
Desde el inicio desde los tiempos registrados, hace unos 200.000 años, los humanos fueron superando las amenazas de extinción, los conflictos de la convivencia y a expandirse hasta a los 1.000 millones recién en 1800, según estimaciones internacionales.
Luego de paulatinos progresos separados, en ambientes cada vez mejor conectados e integrados, se festeja que 8.000 millones de personas comparten simultáneamente la Tierra, a pesar de los inconvenientes y conflictos evidenciados habitualmente, en particular en lo referente a la inabordable escasez de alimentos denunciada hace apenas un par de siglos, por Thomas Robert Malthus.
Tras los descubrimientos del iluminismo, las ciencias y el liberalismo, la población y la producción de bienes y servicios, incluidos la salud y las instituciones para la convivencia, se catapultaron en consonancia.
Así, se confirma que no existen producciones sin gente, clientes motivo de su atención. Ni personas sin bienes y servicios que las sostengan. Bienes para la gente; población que demanda atenciones a sus necesidades, más allá de las preferencias y miradas singulares. Individuos que descubren los medios para coordinar las actividades más satisfactorias para los demás y para sí mismos, simultáneamente.
La Segunda Ley de la Termodinámica, una de las más estables existentes en las ciencias, expone que toda forma de la vida es una consecuencia de aplicar energía (materia) e información para contrarrestar a la irreversible tendencia a la aniquilación.
Los dos últimos siglos de crecimiento extraordinario en los habitantes humanos de la Tierra y valores de los bienes y servicios coinciden; los primeros se multiplicaron por 8; los segundos por más de 50 veces, expandiendo el valor de los ingresos promedio de la población.
La calidad, certeza de la información, la transparencia, diferencia a las naciones prósperas de las rezagadas.
Base de la teoría malthusiana
La motivación de Thomas Malthus para escribir su Ensayo sobre la población es poco conocida. En efecto, la primera edición, publicada en 1798 de manera anónima, respondió al planteo de William Godwin, quien recomendaba enfrentar la pasión sexual usando exclusivamente la propia represión.
Malthus, sacerdote, discrepó y alertó con los conflictos de la evolución demográfica. Se vio reivindicado cuando en 1801, en el primer censo, los ingleses se dieron cuenta de que eran mayor número del estimado.
El reverendo disponía información valiosa: los nacimientos, casamientos y fallecimientos registrados. Las nuevas versiones de la obra recogieron la información existente en otros países transformando un brillante panfleto en una obra científica, destacando que el factor limitante son los recursos productivos, el conocimiento.

Sostenía que mientras los alimentos se incrementaban en proporción aritmética, ejemplo: 2 más 2 más 2…, en tanto la población lo hacía a ritmo geométrico, ejemplo 2 por 2 por 2, en forma sostenida.
¿Qué evitó que ocurriera lo que temía Malthus? Se verificó una gigantesca expansión en la producción de alimentos y oferta de servicios de salud.
Claramente, hoy hay personas que pasan hambre, pero la proporción del número de seres humanos que se alimenta bien es notablemente mayor que a comienzos del siglo XIX.
El desarrollo de los anticonceptivos y la inclusión de la mujer en la fuerza laboral desplomaron la tasa de natalidad. Criar hijos es una actividad que insume tiempo y el valor del tiempo aumenta con las alternativas, para la mujer que compite trabajando. Por eso, el mayor crecimiento poblacional se verifica en los países más pobres.
Las proyecciones demográficas muestran que, en el Primer Mundo, el crecimiento poblacional nacional es prácticamente nulo, mientras que en el resto de los países el total de habitantes sigue creciendo, aunque también a ritmo más atenuado que en el pasado.
En los países receptores de migrantes foráneos, la inmigración despierta controversias y divisiones. Los residentes tradicionales comprueban modificaciones raciales, prácticas culturales, que rechazan, les resultan desagradables. Pero diferentes empleadores se ven favorecidos, al conseguir personal y clientes competitivos, mientras que los residentes del país receptor ven ese movimiento con disgusto, generando reacciones adversas, disputas raciales, religiosas, culturales.
Con la expansión de las actividades, el planeta se vuelve en parte más estrecho, limitando las capacidades e impulsando a reconocer restricciones novedosas y desmontar soberanías opresoras. Aceptar esclavitudes, dependencias, políticas arbitrarias, es cada vez menos aceptable para la humanidad.
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