Otro capítulo del largo conflicto árabe – israelí: ¿la paz es posible?

Esta disputa no finalizará hasta que no se concrete un acuerdo definitivo de paz con los palestinos, para lo cual se deben erradicar a los grupos terroristas radicalizados que, aún siendo minoritarios, mantienen sus redes de dominio, control y adoctrinamiento sobre el resto de la población

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Imagen de un bombardeo de Israel contra instalaciones de Hamás en la Franja de Gaza. (ABED ALRAHMAN ALKAHLOUT / ZUMA PRESS)
Imagen de un bombardeo de Israel contra instalaciones de Hamás en la Franja de Gaza. (ABED ALRAHMAN ALKAHLOUT / ZUMA PRESS)

El 6 de octubre de 1973, cuando tenía apenas 13 años y acompañaba a mi padre que era observador militar de Naciones Unidas en el Canal de Suez, me desperté en El Cairo (Egipto) con la noticia de que fuerzas militares locales y de Siria, aprovechando el día religioso del Yom Kippur y logrando así una gran sorpresa, atacaron y cruzaron las líneas defensivas israelíes en el Canal de Suez y en los altos del Golán.

Como ahora, los israelíes se sentían imbatibles y confiaban plenamente en la invulnerabilidad de sus posiciones defensivas a lo largo de las citadas regiones. Los frecuentes ejercicios que realizaban las fuerzas árabes cerca de las fronteras del Estado judío hicieron que los movimientos de tropas previos al ataque fueran tomados por los israelíes como algo de rutina.

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Eso permitió que las fuerzas egipcias y sirias lograsen importantes éxitos en los primeros días de combate, hasta que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) pudieron recomponerse de la sorpresa, movilizarse y contratacar, primero en el Golán y luego en el Sinaí.

50 años y un día después del inicio de la guerra del Yom Kippur, no es casual que Hamas haya aprovechado la vulnerabilidad que genera en la capacidad de respuesta de las defensas israelíes el Simjat Torá, otra festividad religiosa, para que sus fuerzas terroristas crucen en forma inesperada la frontera que divide al Estado de Israel de la Franja de Gaza, con la operación que han denominado “Al-Aqsa Flood”.

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Paralelamente, ha sido un mensaje para el mundo árabe: poder demostrar que ellos también pueden infligir, cinco décadas más tarde, una derrota inicial al Estado de Israel, como lo hicieron en su momento Egipto y Siria.

Lo lamentable es que una vez más la violencia se hizo presente en Medio Oriente, en este conflicto que parece nunca tener fin. El odio y la venganza entran en un círculo vicioso interminable. Ninguna provocación previa puede justificar un ataque terrorista de esta envergadura y con el asesinato de tantas víctimas inocentes. Independientemente del lógico dolor y deseo de venganza que esto provoca en Israel, responder con bombas de alto poder explosivo que producen mucho daño colateral, no parece ser la mejor forma de respuesta.

¿Exceso de confianza de los israelíes?

¿Qué falló para que simultáneamente gran cantidad de terroristas ingresaran a Israel y permanecieran varias horas asesinando y secuestrando personas?

No creo en quienes promueven teorías conspirativas. Esta vez el ataque no sólo sorprendió a las defensas israelíes, que una vez más subestimaron las capacidades de sus enemigos, sino que también afectó directamente a su población civil.

Confiando casi exclusivamente en la invulnerabilidad de sus defensas físicas, electrónicas y robóticas, en las capacidades de su sistema de defensa aérea “Cúpula de Hierro” y en la eficacia de sus agentes de inteligencia, los israelíes fueron sorprendidos por un ataque simultáneo por parte de grupos terroristas que cruzaron por varios puntos las vallas defensivas.

