Inversión privada vs. apropiación de lo colectivo

Fuimos un país con industria y eso generaba una conciencia, una burguesía nacional respetable. A partir de las privatizaciones se instaló una manera de relacionarse con el poder basado en las rentas y sin obligaciones sociales

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Pozo de shale oil en
Pozo de shale oil en Vaca Muerta

El liberalismo es un sistema que incita la creatividad y el esfuerzo, convoca la fortaleza de la sana competencia y logra una distribución de premios y castigos que suele ser la base para construir sociedades dignas de ser vividas. Como sistema positivo fue asumido hasta por los chinos, mientras que el socialismo terminó siempre en una crisis productiva. Como aporte conceptual es imprescindible, pero si se lo siente inmodificable como religión, acto de fe o dogma intocable, es demasiado dañino. Somos parte de una sociedad inmadura que exageró todos y cada uno de los pensamientos que le impusieron las modas y fue así que expandió como pocas la violencia guerrillera y luego, peor aún, la represión militar. Se trata de una sociedad que no deja de empobrecerse y endeudarse sin atreverse siquiera a asumir el origen de semejante calvario.

El último golpe militar vino a imponer a los negocios por sobre el mismo Estado y desde ese tiempo vemos cómo los ricos crecen en la misma medida en que degradan al resto de la sociedad. Hay un capitalismo europeo que es con todos los ciudadanos integrados, lo disfrutamos hasta que vinieron a matar para aplicar la visión estadounidense actual. Ellos son la expresión de la libertad de los poderosos que consiste en no hacerse cargo de las miserias que generan. Son gerentes de empresas extranjeras educados para explotar filiales coloniales. Imponen la concepción según la cual el único logro digno de respeto es la riqueza, y que la corrupción es esencial a la misma política.

Cristina en su discurso atemporal -de oposición desde el gobierno- relató la privatización de Aerolíneas, pero en rigor, describió el saqueo de una empresa nacional, de la cual hasta las gomas de los aviones nos robaron y luego, la alcaldesa dice que la culpa es del peronismo y lo mandan a Felipe Gonzales a darnos clase de democracia. Cristina olvidó contar el caso de YPF, donde habían participado como gestores de esa entrega, conjunto de robos y corrupciones con pretensión ideológica.

La inversión privada es esencial al desarrollo capitalista, inversión, no apropiación de lo colectivo. Haber inventado una ideología para justificar el delito, para apropiarse de lo colectivo y convertirlo en privado, eso define una clase dirigente enamorada de su propia degradación. Después de tanto matar, el hecho de robar les resultaba menor. Me contó un gobernador que inauguró una gran inversión con créditos internacionales y que le proponían privatizarla. Expresa que se hizo con esfuerzo del pueblo. Para su sorpresa, el funcionario nacional le responde, “para qué lo quiere el pueblo”. Para ese señor, el Estado que es la propiedad colectiva pareciera que no es buen administrador, razón de sobra para quedarse con lo ajeno.

Fuimos un país con industria y eso generaba una conciencia, una burguesía nacional respetable. Con Martínez de Hoz y Cavallo pasamos a ser una sociedad conducida por lo financiero, esos no tienen patria ni bandera. Con ellos la espera de aquel prometido “derrame” se convirtió en un cruel espejismo, y una real fuga de capitales. El derrame era fuera de la sociedad. La industria obligaba al talento en tanto que las finanzas conducen a la corrupción y así, la política quedó prisionera de las rentas. Las privatizaciones se hicieron en base a la corrupción acordada entre poder político y apropiador. Desde ese momento se instaló una manera de relacionar al poder basado en las rentas y sin obligaciones sociales. El poder sin responsabilidad es mafia, la reflexión quedó reducida a fenómenos aislados y cómo pensar no es fácil, acusar vino en su ayuda a ocupar la suplencia. A partir de allí se hizo imposible recuperar la esperanza. Hoy predican “libertad” pero se refieren a robar lo que nos queda. Los empleados de los grandes grupos quieren ser libres de entregar los restos, los burócratas de turno profundizan la grieta sin achicar las ganancias.

Nos dejó Hebe, una herida de guerra, los privatizadores mataron a sus dos hijos. Ella gritó en medio del infinito silencio cómplice, usurpó la furia para exagerar sus verdades. Los asesinos de sus hijos no tuvieron ni la dignidad de respetar sus cicatrices.

Tenemos el gas de Vaca Muerta y el litio, si en ambos se combinan la inversión privada con control estatal, de privados dignos y gobernantes no corruptos, si se logra eso ya estaremos ingresando al futuro. Si no, seremos colonia y se llevarán las riquezas multiplicando la miseria. Nunca olvidemos que Estados Unidos, el país más rico del mundo, no se hizo cargo de sus pobres. No hay capitalismo sin burguesía industrial. Las burocracias enriquecidas asociadas a bancos y financieras sólo generan dependencia y fuga de capitales. Debemos derrotar a una caterva de fanatizados discípulos del imperio de turno que son peores que el mismo imperialismo al que dicen pertenecer. Crecen en votos como la misma cercanía de la guerra civil. Hay un capitalismo con rostro humano, europeo en su origen, y uno despiadado que siente el triunfo como un derecho disfrutable sobre el vencido.

La libertad de oprimir es enferma, es la prisión de los egoístas, esos no son libres de nada, son sólo esclavos de la codicia y sembradores de miserias. Los burócratas no son mejores, pero ambos son tan solo dos versiones del fracaso. La política es otra cosa, supera el dogma libertino y el resentimiento justiciero, esa falsa confrontación entre dos burocracias que comparten la acción de parasitarnos. La política es otra cosa, propone un destino colectivo. Necesitamos que vuelvan la reflexión y las ideas, esas propuestas que hoy todavía carecen de representantes.

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