El secreto del desarrollo pasa por la geopolítica

Las condiciones internacionales actuales son favorables para el despegue de Argentina, pero todo depende de una dirigencia honesta y capaz, que logre unir al pueblo detrás de un proyecto coherente y nacional

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Reunión del G7
Reunión del G7

La geopolítica suele tener un impacto significativo en el desarrollo de un país, ya que las relaciones internacionales, las alianzas y los conflictos pueden impactar sobre la economía, la seguridad y la estabilidad política de una nación, influyendo sobre su capacidad para acceder a mercados internacionales, o bien para determinar políticas de mayor industrialización o agregado de valor interno. La política de relaciones internacionales nunca debería basarse en amistades ideológicas, sino en un análisis geopolítico realista, serio y preciso. Esto abarca ciertas recomendaciones de “expertos” económicos, casi siempre cargada de preconceptos y de fundamentos ideológicos. Conviene desconfiar de aquellos que siempre presentan un mismo libreto, independiente de las etapas con que el mundo se fue modificando; algunos siguen creyendo en la globalización financiera, detenida en 2009, y otros creen que el socialismo de la URSS y su estatismo eran una panacea universal. La realidad es hoy mucho más compleja y el problema para el análisis es que todos ellos se han mimetizado y usan palabras más suaves, aunque siguen pensando según sus rígidos planteos ideológicos.

Los sucesivos gobiernos que continuaron con las teorías del ideólogo del desastre económico nacional, “Joe” Martínez de Hoz (1976 en adelante), siempre prometieron al pueblo argentino un pronto arribo al primer mundo. Sobrevaluaron brutalmente la moneda, nos des-industrializaron, nos hicieron creer que un peso valía un dólar, nos endeudaron externamente, vendieron los activos más estratégicos del Estado, jugaron a la timba financiera, permitieron los depósitos bancarios en dólares, aun sabiendo que nuestro BCRA no puede emitir dólares para respaldarlos. Las consecuencias de estos errores mayúsculos estallaron en el 2001. El grosero endeudamiento externo del 2016 destinado a resolver problemas de gastos corrientes y escabullir las divisas, estalló rápidamente en el 2018. Otros nos vienen explicando que se puede emitir pesos indefinidamente sin provocar inflación, pero hoy no saben cómo explicar el desastre económico que han armado; además siguen sobrevaluando nuestra moneda, y nos endeudan en pesos, pero indexados a la inflación o al valor de dólar comercial, con lo cual estimulan la usura, que termina favoreciendo a la des-industrialización, y a la importación barata de China. En todos los casos, unos y otros, con distintos “relatos” han validado una enorme transferencia de recursos de los sectores populares (pobres y clase media) hacia los sectores más concentrados de la economía, principalmente el sector financiero y el político. El resultado salta a la vista: mayor pobreza generalizada.

Así como la oligarquía política ha fracasado, también lo ha hecho ese establishment económico. La permanente crisis económica que nos aqueja, produjo un deterioro nunca visto en nuestro país en materia de seguridad, de educación y de salud, todo ello acompañado por un descenso brutal en la calidad de vida de los argentinos. Es vital reemplazar a los economistas del estahlishmenł que durante largos años nos prometieron el desarrollo nacional y en realidad, nos trajeron atraso y miseria. El pueblo argentino se siente defraudado y estafado tanto por su dirigencia política, como por la dirigencia económica, que no estuvo a la altura de las circunstancias, por carecer ambos, de una visión geopolítica realista que nos hubiese permitido visualizar mejor la evolución del mundo y sin tantas rigideces ideológicas, haber podido mantener al menos los logros alguna vez alcanzados.

Para que un país progrese se requiere disponer de una fuerte identidad y voluntad de ser, en orden a aprovechar las circunstancias geopolíticas favorables. Es lo que han hecho las potencias para desarrollarse a lo largo de su historia. Como es sabido el poder de las naciones se basa en su poder económico (recursos naturales, buena administración, moneda sana), su poder militar (generalmente de defensa y seguridad) y su poder de conocimiento (identidad nacional, valores, cultura, educación, creatividad tecnológica). En lo económico tener una moneda sana propia permite contar con tasas de interés bajas para combatir la usura, estimular la inversión, aumentar la productividad, facilitar el empleo nacional; promover un tipo de cambio alto para facilitar el desarrollo de las exportaciones de bienes transables internacionalmente (alimentos, industria manufacturera) y la sustitución eficiente de las importaciones. Si a esto le sumamos un alto nivel en el juego geopolítico global, sería posible aprovechar las oportunidades que permitan acrecentar el poder nacional. Se puede constatar fácilmente que el rápido progreso de las naciones ha ocurrido cuando supieron aprovechar situaciones geopolíticas favorables, ya sea por haber conseguido ventajas sustanciales en algunos de los tres poderes descritos, por debilidad de otras naciones o por vacío del poder global. Veamos algunos ejemplos.

Gran Bretaña: realiza la primera Revolución Industrial, basada en las máquinas a vapor, disponiendo de un poder marítimo, que le garantizaba una logística global, y aprovechando la debilidad de su competidor habitual, Francia, que había quedado muy empobrecida por las guerras napoleónicas. Si bien GB disponía grandes reservas de carbón, no tenía hierro, mientras los estados alemanes, que tenía ambos recursos, estaba en una situación de desunión crónica, por lo que no estaban en condiciones de competirles. GB ya estaba consolidada como estado nación y bastante industrializada, por agregado de valor a lo extraído de sus colonias. Mientras mantenía una fuerte protección de su mercado interno, se dedicaba a exportar sus propias manufacturas. Así como las carabelas ibéricas hicieron la primera globalización, los barcos a vapor hicieron la segunda, mientras los FFCC a vapor ingleses penetraban hacia el interior de las ciudades puertos, llevando los productos industriales ingleses y sacando las materias prima que necesitaban. No muy diferente de lo que hoy practica China en todo el mundo. La introducción de la teoría económica del “libre comercio” fue impulsada por GB, tanto para facilitar dichas exportaciones como para desalentar y atrasar el desarrollo industrial de otras naciones. Cuando no funcionaba la “explicación” enviaban algunos barcos y cañones. Lo aprendimos allá por el año 1806/07. China hoy aplica métodos bastante más sutiles, como ofrecer un generoso financiamiento.

