
Era un miércoles húmedo de agosto en la City de Londres. Moya y Matthew salieron de su última reunión en el piso 38 de la torre sur y entraron al primer pub que encontraron. Ella ordenó una copa de chardonnay; él una pinta de cerveza. Se miraron y abrazaron, envueltos en una cautelosa sensación de alivio. La privatización se encaminaba, pero aún faltaba confirmar el precio del IPO (venta de la compañía en la bolsa de Londres) y con él, corroborar el valor que recibirían todos los involucrados por la venta de Royal Mail Group, la empresa de Correos británica que desde 1516 había sido propiedad de la Corona británica.
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En 2013 el pueblo inglés consiguió dar fin a una era de ineficiencia, inequidad e insolvencia. Tras décadas de infructuosos intentos, los británicos conseguirían la privatización del servicio de correo público, representado en Royal Mail Group (RMG). El resultado: cauterizar una sangría de años para el contribuyente británico, ingresos de £3,300 millones para la Corona y unos £30m para los empleados, todo ello con el apoyo explícito de uno de los más fervientes sindicatos que conoce la historia moderna.
A la postre, no resulta complejo explicar tamaño logro. Aunque en un proceso arduo y no sin desventuras, fue el poder político quien consiguió trabajar con los técnicos (gerentes, asesores y empleados) y los sindicatos para llegar a una solución de consenso: un plan de venta por IPO cimentado en 4 pilares fundamentales.
El primero, la limpieza del balance de la compañía, abordando el enorme pasivo por obligaciones de pensión. La empresa, los asesores y los legisladores oficialistas trabajaron juntos para explicar al Parlamento y a la sociedad que las obligaciones de pensión recaían indefectiblemente en los contribuyentes, es decir, la sangría continuaría y los contribuyentes pagarían por décadas los derechos de pensión de los empleados. Necesitaban transparentar ese pasivo y hacerse cargo entre todos.
Segundo, la empresa debía pasar de números rojos a negros, para descubrir su valor intrínseco y hacerla atractiva para la venta. Con visibilidad de caja de sólo 6 meses, la empresa estaba al borde de la quiebra. Entonces el Directorio reunió a todos sus gerentes y juntos lanzaron un proyecto para encontrar “cash” en la compañía a través de propuestas como ahorros en energía, reducción de personal temporario o eliminaciones de subsidios a las cantinas, y así liberar efectivo de la operación. Los cientos de iniciativas de los empleados se tamizaron, priorizaron y aprobaron por el Directorio, bajo un proceso tan riguroso como expeditivo. Como resultado, la empresa llevó adelante una fuerte racionalización de la plantilla de personal, modernizó su tecnología operativa financiada por los mismos proveedores, se restructuraron los principales contratos con terceros y se refocalizaron los esfuerzos en los negocios más rentables. RMG ahorró cientos de millones de libras esterlinas en 6 meses y los números volvieron al negro.
Tercero, se trabajó incansablemente con los empleados y los sindicatos para conseguir su apoyo. A pesar de las constantes amenazas de paro, se minimizó la disrupción del servicio y, a raíz de la participación de los empleados en las ganancias que se obtendrían por la venta de la empresa, se consiguió alinear los intereses de todas las partes. Cuanto mayor fuera la transformación descripta en el párrafo anterior y menores las disrupciones operativas por paros, mayor sería el valor de venta de la empresa, ergo, más dinero ganarían los empleados con la privatización.
Por último, y en línea con los estándares de cualquier proceso de venta privado y auditados por el propio Parlamento, se aseguró que el management de la compañía y los asesores, también tuvieran su beneficio económico con la venta de la compañía.
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El 11 de octubre de 2013, La Corona vendió el 70% del paquete accionario de RMG por aproximadamente £2,000 millones. La Corona retenía 30% de las acciones, de las que se deprendió posteriormente agregando otros £1,300 millones a sus arcas. El precio de IPO de £3.30 por acción saltó a £4.55 en el mismo día de flotación, cuando los empleados cristalizaron unos £40 millones de valor. Los banqueros, abogados y asesores ganaron sus respectivos honorarios.
En 2014, RMG declaró generación de efectivo anual por casi £400 millones. Moya Greene permaneció como CEO de RMG hasta 2018. Matthew Lester entregó el mando de las Finanzas de la empresa en 2016. Ambos llevaron adelante una de las privatizaciones más exitosas de la historia.
El autor fue consultor de Royal Mail entre 2010 y 2013, donde llevó adelante la transformación estratégica y preparación operativa de la compañía para su privatización
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