Juntos por la derrota

Con Milei no hay riesgo, solo garantía de estallido, decisión de suicidio. A Massa, la vida le regaló un futuro trascendente o una reiteración de los últimos fracasos que nos hundieron sin pausa

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Sergio Massa y Javier Milei
Sergio Massa y Javier Milei en el debate presidencial - Tomas Cuesta/Pool via REUTERS/File Photo

Que tres dirigentes de primer nivel de nuestra política se reúnan para generar un papelón desmesurado y crean, piensen, imaginen que están forjando un acuerdo asusta y asombra, deja al desnudo la decadencia que nos transita. Se puede perder la vista o el oído, pero que los tres juntos pierdan el olfato resulta llamativo. Si no fuera por el padre que lo hizo rico, uno podría imaginar que Massa le pagó a Macri. No suele ser gratis un regalo semejante, Macri es el principal sostén del kirchnerismo. Cristina le embarró la lista a Scioli y lo ayudó a ganar. Luego, se corrió para evitar su derrota y lo venció instalando a un personaje menor, y ahora Macri, cuando le toca gobernar a la oposición, impone a Patricia, la debilita apoyando a Milei, finalmente los reúne a ambos y no queda nada. Juntos “por la derrota” es la nueva fuerza de Mauricio.

Todos los golpes de Estado se justificaron con la moral, se ejercieron con autoritarismo fascista y asesinatos guiados por estas convicciones. Algún supuesto empresario desesperado por quedarse con otro pedazo del Estado, o sea, robar lo que es de todos con el cuento de “privatizar”, inventó a Milei, anarco berreta sin otro objetivo que destruir el Estado para quedarse con lo poco que el turco Menem no se pudo llevar. Y Milei engendró el milagro de asignarle a Massa un conjunto de virtudes que no imaginábamos.

Los radicales tienen historia y son el origen de nuestra complicada democracia. Sabemos que los múltiples golpes de Estado se gestaron todos en nombre de un conjunto de ciudadanos que se sienten superiores al resto. Otros pierden las elecciones siempre y acusan de corrupto al que les gana o inventan fraudes, desprecian a los humildes, los culpan de ser sobornados y depender de las prebendas, mientras se apoderan de esos dineros.

El liberalismo es una corriente de pensamiento respetable que desde la dictadura se utiliza como excusa para saquear al Estado. Del otro lado, los kirchneristas usurpan los bienes de todos para acomodar a sus amigos e intentar construir una secta que se imponga al resto del pensamiento. Kirchner tuvo aciertos y su error central fue desatar una confrontación que le genera un enorme daño a la sociedad toda. Esa propuesta de enfrentamiento estaba terminada y no incluida en los robos de Menem con Cavallo, reaparecieron junto al dolor de los deudos reviviendo los derechos humanos que terminaron sustituyendo al pensamiento de Perón por los desatinos de la guerrilla. Así, nos dejaron sin peronismo. Claro que la oposición con Macri solo pudo durar un período y como todos los regímenes “liberales” nos endeudaron por generaciones. La pobreza del gobierno de Alberto nos deja sin destino como fuerza política y como sociedad. Buscar a Sergio Massa implica un riesgo para los Kirchner, pero sobre todo para la sociedad. Con Milei no hay riesgo, solo garantía de estallido, decisión de suicidio. A Massa, la vida le regaló un futuro trascendente o una reiteración de los últimos fracasos que nos hundieron sin pausa.

La democracia no tiene dos opciones, solo Massa es votable con la esperanza de que nos libere del kirchnerismo y nos devuelva la alegría de convivir en paz. Cristina ya había cerrado su ciclo cuando Macri en su atroz fracaso volvió a darle el poder. Fue solo extender una cruel agonía, ahora ella misma eligió a Massa sabiendo que desde allí podría surgir algo nuevo. Votar a Massa es ejercer el único derecho a cierta esperanza, lo otro es un auténtico sinsentido, es solo un intento de suicidio colectivo. La presencia de Macri, por suerte, asegura su fracaso.

Juntos por el cambio perdió las elecciones, salieron terceros, acusan a los pobres de votar a quienes les regalan plata, deben de pergeñar una sociedad donde los voten a ellos, que son los que se la roban. Hijos de ricos, construyen campañas para su clase y cuando hablan de las mayorías piensan solo en fiscalizar el voto. Convendría que fueran sabiendo que no se los roban, no los quieren que es mucho peor. Milei acusa a Alfonsín y reivindica a Menem. La dictadura inicia la destrucción del Estado. ¿Quién lo recuerda? Menem la completa, Macri acrecienta la deuda, los Kirchner no hicieron casi nada. Por su parte, Milei expresa a los rentistas improductivos, sin cultura ni dignidad, sin respeto a los humanos, ni siquiera a sus padres, nos ofrece a sus perros y, en su mimetización, cuando habla, ladra.

Todo es tan relativo: comparado con Milei, Massa es un verdadero estadista. Ser equilibrado alcanza, a eso hemos llegado. No votemos el desquicio.