
Una de las dimensiones más dramáticas de la crisis argentina recurrente es la ruptura trágica de los lazos sociales solidarios. La violencia cotidiana es causa y consecuencia de un largo y doloroso proceso social en el que los argentinos hemos dejado de reconocernos como hermanos en un proyecto común. Desde lo particular y más cercano hasta lo general y colectivo todo es miedo y desazón. El barrio ya no es la trama que nos contiene: es el territorio peligroso que debemos transitar a la espera de la violencia irracional. La construcción colectiva de cualquier lazo referido al bien común choca con la nula empatía de quien se dicen dirigentes.
Sin embargo, en la memoria colectiva y en las experiencias vitales acumuladas en nuestro pueblo suele residir la energía necesaria para el renacimiento de nuestra esperanza solidaria. En ese plano, la educación y el deporte argentino es un reservorio indudable de esa fuerza regeneradora. Tal vez haya llegado la hora de recurrir a ese manantial sin demagogias y sin eufemismos para que los argentinos seamos capaces de reconstruir la Cultura del Encuentro que nos enseña el Papa Francisco.

Leyes, decretos y reglamentaciones para impulsar la educación y el deporte en la Argentina no han faltado en los últimos veinte años. Dirigentes de todos los colores políticos, con mejores o peores intenciones, han apoyado esas iniciativas, seguros de la raigambre popular que involucraban esas decisiones. La experiencia nos muestra que esas disposiciones muy pocas veces lograron encarnarse en la realidad, seguramente porque la tentación de contentarse con un lugar en la prensa pudo más que el desafío social de liderar los cambios imprescindibles.
Por esto proponemos ahora la puesta en marcha de un Nuevo pacto educativo deportivo como viene solicitando el Papa Francisco al mundo, seguro de que la promoción de instituciones educativas y deportivas puede crear valores solidarios en los que residen las claves para la reconstrucción de la vida social de los argentinos, sin olvidar la faz espiritual.

El documento fue elaborado por el Movimiento Social del Deporte (MSD) y la Federación de Hogares de Cristo (FGHC) presidida por reconocido cura villero Padre Pepe Di Paola, con el aval de distintas organizaciones de la comunidad nacional donde reafirman un nuevo compromiso con la educación y el deporte argentino. Al entregarle al Ministro de Educación de la Nación, Jaime Perzcyk, el documento con más de tres mil firmas de todo el país, en el que se refieren a las principales leyes del deporte -Ley Nacional de Deporte, la de Clubes de Barrio y Pueblo, la de Asignación Universal por Hijo en el Deporte, la del Derecho a la formación deportiva y la del ENARD, entre otras-, le solicitaron que convoque a todas las instituciones que integran el sector educativo y deportivo, para comenzar a debatir entre toda la Comunidad la educación que queremos los argentinos para el futuro, en la convicción de que “nadie se salva solo”.
Al firmar esta “Carta Abierta a la Comunidad Argentina”, el Padre Pepe expresó: “Hay que superar esta mirada ‘platónica’, de extrañamiento y distanciamiento peligroso entre poder y pueblo, y construir basados en los conceptos permanentes y naturalizados de nuestra identidad, desde nuestros mejores tiempos: con la Cultura del Encuentro como método de vida y volver a construir una Comunidad Organizada como destino. Las tres C (colegio, club y capilla) son una herramienta indispensable”.

El Movimiento Social del Deporte ha venido sosteniendo esta lucha desde hace décadas y en ese camino hemos encontrado en cada rincón de nuestra Patria argentinos y argentinas que saben por experiencia propia que el Deporte es la mejor Escuela de Vida y que todos los días regalan su mejor esfuerzo personal y colectivo para avanzar paso a paso en este camino.
La gran riqueza del deporte argentino es aquello que puede ser su mejor aporte en la crisis recurrente de nuestra Patria: la práctica masiva y organizada del deporte a través de decenas de miles de clubes de base es la única garantía real de que será posible empezar a reconstruir la escuela de valores solidarios que nuestra sociedad necesita para no morir asfixiada por la droga, la violencia y el “sálvese quien pueda”.

Sería una necedad negar que una de las tensiones contemporáneas que condicionan al deporte en el nivel global y en el nivel local es la dimensión del gran negocio del espectáculo. La obligación de un Estado que pretende reconstruirse a partir de la recomposición de los lazos de la sociedad que debe conducir –como es el caso argentino— es no someter sus políticas deportivas a esa lógica de los negocios globales. Por el contrario, el desafío central en ese plano consiste en alentar y propiciar con medidas efectivas el nacimiento y el desarrollo de clubes en cada barrio y en cada pueblo para que, sin competir con la danza de los miles de millones de dólares, sean el agente generador de los lazos de solidaridad que los argentinos necesitamos cada día para seguir viviendo. Por eso mismo, ese “Nuevo pacto educativo-deportivo” que presentamos a la sociedad está abierto a las adhesiones de cada argentino, pero sobre todas las cosas está orientado a conseguir el compromiso de los que se ofrecen para conducir nuestra Patria en esta tercera década del Siglo XXI.

[El autor fue Subsecretario de Deportes de la Nación y es referente del Movimiento Social del Deporte]
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