
Les confieso que muchas veces cuando hablo o escribo sobre el cambio climático escucho voces que, sin interés propio espurio en el asunto, intentan desanimarme. Que a la gente no le interesa el cambio climático (como si esto fuera una moda, y hubiera la posibilidad de elegir entre comprar una blusa o aguantar con las que tengo) que “no mide” en TV, que es complejo, que no lo entienden, que las urgencias son otras.
Pero a decir verdad sabemos que nada importante en la historia de la humanidad que la haya llevado al progreso creciente de disfrutar de la libertad frente a la esclavitud, la democracia frente a las autocracias, la justicia social frente a la desigualdad económica fue el fruto de la apatía, la superficialidad o la pereza.
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Al contrario, sabemos que han demandado la lucha de todas las generaciones que nos precedieron, de la nuestra y de que la presente asuma los desafíos que enfrenta para hacer un mundo mejor.
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Nuestro país, como otros, corre el riesgo de que el discurso del odio lleve a la presidencia a quien ha explotado hasta el paroxismo la brutalidad en las expresiones para descalificar al otro. Por ello, nos sentimos llamados a redoblar los esfuerzos por contar, por explicar. Buscamos convencer a nuestros compatriotas. Nosotros, los progresistas, los que aceptamos la evidencia científica y sabemos que la humanidad depende, para su continuidad en el planeta, de dar un salto de conciencia. Desde los derechos humanos hasta el entendimiento de que todo lo creado junto con nosotros lo ha sido por una fuerza que cada religión o expresión espiritual nombra de manera diferente, pero tiene un solo significado: lo que llamamos naturaleza. El planeta está hecho de la misma materia que nosotros y ha sido ese Gran Otro el responsable de toda la existencia.
Es la conjugación del verbo “respetar” la que hará la diferencia entre quienes alimentan la brutalidad y quienes queremos vivir en libertad, democracia, paz, igualdad y justicia. Respeto por sí mismo, respeto por el otro, incluida la naturaleza, el planeta, la tierra.
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Estoy convencida ¡necesitamos redoblar los esfuerzos! Por que la política de trincheras practicada desde el poder desde el inicio del siglo XXI ha socavado la Fe de millones de compatriotas en la democracia y en el ejercicio de la libertad. Por eso puede “el libertario” caminar y hablar en su nombre desde la perversión de desconocer que Democracia y Libertad es Responsabilidad y Respeto.
También estoy segura de que la política sólo sirve cuando es una herramienta para alimentar la utopía que nos hace recorrer el camino humano hacia la divinidad.
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Hoy esa utopía de progreso creciente es el respeto de los límites de un planeta que nos da vida y alberga y que nadie debe creerse con derecho para abusarlo. Por el contrario los abusos que como humanidad nos hemos permitido nos están llevando al colapso de múltiples formas de vida, a socavar la aptitud de los suelos para asegurarnos la soberanía alimentaria, a poner en riesgo nuestra propia continuidad como especie. Y entendamos algo también: hay una casta política de ultraderecha que impulsa el negacionismo climático, es la misma que integra la elite mundial de mayor concentración de poder económico en la historia, los que se han servido del capitalismo vertical de la explotación de los combustibles fósiles y que detentan el control y la propiedad de medios de comunicación para controlar el poder político.
Han construido un relato del miedo y del resentimiento que envenena el corazón y las mentes cegándolas al juicio crítico y a la búsqueda de la verdad.
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Usan la mentira y el fanatismo para negar la evidencia científica y los hechos.
Denigran el debate político a mero slogan y espectáculo cursi montándose en que muchos han perdido la paciencia que exige el cambio en democracia. Por eso, más que nunca, debemos redoblar nuestros esfuerzos porque tenemos la oportunidad como país y como sociedad de hacer una cambio definitivo hacia creer en nosotros mismos, en que somos capaces de construir una buena vida, de crear un trabajo para cada uno que le de la dignidad de ganarse su pan, de educar a todos sin distinciones en el respeto a nuestros niños y en respetarlos integralmente en sus derechos, en aprovechar la oportunidad que nos brinda el cambio a las energías limpias y renovables, de tener un modelo por fin de desarrollo que sea ambiental, social y económicamente sustentable.
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Tenemos todo para hacerlo realidad, y sé que hay una tentación al cinismo pero hay muchas más para no caer más profundo, para levantarnos y sentirnos orgullosos de haber dado vuelta la historia, de haber vencido al odio que se ha enseñado entre nosotros. Sigamos luchando. Seamos los abuelos que plantamos los árboles para que nuestros nietos disfruten de su sombra.
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