
Tengo amigos, un par de años más grandes que yo, que estuvieron ahí. Algunos abandonaron el país porque los años posteriores al ‘82 fueron muy dolorosos para muchos de ellos. Se fueron al combate como héroes, pero volvieron prácticamente negados e ignorados.
El gobierno militar los usó como herramienta política de su relato triunfalista. Y, cuando el resultado de la guerra no fue el que nos habían hecho creer, los trajeron escondidos, en la oscuridad cómplice de la madrugada. De hecho, se bajaron de los aviones e iban en colectivos que, ellos mismos describen, tenían las ventanas tapadas con diarios, como si no hubiera que mostrarlos. Vivieron así mucho tiempo; muchos se enfermaron, incluso fallecieron en el anonimato, con esa ingrata sensación de frustración y fracaso que no merecían.
Malvinas duele aún hoy en el recuerdo de los caídos en combate, de los que murieron en el mar, de los que nunca regresaron a su hogar o, si tuvieron la suerte de hacerlo, ya no fueron los mismos. Al intentar sanar las heridas, no se alejaron jamás de un reclamo que se encarnó en el testimonio de sus vidas. La fuerza y la valentía de ese testimonio hizo que, en estos últimos años, fueran recuperando el reconocimiento que nunca debió habérseles negado.
Creo que hemos logrado, como Nación, ponerlos en el lugar de héroes y saldar en parte nuestra deuda histórica para con ellos. Los que siguen con vida se hacen llamar con orgullo “excombatientes”; otros “veteranos”. El día de hoy los conmemora junto a los caídos porque, aunque ya no estén, nunca serán olvidados. En cada ciudad, en cada pueblo, en cada rincón de nuestro país, una plaza o un parque, una calle, un monumento, un memorial o un espacio comunitario mantiene encendido su recuerdo y el motivo por el cual lucharon: ¡las Islas Malvinas son argentinas!
En nuestra Ciudad tenemos el compromiso de trabajar para mantener viva esa memoria. Por eso vamos a avanzar en el ordenamiento y la actualización del padrón de veteranos nacidos y radicados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Contar con datos precisos nos permitirá brindar el apoyo y el reconocimiento que merecen cada veterano y sus familias.
Tenemos derechos históricos sobre nuestras islas y el justo pedido por la soberanía es porque las sentimos parte de esa Argentina por la que nuestros héroes dieron su vida en una guerra tan desigual como dolorosa. A ellos los honramos, sin duda, con el recuerdo de este día, pero lo haremos también reafirmando que la guerra o la violencia nunca pueden reemplazar el diálogo y la concordia, único camino para la paz duradera en un mundo marcado por los conflictos. La mejor manera que tenemos de reivindicar a nuestros héroes de Malvinas es la de mantener vivo el reclamo de soberanía sobre ese territorio nacional que siempre fue, es y será argentino.
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