El sistema antimisiles israelí Cúpula de Hierro intercepta cohetes lanzados desde la Franja de Gaza, visto desde Sderot, en el sur de Israel. (REUTERS/Ronen Zvulun)
El sistema antimisiles israelí Cúpula de Hierro intercepta cohetes lanzados desde la Franja de Gaza, visto desde Sderot, en el sur de Israel. (REUTERS/Ronen Zvulun)

El sistema de seguridad fronterizo se apoya en gran cantidad de sensores, cámaras y dispositivos de alerta temprana, que se consideraban inexpugnables. Es indudable que los terroristas han tenido mucho tiempo para estudiarlo, encontrar sus vulnerabilidades, y afectarlo con medidas de guerra electrónica (GE) y bombardeos de precisión con drones.

Más de 1.000 terroristas avanzaron a primera hora del 7 de octubre sobre 22 poblaciones de Israel y varias bases militares de las FDI. Algunos lo hicieron disfrazados de soldados israelíes para agregar confusión a la situación y facilitar el asesinato o captura de civiles.

Para cruzar emplearon parapentes impulsados por motores portátiles con hélices, drones con cargas explosivas, topadoras y túneles.

Los videos muestran los intentos de huida, la llegada de los yihadistas y cómo quedó la zona

Lograron inutilizar rápidamente una base antiaérea que es parte de la “Cúpula de Hierro” cerca de la localidad de Sderot y, aprovechando esa brecha en el sistema de defensa aérea, lanzaron un bombardeo masivo con cohetes. Hasta el momento se calculan más de 900 muertos entre civiles y militares israelíes.

Las capacidades de GE de Hamas, y la disposición de modernos drones, sólo se explica con el apoyo financiero y tecnológico de países extranjeros, probablemente Irán y Qatar.

¿Hamas subestimó la respuesta de Israel? Seguramente no. Habrá que lamentar también gran cantidad de víctimas inocentes por el daño colateral que está provocando el bombardeo a la Franja de Gaza. Ya los muertos del lado palestino se cuentan por cientos.

Los aproximadamente 150 rehenes israelíes serán usados presumiblemente por Hamas como escudos humanos, para frenar los ataques de represalia israelíes y/o para negociar la liberación de terroristas presos.

Efectos políticos

Israel ha ido avanzando gradualmente con acuerdos de paz con los países árabes. Probablemente, uno de los efectos buscados con este reciente ataque es hacer naufragar el acuerdo de paz que estaba próximo a firmarse con Arabia Saudita y que, seguramente, ahora quedará congelado. Hamas y, tal vez, también Irán, quieren mostrarle al resto del mundo árabe que no hay que buscar la paz y que ellos pueden derrotar a Israel.

Por el momento, las divisiones y las disputas políticas internas en Israel han quedado de lado, y se vislumbra la conformación de un gobierno de unidad nacional para enfrentar esta crisis. La mayor parte de la comunidad internacional se ha solidarizado con el pueblo de Israel y respalda a sus autoridades por el ataque terrorista sufrido.

Opciones para Israel

¿Qué hará Israel? El primer ministro Benjamín Netanyahu ya dijo que están “en guerra” y que será “larga y difícil”. Las opciones no son fáciles. Deben restaurar la capacidad de disuasión contra Hamas, Hezbollah y otros enemigos, evitar que la violencia se propague hacia otros espacios como la Cisjordania y Jerusalem, preservar los recientes acuerdos diplomáticos con algunos países árabes, destruir la capacidad militar de Hamas y resolver la situación de los rehenes, sin perder al apoyo internacional.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. (Ilia Yefimovich/Dpa)
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. (Ilia Yefimovich/Dpa)

Como ya hemos visto en oportunidades anteriores, movilizará a sus fuerzas militares (ya lo hizo con 300.000 reservistas), bombardeará los lugares donde funcionen centros de operaciones y de conducción de Hamas, tratará de capturar o matar a sus líderes y, en este caso, recuperar a los rehenes. Para alcanzar estos objetivos, si fuera necesario, invadirá por tierra la Franja de Gaza, con las dificultades que eso generaría por tratarse de una zona densamente poblada, y en la cual habría muchos daños colaterales y gran cantidad de bajas civiles que provocarían la condena internacional.

Ya en el 2005 tuvieron la experiencia de lo que significa entrar a la Franja de Gaza, y lo difícil que es luego salir. También en 2014 vieron lo difícil que es el combate urbano dentro de este territorio, a pesar de haber penetrado sólo un par de kilómetros.

