Veo estupefacto el video del primer candidato a legislador por la lista de Jorge Macri en CABA, Franco Rinaldi, burlándose de un periodista, porque “le hierve la cola“.
La primera reacción es el desprecio por la discriminación, por la homofobia. Luego, pienso, encontraré las disculpas. Muchos de los que hemos pasado los 40 años fuimos formateados por una cultura del desprecio a lo diferente.
Gordo, negro, petiso, tuerto, rengo, puto, y tanto más, fueron adjetivos habituales para descalificar al otro, al otro diferente, al otro el que se quiere agraviar.
Muchos de los que hemos pasado los 40, aprendimos del dolor de semejante maltrato. En carne propia o, simplemente reflexionando sobre lo inadmisible de aquellos insultos.
Quise creer que el altamente probable diputado porteño era uno de ellos. Uno de nosotros. Criado en la cultura de la discriminación. Como yo, como muchos, que hoy intentamos desaprender esa barbarie.
Reproduzco con su autorización mi diálogo en WhatsApp con Franco Rinaldi de hace pocas horas.
FR: Ese video es un recorte de un programa de un café con Franco
LN: Entiendo que es 2021. ¿Es correcto?
FR: No lo recuerdo Luis porque es un editado. Imagínate que tengo más de 400 programas.
LN: Le merece algún comentario?
FR: Sí, que es parte de una performance que es lo que es un Café con Franco. Siempre lo fue. Es evidente que es una humorada y por eso a muchos les gusta tanto. Recordarás que en 2021 cuando fui precandidato a diputado nacional en la lista de Ricardo López Murphy el canal ultra oficialista C5N armó un editado más largos con distintas partes del programa que usaron con el objetivo de cancelarme. Recuerdo que vos mismo le preguntaste a Ricardo sobre eso. (…) déjame agregar que desde luego no tengo, ni tuve nunca, una intención discriminadora ni nada que se le parezca. Soy una persona, como vos sabes, con discapacidad y he sufrido y todavía me pasa, la discriminación. Nada más lejos de mi de ejercerla.

Su comentario es que se trata de una performance y una humorada descalificar a un periodista por tener su cola que le hierve. ¿Pedir disculpas? ¿Admitir el agravio? ¿Explicarlo por este formateo nefasto de otros tiempos pasados? ¿Ser hijo de una formación muy conservadora?
El señor Rinaldi es político, quiere ser diputado y es funcionario de la AGN. No creo equivocarme afirmando que no es actor, cómico ni artista. Porque, es bueno decirlo, creo que el arte no tiene límites y lo dicho allí no debe ser leído en clave de realidad.
Un político, alguien de la auditoría, tiene la obligación de entender que cuando habla públicamente lo hace dando, sí, su mirada sobre la realidad y de cómo piensa cambiarla. Su mirada desde su óptica de vida.
¿Rinaldi cree que en el ejercicio de su función pública puede calificar o descalificar por la temperatura de la cola de alguien?
¿Se siente cómodo con esto Jorge Macri, que encabeza la misma lista para la ciudad de Buenos Aires con Rinaldi?
¿Se siente cómodo Juntos por el cambio con ese posicionamiento valorativo?
¿Se sienten cómodos Gimena Villafruela, Facundo Del Gaiso, Patricia Glize, Matías López, Silvia Imas y Sergio Siciliano, todos integrantes de la lista que encabeza Franco Rinaldi?

Si la respuesta es no, no he leído hasta ahora un repudio público al respecto.
Hacerlo en privado es especulación para saber si “el tema escala” o quedar bien hacia dentro desde lo políticamente correcto y no afrontar la disidencia pública “porque estamos en campaña“.
Creo que no hace falta explicar que hay muchas personas que aún sufren por discriminación ante su orientación sexual. Sufren, se enferman, pierden a sus familias y sus trabajos. Sin metáfora.
También es redundante explicar que hay personas que se quitan la vida porque no soportan el acoso de los que creen que les hierve la cola. Se suicidan por dichos reiterados como los de la performance humorística.
A mi también me hierve la cola, señor Rinaldi.
Soy puto, marica, homosexual, manfloro, desviado, froscio, marcha atrás, me dan por popa y tanto más. Estoy, antes que nada, orgulloso de quien soy. Aunque me costó dolor, y mucho, el recibir agravios con esos términos que hoy sé, fehacientemente, lo califican al que los profiere. El insulto califica al insultante. No al insultado.
Creí, por error, que alguien que ha de haber padecido el maltrato por su discapacidad sabría desde esa horrible experiencia de haber sido insultado lo mal que se lo pasa.
Repudié hace poco cuando Rinaldi fue insultado diciéndole que nadie votaría a un discapacitado. Y lo volvería a hacer mil veces. Ese alguien, por suerte, está fuera de la política ya.
Creí, por error, que se impondría una disculpa basada en ese mal hábito que naturalizamos muchos de meternos con la vida personal ajena, con la cola ajena, hábito que se pretendía desaprender. Creí en alguien conservador. No sectario o reaccionario. Y no. Creí mal.
Queda entonces saber cuántos disfrutan la “performance de humor” a la hora de valorar a alguien que quiere ser elegido en las urnas. Y cuántos, me incluyo, no. Jamás elegiríamos a quien insulta así.
Post scriptum. Antes de escribir esto, pregunté a quien es mencionado de prepo en el vídeo si le molestaba que me refiriese a esas declaraciones. Porque corresponde y porque es un gran tipo y profesional.
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