
La designación de Silvina Batakis en reemplazo de Martín Guzmán parece bastante lógica siguiendo la mentalidad que hoy impera en el gobierno.
Conseguir a alguien con trayectoria, prestigio y capacidad de revertir la actual crisis económica iba a ser imposible porque el problema no es la renuncia de Guzmán, ni el acuerdo con el FMI, ni la falta de dólares en el BCRA. La actual crisis económica argentina se origina en Cristina Kirchner, Alberto Fernández, La Campora, Axel Kicillof y el kirchnerismo en general. En otras palabras, el problema no es la salida de Guzmán, el problema es el kirchernismo en el poder. Mientras ellos estén en el gobierno no existe posibilidad alguna de revertir esta crisis y mucho menos la larga decadencia que sufrimos.
La razón del inevitable fracaso económico es que no hay plan económico que pueda funcionar sin un respaldo político que genere confianza en los agentes económicos.
Cristina Kirchner cree que el acuerdo con el FMI es el problema y que no es el déficit fiscal el que genera el problema inflacionario. Seguramente habrán buscado a un reemplazo de Guzmán que estuviera más a tono con el pensamiento de la vicepresidente y por eso la designación de Batakis, una heterodoxa que, inevitablemente, terminará echando más leña al fuego.
En el medio de un creciente déficit fiscal, la vicepresidente y La Campora pretenden establecer un salario universal sin decir cómo se va a financiar.
¿Con qué situación fiscal asume Batakis?

El gráfico de arriba muestra el aumento del gasto público primario en los primeros cinco meses del año. Como puede verse, no solo tiende a aumentar cada vez más, sino que, además, crece en términos reales, es decir, por encima de la tasa de inflación. Y no crece solo por los subsidios económicos. Basta con revisar los boletines fiscales que mensualmente emite la Secretaría de Finanzas para advertir que todos los rubros tienden a subir por encima de la inflación.
Junto con este aumento del gasto público, también se observa un fuerte crecimiento del déficit fiscal como puede observarse en el gráfico de más abajo.
En otras palabras, el gobierno esta haciendo populismo y aumentando el déficit fiscal primario sin incluir el invento de las rentas de la propiedad, que obliga al Central a financiar con emisión monetaria este creciente déficit fiscal.
Mientras Alberto Fernández dice que la inflación es multicausal, Cristina Kirchner afirma que el déficit fiscal no genera inflación y que la causa de la inflación es el bimonetarismo, es decir, cree que la culpa de la inflación es que la gente quiera comprar dólares para refugiarse, no que el peso se deprecia día a día porque la gente no lo quiere.

Si Batakis llegó al ministerio de Economía con el visto bueno de Cristina Fernández, lo que vamos a ver es cada vez peores números fiscal, más déficit fiscal, más emisión monetaria, más inflación y más caos financiero y cambiario. Es decir, vamos hacia un colapso económico, porque cabe esperar que se desate un mayor festival de gasto público y emisión monetaria peor que el actual de acuerdo al capricho de Cristina Kirchner.
Ese festival de emisión monetaria va a llegar en un momento en que van a empezar a faltar cada vez más dólares, con lo cual van a sobrar muchos pesos y van a faltar muchos dólares al tipo de cambio oficial.
La economía se va a deslizar hacia un proceso inflacionario con recesión por falta de insumos para producir. Hay que ver si, ante el pánico que está generando un gobierno de incompetentes, no deriva en una corrida financiera. En ese caso, considerando el récord de stock de LELIQs y Pases Netos puede derivar en un proceso megainflacionario o un plan Bonex.
No parece ser que Batakis venga hacer la gran Remes Lenicov, es decir, que vaya a licuar el gasto público con inflación. Por el contrario, van a estimular artificialmente el consumo interno desatando una llamarada inflacionaria que terminará en una de las tantas crisis cambiarias.
En síntesis, se necesitaba un bombero para apagar el fuego y todo parece indicar que apostaron por una política piromaníaca.
Insisto, nadie con trayectoria y prestigio iba a aceptar sentarse en el sillón de ministro de Economía en un gobierno dividido, enfrentado entre ellos, sin credibilidad política y con tendencia populista. El problema sigue estando, porque el problema económico tiene nombre: kirchernismo en el gobierno.
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