
Siempre me gustó estar del lado de los débiles, no soy Robin Hood, pero cuando siento que alguien está desamparado, con mi amigo Agustín nos involucramos en las causas perdidas. Siempre creo en la razón de las minorías y en el individuo y, para mí, es muy importante la valentía. No me puse en contra de Massa y jamás me importó Milei, pero sí apoyé a Patricia, a la Sra. Sola, a la que sola soportó el bullying.
A LA SEÑORA SOLA encabezando sola una batalla, y castigada por haber ganado una batalla interna. Siento que nadie le dio una mano, siento que se cargó la responsabilidad de un partido al hombro, como un poncho viejo, sucio y remendado, y quiso revolearlo con un lánguido “sí se puede “, pero te dejaron sola Patricia. No me gustaría saber quiénes te jugaron en contra de adentro. Es más, creo que fueron más dignos tus adversarios. Estoy muy contento de haberme jugado entero diciendo que te voto a los cuatro vientos, y que lo haría nuevamente porque sigo creyendo que tenés tanto coraje, que sin estructura de tu partido peleaste hasta el último día.
Cuando murió Alfonsín, Agustín y yo nos alejamos del Radicalismo. Hoy siento que soy menos Radical que nunca, que sólo servimos para dividir, y te dividieron; y con respecto a las traiciones, vos, Agustín y yo sabemos que no puede hacer política el que nunca lo echó, el que nunca se bañó con agua fría, el que nunca pasó hambre, al que nunca le llovió en la cabeza. Por eso, después de Alfonsín, Agustín y yo volvimos a sentir orgullo por un líder. No cambies Pato, déjalos que sigan cambiando ellos.
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