
El desarrollo y la modernización de la industria para la defensa como la producción del material para las fuerzas federales y provinciales de seguridad pueden ser componentes multiplicadores de la actividad económica y estratégica de Argentina. El comercio global de armamentos y cuestiones afines así lo demuestra en un mercado que se sigue expandiendo en todos los continentes. En el 2022 se superaron los 2 billones de dólares. Las características de los complejos industriales para la defensa y la seguridad en el mundo suelen estimular el conjunto de la industria para fines civiles, incentiva áreas de ciencia y tecnología y promueve la creación de empleo altamente calificado.
De acuerdo con el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Suecia (SIPRI) la venta de material militar, bienes y servicios de las 100 empresas más importantes del mundo tuvieron un aumento del 1,9% respecto al 2021. Las exportaciones de empresas de defensa y seguridad de países intermedios también registraron la misma tendencia como es el caso de Brasil, España o Israel, entre otros. Estos incrementos reflejan el octavo año consecutivo de aumentos en el comercio mundial de material militar y de seguridad.
En ese panorama, Argentina que cuenta con una base industrial y de innovación tecnología, pública y privada, de particular importancia técnica, debería crear condiciones renovadas para reactivar su industria de defensa, recuperar autonomía de acción, fortalecer necesidades de suministro e insertarse como proveedor en el mercado global. Más de un centenar de empresas nacionales, pequeñas y medianas, cuentan con capacidades, productos y servicios competitivos que permitiría aumentar el autoabastecimiento, reducir costos, desarrollar nuevos proveedores locales de capital privado y, entre otros propósitos, generar ingresos por la exportación de productos, piezas, componentes, insumos y sistemas para la defensa y la seguridad.
La Argentina debería seguir el ejemplo de Brasil que se ha constituido en el principal exportador de material de defensa y de seguridad de América Latina. Es el único país en la región que figura entre los 25 mayores exportadores a nivel mundial con una cuota del mercado del 0.3% y que representa ventas que superan aproximadamente los 500 millones de dólares anuales. Es evidente que la Argentina, con un complejo industrial y tecnológico de particular amplitud y calidad, debería aprovechar mejor las ventajas de la cooperación internacional para potenciar un complejo industrial estratégico con los consecuentes beneficios de divisas para su economía.
El Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF) es un instrumento que puede contribuir a que las empresas argentinas de producción para la defensa, púbicas y privadas, recuperen el prestigio adquirido en el siglo XX y adquieran una nueva dimensión para satisfacer los requerimientos operativos de las fuerzas armadas y de seguridad propias como la de terceros países. También resultaría útil la adopción de legislación que consolide la investigación, desarrollo, innovación y producción para la defensa y las fuerzas de seguridad. La reciente constitución de la Cámara Argentina de empresas para la Defensa y la Seguridad (CADyS) tiene el propósito de asistir a fortalecer al sector público y privado en la promoción, protección, fortalecimiento y desarrollo de una base industrial, científica y tecnológica para la producción de material, bienes, recursos y servicios incluyendo actividades civiles como la caza y el tiro deportivo.
Es hora que Argentina adopte las decisiones estratégicas para enfrentar los complejos desafíos a la seguridad internacional de las próximas décadas. El aumento del crimen organizado y el narcotráfico es otra cuestión a tener en cuenta. El reto es crear las condiciones para la inversión pública y privada en una industria que es altamente competitiva y que requiere cada vez más de la cooperación internacional. El propósito de reactivar y potenciar de manera geométrica la industria de defensa y seguridad nacional debería ponerse en marcha sin demora.
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