
En esta fecha de celebración, pero también de reflexión, queremos expresar nuestro punto de vista como jóvenes trabajadoras y trabajadores organizados. Vivimos en un mundo muy hostil, con hambre y guerras. Esta fase del capitalismo salvaje avanza llevándose todo por delante, incluido el propio mundo que habitamos, donde las reglas las pone el poder económico y financiero, y los estados pierden cada vez más su autonomía. Algunos pocos países se reparten el mapa y juegan a la Guerra poniendo en riesgo la vida de millones de personas.
El discurso liberal recobra fuerza y hace mella en muchos jóvenes. La utopía de “ser tu propio jefe” se muestra como algo posible, pero esconde más precarización laboral. El mensaje que quieren instalar es que uno se salva solo, sin importar el que tenes al lado. De esta manera se reproduce un discurso individualista que intenta romper con los lazos sociales.
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Nuestro continente sufre las consecuencias de muchos años de gobiernos neoliberales que dejaron pobreza, desempleo y pueblos endeudados. La informalidad laboral es moneda corriente, y como jóvenes somos los que más la sufrimos. El acceso al primer empleo suele ser en condiciones precarias, con salarios que apenas alcanzan para sobrevivir y no para vivir con dignidad. Según la OIT, la crisis del COVID-19 elevó la tasa de desocupación entre los jóvenes de la región por encima del 20%, siendo más de 10 millones los jóvenes que buscan empleo sin conseguirlo.
Las leyes laborales y las instituciones que deben hacerlas cumplir son muy débiles en muchos países de América, y los trabajadores y trabajadoras que se organizan en sus sindicatos son perseguidos, despedidos de sus puestos de trabajo y en algunos casos son asesinados, como sucede en Colombia. Esta situación nos hace valorar aún más el Modelo Sindical Argentino que fortalece a las organizaciones sindicales ante la ofensiva de los sectores concentrados, tanto económicos como políticos.
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Desde las juventudes sindicales internacionales estamos convencidos que otro mundo es posible. Que podemos vivir en un mundo con justicia social y oportunidades para todos y todas. Vemos con mucha esperanza los vientos de cambio que soplan en nuestro continente. La victoria de Gustavo Petro en Colombia, de Gabriel Boric en Chile, sumados a los gobiernos populares en Bolivia, México y Argentina, son fundamentales para enfrentar la avanzada neoliberal. Por esta razón son cruciales tanto el plebiscito por la nueva Constitución en Chile como la elección presidencial del 2 de octubre a realizarse en el país hermano de Brasil, donde el principal candidato es el compañero Ignacio Lula Da Silva.
La juventud trabajadora es un actor político y como tal tiene una agenda clara: militamos todos los días por una sociedad justa, libre e igualitaria; por oportunidades de trabajo digno que permita el desarrollo personal, con ingresos justos y protección social; por la igualdad de género y el respeto a la diversidad, contra todo tipo de violencia en los lugares de trabajo; por el cuidado del medio ambiente y por una energía sustentable; por una política educativa que combata la deserción escolar y promueva la formación en habilidades que preparen a los jóvenes para el mundo del trabajo que genera la llamada cuarta revolución industrial.
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Creemos que es fundamental que esta agenda tome un lugar protagónico tanto en nuestras organizaciones sindicales como en la arena política.
Los jóvenes no somos el futuro, somos el presente y queremos cambiar las cosas. Sabemos que no solo debemos protestar, sino que nos debemos hacer cargo de los procesos, los cuales los debemos afrontar en unidad y alcanzando consensos, pero sobre todo con responsabilidad y compromiso.
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* Sebastian Maturano es secretario de Juventud de C.G.T.
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