
Unos meses antes de la declaración de independencia, San Martín le decía a su amigo, Tomás Godoy Cruz, en una premonitoria carta: “¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra Independencia! No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree que dependemos. ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podemos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos. Esté usted seguro que nadie nos ayudará en tal situación (...) Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.
Doscientos siete años después, Argentina vive un momento en el que vuelve a haber intersección entre la independencia, la soberanía y la visión de futuro. Por eso, la inauguración del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner es un hecho tanto simbólico como bien concreto del camino que necesita recorrer el país.
Hace dos siglos, declararnos independientes en medio de una batalla contra la dominación abría un nuevo capítulo en nuestra historia. Hoy, la puesta en marcha de esta obra inicia otra instancia clave para nuestro desarrollo. Ser independientes es ser dueños de nuestra riqueza en vez de inquilinos. ¿Para qué? Para dejar de ser actores de reparto en el sistema mundial, para aspirar a mucho más que a la insurgencia del vasallo que tan bien describe San Martín en su misiva.
En ocho meses, la gestión del equipo del ministro Sergio Massa contrapuso una realidad al discurso derrotista del “no se puede”, de que el país no tiene destino, de que la única salida es Ezeiza. Un país que va a cambiar la ecuación energética para transformar toda la ecuación económica. El primer paso es el ahorro de unos USD 1.700 millones de manera inmediata y de USD 4.000 millones el año que viene. Pero más importante aún es el horizonte de oportunidades que nos pone delante y que planteamos en el plan Argentina Productiva 2030, que ya estamos ejecutando: septuplicar nuestras exportaciones de energía en los próximos dos períodos presidenciales para llegar a los USD 35.000 millones.

A las puertas de una elección presidencial, este gasoducto contrasta los dos modelos de país que van a ponerse en juego. Uno, por el que trabajamos desde la gestión todos los días, para que Argentina cambie su matriz productiva y pueda exportar al mundo con valor agregado y trabajo argentino. El modelo que ve en Vaca Muerta la oportunidad de desarrollar industrias, crear empleo y generar cadenas de valor. Por el otro lado, está el modelo de la oposición, que le ofrece al país anteponer siempre el ajuste, el “no se puede”, el achicarnos y, en última instancia, la primarización de nuestra economía.
Hoy, otro 9 de Julio abre la pregunta sobre nuestro destino. Y para empezar a responderla, podemos parafrasear a San Martín: ánimo, que para las personas de coraje se ha hecho el camino al desarrollo nacional.
El autor es Secretario de Industria y Desarrollo Productivo
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