detrás de la fotografía, la información que surge de quienes estuvieron en el Llao Llao ya como participantes o como periodistas que fueron a cubrir la cumbre es que no fue la informalidad lo que borró a las mujeres de la foto: estaban borradas desde antes ya que durante todo el evento hubo poquísimas mujeres, algo que sorprendió a quienes asistieron por primera vez.
Apenas unas cuatro o cinco empresarias importantes -algunas de ellas también fundadoras del foro- y un par más como moderadoras o speakers. Una representación pequeña, modestísima, aunque, en honor a la verdad, se trató de una participación no muy diferente de las que hubo en años anteriores, según confirman los conocedores de este foro. La única diferencia es que no habían trascendido fotos que graficaran de manera tan elocuente esa ausencia.
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Tal vez fue por esa representación modesta, casi inexistente, que el presidente Milei les había advertido a quienes lo escuchaban con metáfora genital el ahora famoso “Muchachos, en algún momento van a tener que poner las pelotas e invertir”. Se me ocurre que, seguramente, le habría costado mucho más expresar una frase de esa naturaleza si frente a él hubiera habido una audiencia más inclusiva, con un elenco menos homogéneo de asistentes.
Debo reconocer que durante mucho tiempo esta clase de imágenes me despertaba indignación: fotos de gabinetes dominados por hombres, encuentros en los que se tratan definiciones clave sin mujeres a la vista o con una mujer como jefa y un equipo de trabajo integrado solo por hombres. Lo mismo que se ve en la alta política y en escenarios del poder se refleja en otras esferas: mesas de debate sin representación de mujeres (¡o con mujeres limitadas a tratar temas de mujeres!), jurados de grandes premios de arte y literatura integrados solo por hombres, y podría seguir.
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Pero hubo un momento en que parecía que la cosa empezaba a cambiar y que había llegado la hora de darnos cuenta de que si las mujeres no estábamos en las fotos era porque no existíamos en los espacios de deliberación y ejecución de los temas importantes.
Nos pusimos insistentes, intensas. Empezamos a reclamar sin parar; a resaltar que faltábamos en todos lados y a intentar persuadir de lo obvio: que, sin mujeres en los espacios de decisión, la mitad del mundo se queda sin representación.
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Entusiastas como nunca, vivimos la ilusión de que comenzaba a formarse un consenso acerca de que tenemos mucho para decir, para opinar y para poner en marcha desde un ángulo diferente al de los hombres. Diferente y complementario. Se nos abrían todas las puertas.
Pero cuando parecía que esa regla perversa que hace siglos elimina a las mujeres de la mesa grande se revertía, llegó el tiempo de advertir que el asunto se nos escapaba de las manos y que los temas de género se habían convertido en la nueva cocina de las mujeres.
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Mientras discutíamos cómo llevar mucho más arriba el techo de cristal, los hombres seguían ocupándose de la política y la economía. Mientras nos relajábamos porque la discusión por la paridad salarial ya formaba parte de la agenda y hasta le daban el Nobel a una economista experta en el tema, comenzaba una era conservadora en la que el feminismo pasaba de ser un movimiento de liberación a formar parte de un nuevo eje del mal.
Desde la organización del Foro Llao Llao aseguran que el propósito de los empresarios que lo integran es debatir “cómo aportar a la creación de un país mejor”. Si hay que guiarse por la única imagen que trascendió de la cumbre, las mujeres no tenemos aún un lugar de peso en el cuadro de honor de los CEO’s que se reúnen para llevar adelante discusiones clave para la economía y la política de la Argentina.
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Por eso, si antes me indignaban, esas escenas de hombres copando los espacios de decisión ahora me provocan una profunda tristeza.
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