El futuro sindical depende de la organización de la economía informal, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), organismo por excelencia en las cuestiones del gremialismo y del mercado laboral a nivel global. El mismo revela que “la sindicación de los trabajadores de la economía informal puede impulsar la renovación del movimiento sindical”. El estudio del 2019 alude a la falta de derechos y de representación de los trabajadores que realizan sus actividades en el sector informal; en las regiones periféricas del sistema, entre ellas Hispanoamérica, la Argentina. Apuntando a la importancia de “fortalecer el peso colectivo de los trabajadores”.
Este eje es central en el mundo laboral argentino, en donde todos los índices estatales y privados indican desde hace tiempo, que el trabajo informal supera ampliamente al trabajo formal. En recientes declaraciones a un medio internacional, Javier Milei aludió a la cuestión de la reforma laboral, punto gravitante del DNU 70/23, donde anunciara la necesidad de “revertir el problema de la informalidad”. El presidente volvió a hacer hincapié en la cuestión y en dicha entrevista de principios de enero, reflejó las cifras del sector: “que tiene seis millones de personas en el sector privado formal y tiene ocho en el mercado informal, entonces en esa situación usted tiene una complicación enorme por las condiciones del mercado laboral”.
Por ende, la pregunta es ¿En dónde está la voz colectiva? Si la mayoría de los trabajadores realizan sus labores en el sector informal, dentro del cual, carecen de representación. ¿Cuál es el grado de representatividad del paro del 24 de enero si está dejando de lado a los que no tienen voz? El trabajador informal suele corresponderse con “Trabajo Independiente”, por ende, no suelen adherir a las recurrentes movilizaciones ya que viven el día a día para generar sus propios recursos.
Volviendo al objetivo del gobierno, representado taxativamente en el capítulo IV del Decreto y especificado en propuestas como, por ejemplo, establecer un “mecanismo para que los trabajadores independientes puedan operar un sistema flexible de colaboradores de hasta CINCO (5) personas” o un “Sistema Único de Registro Laboral”; es que se vuelve imprescindible la necesidad de generar mecanismos suficientes para formalizar el trabajo de las distintas actividades de la economía informal y puedan concretarse así las políticas sociales y económicas planteadas por la actual gestión, y que en definitiva, los pueblos reclaman.
En este contexto se vuelve prioridad la organización del sector informal, de trabajadores feriantes, manteros, pequeños agricultores, productores, vendedores ambulantes, entre otros. Haciendo hincapié en el sector feriante que representa, según los registros del Estado, la actividad laboral más grande del país, con aproximadamente un millón y medio de trabajadores.
De ahí la necesidad de constituir legalmente la conformación primaria del SUTFRA – Sindicato de Trabajadores de Ferias de la República Argentina. Replanteando el Registro Nacional de Trabajadores Feriantes, promovido por la OIT Argentina y aprobado por la cartera de Trabajo, así como también el denominado Monotributo Puestero; una figura para amparar esta nueva forma de trabajo, en referencia al sistema previsional, la seguridad social, salud y también para generar desde allí un piso salarial desde la canasta básica ya que, al ser una actividad atípica, no entrarían bajo el esquema “paritarias” como lo conocemos comúnmente, al no representarse la figura de una patronal.
Se corresponde también con el esquema planteado por la Recomendación 198 de la OIT que remarca la “Relación de Trabajo” y no la Relación de Dependencia, en línea con la Recomendación 204 que alude a la transición de trabajadores y unidades económicas de la economía informal a la formal. En una coyuntura, además, reflejada en los portales nacionales donde se reconoce que las ferias barriales son un fenómeno que reverdece ante la crisis.
Es por eso que los nuevos tiempos se corresponden con las nuevas reformas y actuales organizaciones, que pongan en funcionamiento, lo que en otros tiempos no se pudo lograr mediante las formas tradicionales. Es de esperar que los tiempos de cambio generen la transición adecuada hacia las nuevas representatividades institucionales que den pie a las nuevas formas de trabajo, en definitiva, hacia la modernización de la sociedad argentina, en un siglo XXI convulsionado.
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