
Al reflexionar sobre nuestro futuro, me parece imprescindible ponerse de acuerdo para pensar a mediano y largo plazo. El año que viene hay elecciones y, más allá de la competencia electoral, nos gustaría ver acuerdos comunes que atraviesen los gobiernos, a pesar de las diferencias partidarias. Políticas de Estado que nos ayuden a desarrollarnos con sostenibilidad social, económica y ambiental.
El pasado 16 de noviembre realizamos la 19 edición del Foro Metropolitano, un espacio de debate que reúne a distintos sectores comprometidos en la formulación y ejecución de programas y proyectos que nos ayuden a construir estos consensos necesarios para sostener políticas de largo plazo.
La premisa del Foro fue “Construyendo Desarrollo Sostenible para la Argentina”. Allí se trabajaron temas interrelacionados entre sí: Transporte, Ambiente y Transición Energética. Además de una apertura donde nos preguntamos: ¿Dónde estamos en materia de Desarrollo Sostenible? Y una clausura donde analizamos el rol del territorio y la construcción de Ciudades Sostenibles para un Desarrollo Federal.
El concepto Desarrollo Sostenible, asociado a los objetivos planteados por la ONU para el 2030, se puede abordar desde 3 dimensiones. Lo social representa la comprensión y contención de los y las habitantes en el acceso y goce de sus derechos básicos. La integración social implica, no sólo el desarrollo económico sino su redistribución entre los sectores sociales más desfavorecidos, en pos de alcanzar progresivamente, una situación de igualdad de oportunidades y de posibilidades. Lo ambiental, por su parte, se refleja en la protección del ambiente y los recursos naturales de tal manera de garantizar (no comprometer) la existencia de las generaciones futuras.
En la Fundación Metropolitana, hace más de 20 años que venimos generando diagnósticos, impulsando propuestas y articulando proyectos junto a entidades de todos los sectores, con la voluntad y el deseo de ser útiles a toda la comunidad.
Obviamente, las y los dirigentes políticos tienen su cuota de responsabilidad para llevar a cabo consensos básicos que se sostengan más allá de quien gobierne, pero también tenemos un compromiso los actores del tercer sector, del ámbito privado y de la academia. Señalo esta situación, no solo por la importancia de la planificación entre distintos sectores, con saberes e intereses diversos involucrados en las problemáticas de nuestro país, sino también por el desprestigio que sufre hoy nuestra dirigencia política.
Lejos de los ámbitos decisionales, se escuchan frases como “son todos iguales”, “a nadie le importa la gente”, y otro tipo de percepciones que evalúan negativamente el desempeño de nuestra dirigencia política. Considero que estas ideas de la “anti política” llevan implícito cierto vaciamiento del Estado que puede ser peligroso para quienes más lo necesitan. El Estado debe ser más eficiente, de acuerdo, pero el desprestigio de la política puede ser peligroso por tres razones:
Primero, porque la política y la democracia son herramientas inescindibles de transformación que debemos cuidar.
Segundo, porque la dirigencia política empieza a ser un chivo expiatorio de nuestras frustraciones como sociedad y esto desincentiva a los dirigentes que quieren realmente cambiar las cosas. ¿Quién va a querer ocupar los cargos si la percepción común es esa?
Tercero y, por último, las personas que ocupan los cargos, a pesar de tener su cuota de responsabilidad como ya señalé, no nacieron en otro planeta, son producto de nuestra sociedad. En todo caso, debemos acercarnos a la política para transformarla.
Desde la Fundación Metropolitana los invitamos a participar y comprometerse con los desafíos a los cuáles nos enfrentamos como país.
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