De todos modos, sólo con una incursión terrestre podrán destruir las capacidades militares de Hamas en el corto plazo, capturando o matando cabecillas, eliminando centros de adoctrinamiento, volando depósitos militares, túneles y centros de comando e interrumpiendo el control que ejerce la organización terrorista sobre la población.

Esto significaría también tener que tomar el control administrativo de Gaza, y el sostenimiento de más de 2.000.000 de palestinos con problemas económicos y actitud hostil. La autoridad nacional palestina, bastante desprestigiada ya, no se encontraría en condiciones de asumir esa tarea, y menos con el respaldo explícito de Israel.

Por otra parte, las represalias de Israel podrían incentivar levantamientos masivos dentro de Israel, en el sur del Líbano y, eventualmente, en otros países árabes. Al mismo tiempo, la prolongación de los ataques israelíes podría erosionar el actual apoyo internacional.

Paralelamente, es importante para los israelíes prevenir la intromisión de Hezbollah y de otros países árabes en el conflicto. Para esto último, cuenta con la valiosa ayuda de los Estados Unidos, que no sólo apoyará militarmente con munición y otros pertrechos militares (que podrían afectar parcialmente la asistencia a Ucrania), sino que disuadirá a que otros países quieran intervenir directamente.

Una experiencia personal

En 1973 fue mi padre y, en el año 1994, me tocó a mí ser destinado como observador militar de Naciones Unidas en Medio Oriente. En esa oportunidad pude tomar nuevamente contacto con la realidad conflictiva de esta región.

La educación inicial que se brinda a los niños en gran parte de los países árabes incluye la aversión y el odio hacia todo lo israelí. Mientras esa educación de base no sea modificada, va a ser muy difícil lograr una convivencia pacífica, como la que existe entre los árabes y judíos que viven actualmente dentro de Israel.

Recuerdo que tuve que viajar con dos pasaportes, porque el que me sellaban en Israel después no iba a ser aceptado en Siria. Para cruzar desde el territorio israelí hacia el sirio, también había que tener mucho cuidado de no llevar ningún producto con escrituras y ninguna foto en la que apareciera algún cartel en hebreo, porque sería inmediatamente incautado y generaría un conflicto que hasta podría impedir el cruce.

Pese a todo, conocí a una gran cantidad de árabes que desean vivir en paz. En muchos países y territorios, como en el caso de la Franja de Gaza, es un grupo minoritario y radicalizado el que ostenta el poder e impulsa la lucha armada.

Una mirada al futuro

La guerra no empezó hace tres días. Este conflicto, con distintos grados de intensidad, se viene desarrollando, lamentablemente, desde antes de la creación misma del Estado de Israel.

Nada será igual para la sociedad israelí a partir de ahora. La sensación de seguridad que tenían se ha hecho pedazos. Vuelven a sentirse vulnerables como hace varias décadas.

Este conflicto no finalizará hasta que no se pueda alcanzar un acuerdo definitivo de paz con los palestinos, para lo cual se deben erradicar a los grupos terroristas radicalizados que, aún siendo minoritarios, mantienen sus redes de dominio, control y adoctrinamiento sobre el resto de la población a través del trabajo de grupos juveniles, la prédica en algunas mezquitas, la educación en escuelas, etcétera.

Simultáneamente, los israelíes deberían adoptar una actitud más solidaria y de respeto hacia la población árabe que no desea prolongar este conflicto.

Este objetivo de paz es, lamentablemente, muy difícil de alcanzar en la situación actual, donde el ataque terrorista de Hamas ha exacerbado los sentimientos de odio y desconfianza entre ambos pueblos. Tendrá que pasar mucho tiempo y cambiar mucho la actitud que cada uno tiene hacia el otro, para que pueda haber alguna esperanza de buena convivencia a futuro.

* Claudio Pasquilini es ex jefe del Estado Mayor del Ejército Argentino, y director del Observatorio de Seguridad y Defensa de la UCEMA.