
Hace pocos días se publicaron datos de la Encuesta de Hogares del Indec los que mostraron la tasa de desocupación más baja de las últimas décadas. De hecho, habría que remontarse a 1992 para encontrar un nivel inferior.
La menor desocupación se da en un contexto de alta participación laboral. La tasa de actividad, que mide la proporción de la población que está trabajando o buscando empleo, llegó al 47,9%, el nivel más alto de la serie histórica, lo que indica que la caída en el desempleo se corresponde con un aumento de la ocupación neta.

De hecho, la tasa de empleo -proporción de la población que está ocupada- es otra de las variables que marcó un récord en el segundo trimestre del año: 44,6% de los habitantes se encontraba trabajando, también el nivel más alto de la serie histórica. Este nivel equivale a que 19,5 millones de personas estuvieran empleadas, lo que, además, representa un incremento de 3% en relación con el trimestre anterior y 8% respecto al año previo.

Pero tanta buena noticia se opaca cuando se hurga un poco cómo ha sido la recuperación, de lo cual surge otro récord: la tasa de informalidad asalariada se ubicó en 37,8%, es decir que uno de cada 2,6 trabajadores no tiene cobertura de la seguridad social. Para encontrar un porcentaje similar hay que retroceder hasta 2008, momento en el cual la informalidad venía reduciéndose desde la crisis de 2001, comienzos del año siguiente.

La incertidumbre sobre el desempeño a futuro de la economía desalienta decisiones que impliquen mayores costos y, en este contexto, la contratación de empleo informal parece la mejor salida.
Casi todo el crecimiento del empleo en el último año se ha dado en el sector asalariado informal. De los 1,4 millones de empleos creados, 1,3 millones son asalariados informales, 200 mil trabajadores por cuenta propia y 83 mil fueron empleos públicos.
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Los datos de las Encuestas Permanente de Hogares reflejan, además, una caída en el empleo asalariado formal privado. Esta disminución no es convalidada por los datos de registro del Ministerio de Trabajo, aunque ambas fuentes dan cuenta de que el empleo asalariado formal privado se ha mantenido con ligeras oscilaciones desde hace más de 7 años y que, además, el nivel actual no se encuentra lejos del de comienzos de 2015.

El aumento del empleo, aún en el sector informal, contribuyó a la caída de la pobreza, eso aun cuando los salarios en el sector informal crecieron bastante por debajo de la inflación. Buena noticia a pesar de que más de un tercio de la población es pobre.
La tasa de pobreza se redujo desde el 40,6% en el primer semestre del año pasado a 36,6% en el primero de este año.

A pesar de que la pobreza viene cayendo, la población bajo la línea de indigencia registró un aumento en el último semestre. Durante la segunda mitad de 2021 alcanzaba al 8,2% de la población, en tanto que en el primer semestre de este año se ubicó en 8,8 por ciento.
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De todos modos, la comparación en relación con el primer semestre del 2021, el cual todavía se encontraba afectado por la pandemia, muestra una caída de casi dos puntos porcentuales.
Esta nota es un anticipo de la publicación Indicadores de Coyuntura N° 646 que elabora la Fundación FIEL
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