
P. Broué y E. Témine publicaron allá por 1961 un pequeño libro sobre la Guerra Civil Española. Pequeño por breve pero inmenso por calidad. Lo recomiendo. Sobre el final del mismo y con mirada triste sobre al desenlace de ese episodio histórico dejan una frase expresa: “Lo único que hubiese justificado a los gobernantes de la República tanto freno a la revolución española, tanta persecución a anarquistas y trotskistas, tanta permisividad a estalinistas para que hagan y deshagan, tanto abandono de las primeras banderas de la lucha contra la vieja España, tanta claudicación y tanta incapacidad…habría sido ganar la guerra”. Como bien sabemos no la ganaron.
En estos días, la situación del peronismo me recuerda esa frase del libro. Alguna dirigencia aspira a tener como justificación de sus definiciones tácticas (en general carentes de aciertos) y para obviar 4 años de gobierno con escasa consideración social, el valor de un triunfo que amerite lo hecho, o que justifique lo hecho mal. Y es aquí donde estimo está la gran distancia con la frase que remite a la guerra civil hispana, no hay laurel de victoria que evidencie acierto.
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Claro que se puede y se debe (desde nuestra convicción) ganar. Pero ese momento del triunfo electoral no alcanzará para sanear profundas heridas en el cuerpo político peronista.
Hay multitud de razones y causas que hacen que, como peronista y ciudadano interesado, quiera que democráticamente se ganen las elecciones. O sea, que las gane el peronismo. No es poco motivo reputar lo que tenemos enfrente. Son, a mi juicio, expresión de atraso y es como si un viento en reversa, sopla para llevarnos a tiempos pre 1945. Anuncian programas de limitación de derechos, cantan loas a la dictadura, minimizan el imprescindible papel del Estado en garantizar salud y educación, abominan de equilibrios societarios necesarios en aras de individualismos fantasiosamente perfectos.
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Jamás leí que alguno de los mentores históricos que dan vida doctrinal a las dos alianzas que compiten con Unión por la Patria, hayan dicho o escrito tamaña ristra de conceptos reaccionarios, fatuos e inviables como los que anuncian La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio.
Lloran en sus tumbas Adam Smith, John Locke, Juan Bautista Alberdi, Leandro Alem y hasta conservadores como Emilio Hardoy. Un verdadero travestismo ha convertido a erudiciones liberales y a culturas del radicalismo en vergonzosos muestrarios de conservadurismo rancio, mísero. En fin. No es lo mejor para un pais que debe mirar adelante. No atrás.
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Hoy la Argentina muestra una crisis de representación política. No es algo tan grave ni exclusivo de nuestra Patria. En Francia estallaron los planetas y Macrón con un partido sin historia mandó a la historia a dos formaciones llena de “expertise”, mañas y costumbre en el poder como los socialistas y los republicanos conservadores. Y pasa en otras democracias tradicionales. Italia, Grecia, España y varios países del Este europeo lo están viviendo.
Eso provoca que en nuestro país se desdibujen los partidos que históricamente fueron vehículos de la representación de intereses y demandas que a su vez expresaban sectores sociales. Esta mutación a una democracia más de figuras que de partidos transforma lógicamente los contextos geográficos, políticos, sociales y culturales donde se desarrolla la acción política. El liderazgo necesita más mediatización y eso se encuentra en los escenarios del marketing, las redes, los medios tradicionales y los impactos de frases, vestimentas, colores, imágenes y diseños varios.
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No califico esto. Lo describo. La modernidad llega con formas que pueden no gustarnos, pero peor es ignorarlas.
Todo esto también induce a un reduccionismo físico de la política. Un guarecerse en los lugares seguros y evitar que la amplitud de miras provoque dispersión, dispendio y esfuerzos a veces improbables de sostener.
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Entonces el peronismo, algunos peronistas importantes, apuestan a la provincia de Buenos Aires y se inclinan hacia lo que algunos consideran su propio y único escenario, que es su geografía más certera. Ni siquiera toda la provincia. Solo algunos sitios de consolidado apoyo.
Las famosas “segunda o tercera” secciones electorales. Insisto en un concepto, no califico, pero si intento referir lo que esto tiene de malo. Y es achicar un Movimiento Nacional como el peronismo a la categoría de un partido de distrito. Se ha conurbanizado al Movimiento Nacional Justicialista y eso no es bueno. Y está en juego, el Movimiento y su significación nacional, y su historia de colectivos provinciales que precisó tanto tiempo para crear identitariamente un valor común. Es poner en peligro desde lo dogmático hasta lo electoral futuro, la potencialidad del peronismo.
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Así lo vemos muchos. Así deberían verlo lo amigos y compañeros bonaerenses.
¿Es importante esta elección? Sin duda. Que no ganen los que atrasan, sería una excelente señal que el pueblo brindaría sobre su desaprobación hacia lo que proponen. Y esto debe expresarse en el marco nacional.
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La duda, y queda abierto el debate, es si la Provincia de Buenos Aires merece casi en exclusividad el ardor militante y qué importancia tiene la sobrevivencia del peronismo como expresión nacional que debe representar a los más humildes, necesitados y vulnerables de la Patria. Cuestión ésta que hoy presenta titubeos al momento de afirmarlo con certeza.
Por eso digo, viene bien una victoria electoral, pero no hace desaparecer en la algarabía de las boletas triunfantes la crisis seria que vive el peronismo.
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