
Si vos manejaras un auto y tuvieras que sobrepasar a otro, acelerarías para realizar la maniobra y luego volver a la velocidad normal. Pero si llevaras el auto acelerado todo el tiempo, inevitablemente fundirías el motor. Esto es análogo a lo que le sucede al cerebro: el estrés en su justa medida es bueno porque nos impulsa a avanzar para lograr los objetivos.
Sin embargo, el estrés crónico tiene efectos negativos en el organismo y en el cerebro, en particular.
El estrés es la manifestación del cuerpo frente a las preocupaciones y las exigencias que producen ciertas demandas. Venimos de un año muy complicado. El cuerpo necesita parar y la mente necesita descansar. Sin embargo, se vienen semanas de mucha demanda física, mental y emocional. Muchos tratan de meter en estas últimas semanas del año cuestiones pendientes, proyectos inconclusos, cafecitos con amigos, reuniones de fin de año, compras, y todo lo que se pueda antes de que cierre el año. Para otros, diciembre es un mes cargado de emociones fuertes o inclusive angustia, pensando en las fiestas, la familia, y sus bemoles, otros hacen un balance de lo acontecido con emociones encontradas. En fin… diciembre es diciembre, y para muchos, diciembre es sinónimo de estrés.
Algunos consejos para pasar diciembre sin morir en el intento:
1) No descuides tu autocuidado. Muchos piensan que el autocuidado es una pérdida de tiempo, que no tenemos tiempo para pavadas, que es caro, o que no podemos parar. Sin embargo, el autocuidado no es un baño de inmersión cada tanto, o ir a un spa, sino ponernos en prioridad siempre. Son esos hábitos y rutinas que implementamos porque nos centramos en nosotros y nos consideramos importantes y valiosos. El autocuidado es esencial para una vida personal y profesional más satisfactoria y, especialmente después de años muy duros, las vacaciones pueden ser un buen punto de partida para implementar hábitos saludables que nos conecten más con nosotros mismos.
2) Aprender a decir “no”. Sin duda alguna, para algunas personas decir “no” es una tarea complicada. Cada vez que necesitamos decir “no” y no lo hacemos, estamos yendo en contra nuestra propia constitución. Eso nos genera un malestar interno y, tal vez, hasta problemas con nuestras parejas o círculo íntimo, “¿por qué le dijiste que sí, si habíamos quedado en salir juntos hoy?”.
Aprender a decir “no” puede ser difícil al principio, pero con práctica y sin sentirnos culpables, vamos a poder mejorar hasta que seamos capaces de vivir nuestra realidad en función de lo que necesitemos o queramos. Date permiso para decir “no” cuando sea apropiado. Para poner límites, hay que estar convencido, no enojado.
3) Dormir más y mejor. Dormir bien y pensar bien parecieran ir de la mano. Dormir bien ayuda a que podamos rendir mejor y a que podamos manejar mejor el estrés. ¡Nuestro cerebro nunca está más activo que cuando dormimos! Dormir es como limpiar y ordenar la casa, por lo que dormir bien no es solo un lindo consejo, ¡es un buen consejo!
4) Hablar. Hablar tiene un efecto sedante sobre el sistema nervioso. Quien puede hablar sobre sus emociones, puede manejar mejor sus emociones. Por eso, cuando el estrés te empieza a acorralar, es importante hablar, ya sea con una pareja, un amigo, o un profesional de la salud.
5) Cuidar la agenda. Si nuestra agenda diaria está recargada de actividades o compromisos, naturalmente vamos a agotarnos física y mentalmente. Elaborar listas de cosas para hacer nos permite invertir tiempo en las cosas que debemos realizar, pero tener un rato para nosotros mismos, también.
Hacé tiempo para vos en tu agenda. Aunque sean diez minutos para agendar una clase de yoga, para llamar a un amigo y agendar un café, o para salir a caminar. Si lo agendás, es más probable que lo hagas, que si solo lo tenés en la mente.
6) ¡Reírse! El estrés crónico, además de debilitar el sistema inmunológico, aumenta la presión arterial, genera contracciones musculares, produce trastornos gastrointestinales y acrecienta los problemas cardíacos. La risa produce los efectos contrarios, fortalece el sistema inmunológico, relaja la musculatura y mejora la circulación sanguínea en las arterias coronarias, dilata los vasos sanguíneos para ayudar a reducir la presión arterial y fortalece el corazón. La risa restablece el equilibrio entre el sistema simpático y parasimpático, e inclina la balanza hacia el sistema parasimpático, el encargado de mantener un estado corporal de descanso o relajación.
7) Ejercicio. No salir a caminar cuando uno está estresado es como seguir andando en el auto con la goma pinchada. El ejercicio es lo primero que recorta alguien que no tiene tiempo, y en realidad, debería ser lo último que recortemos. El ejercicio físico aumenta la capacidad del cuerpo de responder al estrés. Cuanto más sedentarios somos, menos herramientas le damos a nuestro cuerpo para responder al estrés.
8) Buscar hacer algo nuevo. Salir de la rutina es muy importante. Cuando hacemos algo nuevo, conocemos personas nuevas, renovamos las amistades y los temas de conversación. Los hobbies generan un estímulo mental positivo al tiempo que enriquecen nuestra vida y nos ayudan a aliviar el estrés.
9) Rodearnos de gente positiva. Si cada vez que tenemos una idea alguien nos dice “¿te parece?”, “¿en esta época?”, “¿en serio? ¿No te da miedo?”, “¿para qué?”, o frases por el estilo, no vamos a poder llevar a cabo proyectos, organizar vacaciones, o ideas que nos interesen. La gente tóxica no nos ayuda a avanzar en la vida. Por el contrario, nos atrasa, no deja que crezcamos. Hacete un favor y fíjate a quién tienes alrededor, y asegúrate de que sea gente positiva, que te alegre el corazón, que te impulse, que te eleve, que te haga crecer y que te quiera bien.
10) Si podés, salí de vacaciones, aunque sea unos días. Además de divertidas, o interesantes, las vacaciones son necesarias para:
a) Romper con el circuito de estrés.
b) Tomar distancia de las cosas y ver todo con una perspectiva diferente.
c) Profundizar relaciones (familiares o de amigos).
d) Mejorar tu productividad en el trabajo.
e) Mejorar la salud física y mental.
Llegó diciembre… llegó el estrés. Es hora de sacar a relucir tus habilidades de manejo del estrés. Fijate qué te estresa para poder anticiparte.
Está en tus manos no permitir que el estrés se lleve puesto tu humor, tus relaciones o tu salud.
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