Dos perversas deformaciones de la historia

Antes la consigna era “ni yanquis ni marxistas”, ahora podría sintetizarse en la frase “ni Macri ni Cristina, patriotismo”

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Mauricio Macri y Cristina Kirchner
Mauricio Macri y Cristina Kirchner

El kirchnerismo deformó al peronismo reivindicando a la guerrilla y al viejo marxismo, ambos sectores enfrentados con el General Perón que había venido a pacificar. Fue Néstor que al convocarlos eligió el camino de la confrontación. Por otro lado, Macri con sus argumentos continuó el desarme de la nación industrial que nos rigió hasta el último golpe y surge ese triste relato según el cual la crisis nació por el estallido del plan Gelbard.

Desde esa atroz distorsión no tenemos salida, el Gobierno seguirá buscando enemigos y la oposición hablando de bajar impuestos y aflojar leyes laborales. Perversa pinza de dos deformaciones de la historia, en rigor, de dos ideas mediocres que nos reducen a una decadencia inexorable. Los años de los Kirchner no fueron ni patrióticos ni socialmente justos. Es cierto que amortiguaron la caída, pero finalmente Macri la profundizó con la deuda tomada al Fondo Monetario.

Son dos versiones del fracaso, Cristina Kirchner convoca a una izquierda sin destino que se apodera del peronismo sin entender ni asumir ninguna de sus propuestas y Macri consolida el poder de la dependencia sin siquiera hacerse cargo que ese supuesto liberalismo al que dicen o pretenden pertenecer, no existe y no es viable con esta concentración de la riqueza.

Reitero hasta el cansancio que nací en un país donde el obrero se consideraba clase media y poseía derechos que apoyaban su pretensión y que habitó una sociedad donde hasta los profesionales se convirtieron en clase baja. La grieta, esa división ficticia que inventó -o al menos profundizó- Néstor Kirchner, surgió para mantener las prebendas que los grandes grupos económicos habían obtenido con las masacres de la dictadura y las privatizaciones de Menem. Esas dos etapas son transparentes, demasiado para que me vengan a narrar el relato de “la modernidad” o el fin de ciclo del país industrial.

Somos un ejemplo de decadencia y crisis que no se repite en otras sociedades. La división o grieta defiende negociados y los que pertenecían a Kirchner aparecen ahora con lujo de detalles, hasta puede ser que Cristina no estuviera involucrada, pero Néstor había inventado un sistema de enriquecimiento con la obra pública que nadie puede ignorar. Si Daniel Muñoz, su más fiel secretario, logró reunir más de cien millones de dólares, se puede afirmar que la dimensión de las propinas desnuda la magnitud de la cuenta.

Claro que muchos se asumen de izquierda sin haber nunca siquiera intentado cambiar la ley de entidades financieras. Ninguno de los dos frentes se ocupa de tocar el problema central de la concentración económica. La acumulación de las riquezas es la contracara de la multiplicación de la miseria. Juntos por el Cambio ni siquiera habla de esos temas, para ellos la producción y las riquezas no tienen obligaciones ni en su distribución ni en la responsabilidad de generar trabajo. Lo peor es que por el fracaso del gobierno a ellos les tocaría hacerse cargo del mañana, difícil de entender si se vuelven tan de derechas en una sociedad donde la proliferación de pobres altera hasta su mismo padrón electoral.

Macri podría repetir el milagro de apoyar el triunfo del kirchnerismo, logro que ya tuvo e intenta volver a lograr. Contra Macri es probable el triunfo del kirchnerismo, es demasiado anti peronista para recibir el voto de tantos desencantados demasiado dañados por los compañeros de Santa Cruz. Pareciera que en un gran acuerdo cada quien devuelve los votos que emigran de su enemigo. Ambos frentes carecen de proyecto y, además, de ideas aun cuando coincidan en la abundancia de ambiciones.

La reflexión no existe entre nosotros, los economistas desbancaron a los filósofos y a todos los cercanos al pensamiento político. Existen pensadores, ninguno de los dos frentes los convoca, no lo considera necesario porque las ideas no les sirven a los fanatismos, ambos sienten que la tienen clara, piensan que sólo con la derrota del otro surgiría la nueva sociedad. La grieta es suicida, el gobierno trata de acercarse a occidente y lanza un ajuste que podemos llamar ortodoxo. La producción funciona con lentitud, pero funciona, los grandes privados acumulan ganancias que suelen evadir. El kirchnerismo se apropió del Estado y se lo reparte como cajas que sostienen pedazos de sus “leales”.

Del otro lado denuncian y degradan al Estado, como si el enemigo del individuo y sus ganancias terminara siendo la misma sociedad. La suma de un Estado corrupto más privados intermediarios y evasores tiene como atroz consecuencia un pueblo empobrecido. No tenemos dólares para importar chucherías, los del libre mercado deben explicar cómo podemos gastar en el mundo más de lo que nos ingresa y salir de esta limitación mental que imagina al Estado como enemigo. Hasta el mismo Macri lo llenó de empleados y “militantes” y esos nombramientos implican quitarles a los humildes sus ingresos y asignarlos a quien no los merece ni los necesita. El Estado somos todos, el enemigo es el egoísmo, el individualismo, esa absurda manera de inventarnos un falso pasado para explicar un patético presente. Desde el último golpe estamos en caída libre, seamos capaces de enfrentar esa dura realidad. Asumirla es imprescindible para poder cambiarla. Antes la consigna era “ni yanquis ni marxistas”, ahora personalmente podría sintetizarla en la frase “ni Macri ni Cristina, patriotismo”. Es una bandera sin portador, ya vendrán jóvenes capaces de enarbolarla. La justicia debe ser respetada, las tribunas pueden encolerizarse, el verdadero combate se vivirá en las urnas, el odio no puede olvidar la elección. La esperanza está vacante y no se recupera con denuncias ni acusaciones. Necesitamos un proyecto que pacifique y contenga futuro. Todo está por hacer.

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