
“Aquellos que intentan chantajearnos con armas nucleares deben saber que los vientos pueden soplar en su dirección. Tenemos medios de destrucción más modernos que los países de la OTAN” (Vladimir Putin, miércoles 21 de septiembre).
El amo del Kremlin intenta asustar nuevamente con una guerra nuclear. Hace dos años que menea la maldita cuestión. Nadie lo chantajea con la misma, pero él inventa que Rusia está en peligro para justificar su conducta monstruosa.
Vladimir Putin constituye la peor amenaza que vive la humanidad. Su megalomanía lo llevó a inventar Repúblicas separatistas en Ucrania a las que ahora incorpora Rusia. Luego sostendrá que el intento del gobierno de Kiev de recuperar lo robado es una agresión de la OTAN a la dictadura moscovita. Por eso llama a las armas a miles de reservistas, que mandara a morir en esta guerra absurda
El drama ucraniano había salido de las portadas de los medios de comunicación del mundo entero. Tenemos tanta información que estamos intoxicados. Es comprensible, lo urgente tapa lo importante.
Los millones de mujeres, niños y ancianos que debieron huir al exilio siguen allí. Los niños secuestrados, de padres asesinados, siguen “internados” en Rusia. También están en “campos de reeducación” decenas de miles de personas, llevadas por la fuerza al territorio de la potencia imperialista usurpadora.
Pocos recuerdan las miles de mujeres violadas por las tropas de ocupación, ni siquiera se escucha la voz de los “colectivos de mujeres”. Las tumbas clandestinas, que siguen apareciendo, son unas líneas en el medio del entierro de una Reina o el procesamiento de los “copitos”.
Las armas de última generación y la información de inteligencia de la OTAN permiten la resistencia ucraniana y hasta dan la impresión de un resultado distinto al esperado por el criminal del Kremlin. Es solo una impresión.
Los recientes encuentros entre Putin y Xi Jinping consolidan el polo autocrático del siglo XXI y auguran una nueva Guerra Fría frente a las democracias occidentales. Como en el siglo XX, los episodios más dramáticos se darán en la casa del vecino, no en la propia.
Más allá de los encuadramientos estratégicos y tácticos, el dramático sufrimiento de los 45 millones de ucranianos, solo acaba de empezar. Los que han tenido que quedarse en su Patria ultrajada, no sólo están sometidos a la salvaje agresión rusa: se aprestan a soportar el durísimo invierno sin calefacción, con pocos alimentos y sin esperanzas de que la pesadilla termine pronto.
Sus vecinos europeos los han ayudado, pero también ellos pagarán tamaña “insolencia”. Putin les ha cortado el suministro de gas, para que ellos también sientan frío. El precio por volver a atreverse a desafiar a un dictador genocida.
El presidente Biden lo ha dicho con claridad en la ONU: “Esta guerra es sobre extinguir el derecho de Ucrania a existir como pueblo y como Estado”. Y respondió con claridad a las frases de Putin: “Una guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe pelearse”.
Argentina ,en el marco de las Naciones Unidas y en la próxima reunión del G 20, en noviembre, debe estar junto a las democracias y no junto a las dictaduras. El otoño ha llegado al hemisferio norte. Desde Moscú nos amenazan con el “invierno nuclear”.
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