Estados Unidos: Hacia 1700 era la periferia de Europa, pero al independizarse en 1783 comienza a crear su modelo industrial; fue un largo proceso debido al fuerte debate interno, que quedó resuelto mediante una guerra civil (1861-65) donde finalmente se impone el modelo de país industrial. GB combatió tenazmente el desarrollo industrial norteamericano, especialmente el textil y la siderurgia. Mientras EEUU debatía internamente para definir su destino de gran potencia, no intervenía en las grandes ligas de la geopolítica mundial, que quedaba en manos de las potencias europeas y los imperios otomano y ruso. Sin embargo, EEUU aprovechó ese tiempo para expandirse hacia el Oeste, conformando un estado continente o potencia marítima con salida a dos océanos y también hacia el Sur (con México debilitado internamente por luchas internas) que le permitió expandir mercados para su propia industria y disponer de más recursos propios (petróleo en Texas y otros) además de incrementar su superficie, igualando a toda Europa. La frontera norte quedó neutralizada por la permanencia de tropas inglesas, que le habían quitado las colonias a Francia en el siglo XVII (hoy Canadá). A partir de la I GM, EEUU desplaza a GB de la primacía del poder mundial.

Alemania: después de Paz de Westfalia (1648) los diversos “länder” alemanes, rurales, divididos y atrasados, quedaron como otra periferia más del poder europeo. A partir del bloqueo napoleónico a la entrada de productos elaborados ingleses a toda Europa, comenzó el crecimiento económico de ciertas manufacturas alemanas. Caído Napoleón, GB volvió a ocupar el mercado alemán y a desplazar a la industria local. Pero hacia 1834 varios estados alemanes crean el “Zollverein” (unión aduanera), desprendiéndose de su colonialismo mental, favoreciendo la industrialización, que permitió crear las condiciones para la Unificación Alemana (1871), impulsando además el desarrollo tecnológico, creando una multitud de científicos y tecnólogos; en 1863 el grupo Krupp inaugura el primer horno de acero y hacia 1865 ya Alemania es el segundo productor de acero; con impulso estatal se producen locomotoras, máquinas agrícolas y otras.

Después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU quiso desindustrializar a Alemania, pero la Guerra Fría con la URSS trastrocó esos planes (Plan Marshall).

Japón: la lucha entre los señores feudales aperturistas y aislacionistas ocupó una parte importante de los siglos XVII y XVIII. Ya en el siglo XIX, Japón conocía que la caída de China se produjo por la Guerra del Opio realizada por GB y por las divisiones internas. Finalmente ganó la fracción aislacionista, cerrando su espacio a la invasión extranjera, pero a costa de un atraso económico y tecnológico. Llegado el emperador Meiji, (1868-1912) ordenó modernizar el país y envió a sus mejores hombres a todos los países industrializados para conocer los avances organizativos y tecnológicos más modernos. Logró una rápida industrialización que hasta le permitió imponerse al Imperio Ruso (1904), para luego invadir parte de Corea y China (Manchuria) y extender su red comercial a toda Asia.

Al igual que Alemania, después de Segunda Guerra Mundial, EEUU quiso desindustrializar a Japón, pero la Guerra Fría y la consolidación de Mao Zedong en China, trastrocaron esos planes (Plan Mac Arthur).

China: A mitad del siglo XX era un país principalmente agrario aunque con varias fábricas de desarrollo básico (siderurgia, cemento, petroquímica), pero carente de petróleo y gas. En 1948 el liderazgo de Mao Zedong logró unificar políticamente a China. Con la llegada de Deng Xiaoping en 1978, comienza otra etapa, iniciando la estrategia de transformar a China en una potencia global. China aprovechó claramente una falla geopolítica, la globalización financiera, cuyos ideólogos descuidaron la base industrial de la potencia hegemónica (EEUU), para dar un salto cualitativo a la incorporación tecnológica y con mano de obra barata, constituirse en la “fábrica industrial del mundo”, replicando así a la GB del siglo XIX. Lo que siguió es bien conocido.

Podríamos seguir analizando varios casos más (Rusia, Corea del Sur, Israel, India) en los cuales los factores geopolíticos fueron trascendentes para su despegue, independientemente del hecho que su fortaleza interna estaba dada por su identidad nacional y el de haber podido superar las principales divisiones internas que lo aquejaban. Cuantas más divisiones haya, o cuanto más se fragmente una sociedad, sea política, económica o socialmente, más se aleja la posibilidad del desarrollo económico y humano.

En estas épocas nadie puede pensar en aislacionismos extremos ni autarquías utópicas, pero sí hay que tener en claro que las aperturas no guiadas por un proyecto nacional, han demostrado su ineficacia. Las inversiones deben tener garantías y reglas claras para los inversores, pero a condición que se apliquen a tres objetivos claros: exportar más, agregar valor dentro de nuestras fronteras y crear empleo genuino. No deberían haber “libertinaje” de inversiones para la bicicleta financiera o para un “extractivismo” a precio vil. Las condiciones geopolíticas actuales son favorables para nuestro despegue, pero todo depende de una dirigencia honesta y capaz, que sea capaz de unir al pueblo detrás de un proyecto coherente y nacional.

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