La Inteligencia Artificial y la libertad humana

¿Serán las IA quienes regulen a su antojo las libertades personales de los humanos o será el reducido grupo de individuos que las controlen, quienes lo hagan?

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Inteligencia artificial
Inteligencia artificial

Todas las advertencias, que se han multiplicado exponencialmente en los últimos meses, acerca del el uso de la Inteligencia Artificial (I.A) omiten, sin embargo, la capacidad -que estas I.A - poseen de hecho para “formar” y, en consecuencia, “manejar” el modo de pensar de los seres humanos.

Puede parecer una exageración. Puede que no sea la “intención” de sus creadores pero, sin embargo, es concreto que el modo de relacionarnos como personas con los bot de I.A lleva, ineluctablemente, a pensar en esa capacidad de manipulación y formación del pensamiento humano – al establecer los contenidos -, que poseen y poseerán de modo creciente, las I.A.

Parafraseando al afamado científico Stephen Hawking, si algo está disponible, en materia de interés y avance científico, no hay leyes que detengan ese avance de la investigación.

Ni leyes escritas, ni leyes éticas. Hawking, apunta con acierto que “alguien”, siempre, estará inevitablemente tentado por avanzar en el desarrollo de cualquier investigación científica posible. Y resultará igualmente inevitablemente, que ese alguien, caiga en la tentación de seguir adelante, hasta alcanzar un logro. Aunque el desarrollo científico en cuestión se prohíba, o catalogue de antiético.

Así se mueve la humanidad en materia de avances científicos y así lo seguirá haciendo.

En consecuencia, siguiendo el pensamiento del científico inglés, los desarrollos posibles – en el caso que nos ocupa, la capacidad de modificar las formas y criterios de pensamiento humanos, según el contenido que se le brinde a través de los bot de I.A-, tenderán a incrementarse aunque sus consecuencias sean dañinas, e incluso nefastas.

Demás está decir que, si se modifican criterios y conceptos, lo que se modificará, -según el arbitrio de quienes “entrenen” (den contenido) a las I.A - serán las conductas humanas, y lo harán de modo creciente.

Lo antes expuesto resulta mucho más inquietante para la libertad de las personas que la posibilidad de que, como se viene diciendo en los últimos tiempos, la I.A superé, en todos los aspectos, a la inteligencia humana. Este último tópico está en discusión respecto de su posibilidad real de materializarse pero, evidentemente, la capacidad de formar pensamientos y criterios - y en consecuencia conductas -, parece ser un hecho ya alcanzado. Sin dudas, algo inquietante.

Cuando el hombre comenzó a usar calculadoras (primero simplemente mecánicas y luego digitales), abandonó el cálculo mental y el procedimiento matemático básico de sumar, multiplicar, restar y dividir mentalmente.

De hecho, es bien probable que la mayoría de las personas, hoy en día, tengan que “sentarse” a pensar largo rato, si se las pone frente a una simple división con decimales. Tan desacostumbrados estamos a realizar estos procedimientos.

Más fácil aún resulta que, muchos jóvenes de escolarización medianamente reciente, ni siquiera recuerden cómo se realiza ese procedimiento. Simplemente porque se les ha enseñado muy superficialmente cómo realizarlo. Y, se les ha enseñado superficialmente porque los docentes están plenamente convencidos que, en su vida futura, esos niños y jóvenes no realizarán jamás esas operaciones, de modo manual o mental. De hecho, tienen razón.

Todos los seres humanos usan hoy, para cualquier cálculo, incluso los más elementales, una “calculadora digital” o sus desarrollos posteriores que simplifican al extremo los cálculos más complejos. Las computadoras, el Excel y otras aplicaciones más sofisticadas, resuelven de modo instantáneo cualquier ecuación o cálculo complejo, sin otra intervención humana que digitar los números que componen el problema a resolver. Esto es “decirle” - incluso de modo simplemente verbal, sin siquiera escribir -, a un ordenador programado qué cálculo se quiere resolver. En milisegundos se obtiene una respuesta inmediata y, fundamentalmente exacta. De exactitud inapelable.

La I.A, tiende a operar del mismo modo. Ante cualquier pregunta que le realicemos tendrá una respuesta instantánea. Sea que le preguntemos sobre el clima o sobre el pensamiento de un autor, la interpretación de un hecho histórico o el futuro del mundo ante el cambio climático.

Sin embargo, la respuesta será, necesariamente sesgada, concordará con el pensamiento de aquellos que programaron esa I.A

Sin referencia a ninguna fuente, la. I.A nos proporciona una respuesta inmediata. Incluso, en los casos de las aplicaciones de I.A que “citan fuentes” (e.g Perplexity A.I), las fuentes son seleccionadas por el mismo algoritmo para que coincidan con la respuesta proporcionada.

Ni mencionar los casos de groseros errores en que los Chat GPT caen cuando, por ejemplo, marcan la inexistencia de libros famosos efectivamente publicados por autores reconocidos, o nos listan obras de un autor que éste no escribió, o nos “resumen” su pensamiento de un modo muchas veces opuesto al verdadero decir y pensar del autor requerido.

Simples experimentos “caseros” nos demuestran que los bot de I.A operan de ese modo. Es fácil, para quien conoce acerca del tema inquirido al bot, darse cuenta en las ocasiones en que le miente, tergiversa e incluso interpreta a un autor de modo perfectamente opuesto a sus verdaderas expresiones.

Incluso, es posible que se le pida al bot de I.A que efectúe el resumen de un artículo, se le copie y pegue en la pregunta el texto completo del artículo y que, si este artículo no condice con las pautas (siempre “políticamente correctas”) con que ha sido programado el bot, este último termine proveyendo un “resumen” que diga exactamente lo contrario que se sostiene en el artículo.

El tema es muy extenso y debe ser debatido largamente. Hay muchos eximentes para estas respuestas incorrectas o aparentemente malintencionadas.

Sin embargo, si se sigue la lógica humana de la ley del menor esfuerzo (una ley económica, de las pocas que son irrefutables), podría llegar el día en que ya no se enseñe, como ha sucedido con la el cálculo matemático – por lo menos a la mayoría de la población – nada más que superficialmente, historia, geografía, lógica, gramática y, por cierto, tampoco ética.

Ese día, las máquinas (sin necesidad de superar de modo efectivo el pensamiento humano), valiéndose de las debilidades humanas, nos darán todas las respuestas a todos los interrogantes, igual que el Excel, nos proporciona una respuesta numérica que no cuestionamos, que descontamos exacta.

Ese día se habrá suprimido el pensamiento crítico de las personas y, como dijimos, se regulará su conducta dictándoles a los seres humanos, el modo de sentir, de actuar y de pensar. Ese día se habrá suprimido la libertad de las personas.

Pero ¿serán las I.A quienes regulen a su antojo las libertades personales o será el reducido grupo de individuos que las controlen, quienes lo hagan?

La lógica, que aún manejamos, indica que será ese pequeño grupo de personas que controlen a las I.A (las “entrenen” y programen), quienes lo hagan. El resto de los seres humanos correrá el riesgo cierto de perder su libertad y, la manipulación y el control de las conductas, habrá alcanzado su punto más alto en la historia de la humanidad, un punto extremo.

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