El Ministerio de Educación de la Nación dio a conocer los resultados de las pruebas Aprender 2022 realizadas a los alumnos de escuelas secundarias. Los resultados no sorprenden, pero no por eso dejan de ser un nuevo llamado de atención: el 82,4% de los estudiantes argentinos se ubicaron en los niveles más bajos de desempeño en Matemática, dato que revela un retroceso de 11 puntos porcentuales con respecto a la edición anterior de la evaluación, tomada en 2019.
Los resultados son aún más críticos entre los alumnos de nivel socioeconómico bajo: el 93% no alcanza el nivel esperado en Matemática. La crisis educativa tampoco escapa entre los alumnos de mayores recursos, ya que los resultados son mejores, pero también preocupantes: el 60,2% queda en los niveles más bajos de aprendizaje.
Si bien es cierto que la pandemia aceleró la caída de los resultados de las evaluaciones, esto lo venimos presenciando desde antes. Las adversas condiciones socioeconómicas y culturales, sobre todo de los niños con más necesidades, también repercutieron negativamente en los aprendizajes en estos últimos años. Sin dejar de reconocer la multicausalidad que lleva a esta situación, es momento de dejar de buscar culpables (pandemia, la no presencialidad, crisis económica) para dar paso a las soluciones. La solución pasa por poder establecer en cada uno de estos niños con dificultades para aprender, qué problema cognitivo, comportamental, emocional o sensorial, no le está permitiendo adquirir conocimiento.
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Muchas veces se invierte en recursos que en el fondo no sirven, cuando la solución pasa por otro lugar. Esto concierne no solamente a organismos del estado, sino también a instituciones, médicos y padres. Para cambiar la realidad de la crisis educativa es imprescindible modificar el enfoque de las evaluaciones de forma tal que no solo detecten quienes son los niños que no aprenden, sino también que se evalúe por qué no aprenden.

Esto permitirá adoptar diferentes estrategias correctivas desde el propio ámbito educativo. La realidad es que, en la actualidad, en la medida en que los niños no aprenden, son expulsados del sistema educativo. Y así sobreviene el fracaso escolar. No trabajar con las dificultades de aprendizaje puede generar a largo y mediano plazo que el niño no tenga deseos de aprender y mucha frustración, obteniendo como resultado experiencias de fracaso y una baja autoestima.
Una vez más los resultados de las Pruebas Aprender nos dicen lo que ya sabemos, que cada vez hay más niños con dificultades de aprendizaje. ¿En qué momento dejaremos de mirar para el costado y nos pondremos a hacer lo que hay que hacer? Una cosa es decir que hacemos y otra es hacer de verdad. La solución existe, es además fácil de implementar y económica, es solo cuestión de dar el paso y cambiar la realidad.
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