
Investigadores de la Universidad Johns Hopkins, institución de referencia en investigaciones de salud pública, descubrieron que los cultivos irrigados con aguas residuales tratadas suelen almacenar la mayor parte de los residuos de medicamentos en sus hojas. En el estudio, publicado en Environmental Science and Technology, la revista científica, se analizó cómo tomates, zanahorias y lechugas absorbían fármacos como antidepresivos y anticonvulsivos durante su crecimiento.
Las partes comestibles de frutas y raíces muestran concentraciones mucho menores de estos compuestos en comparación con las hojas. De acuerdo con los autores, el uso de aguas residuales tratadas en la agricultura se vuelve cada vez más común en regiones donde el agua escasea.
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Esta práctica ayuda a conservar recursos hídricos, pero también ha dado lugar a inquietudes sobre la posible transferencia de contaminantes a los alimentos. El experimento controlado mostró que las plantas transportan los residuos de medicamentos desde las raíces hasta las hojas, donde el agua se evapora y estos compuestos quedan atrapados en el tejido foliar. Las zanahorias, por ejemplo, almacenan hasta siete veces más residuos en las hojas que en las raíces comestibles.
Además, los investigadores destacan que la acumulación de fármacos depende del tipo de medicamento. La carbamazepina, un anticonvulsivo, se detectó en niveles relativamente altos tanto en hojas como en raíces y frutos, mientras que otros compuestos, como la lamotrigina, aparecen en cantidades menores. Esta información resulta relevante para los organismos reguladores que evalúan los riesgos potenciales de la reutilización de aguas residuales en la producción agrícola.
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Cómo circulan los medicamentos en las plantas
El proceso de absorción y transporte de contaminantes en las plantas depende de cómo el agua fluye desde las raíces hasta las hojas. Los investigadores explicaron que el agua arrastra consigo nutrientes y residuos de medicamentos, depositando estos últimos en los tejidos foliares una vez que el agua se evapora a través de los estomas. Como las plantas carecen de mecanismos eficientes para eliminar estos compuestos, tienden a quedar atrapados en las vacuolas y las paredes celulares de las hojas.
Así, si bien los residuos de fármacos pueden alcanzar todas las partes de la planta, las hojas se comportan como los principales reservorios. Por su parte, las partes comestibles, como los frutos del tomate o las raíces de la zanahoria, acumulan cantidades mucho menores; esto tranquiliza a los consumidores, ya que la exposición a contaminantes a través de la dieta resulta mucho más baja de lo estimado originalmente.
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Diferencias entre medicamentos y su acumulación
El estudio muestra que no todos los medicamentos se comportan igual dentro de la planta. Mientras que la lamotrigina y sus derivados muestran baja acumulación en hojas, raíces y frutos, la carbamazepina se detecta en niveles más altos en toda la planta. Esto implica que los riesgos potenciales para la salud pueden variar en función del tipo de fármaco presente en las aguas residuales utilizadas para riego.

Según los autores, comprender estas diferencias resulta clave para orientar futuras investigaciones y regulaciones. Identificar qué medicamentos tienden a acumularse en las partes comestibles permite enfocar los controles y evaluaciones de seguridad alimentaria en los compuestos más relevantes.
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Implicaciones para la seguridad alimentaria y la gestión del agua
La reutilización creciente de aguas residuales en la agricultura responde a la necesidad de conservar recursos y garantizar la producción de alimentos en contextos de escasez hídrica. Los investigadores remarcan que, aunque la presencia de fármacos en las plantas no representa un riesgo inmediato para la salud, los resultados del estudio ayudarán a mejorar la regulación y el monitoreo de los cultivos irrigados con aguas recicladas.
El profesor Carsten Prasse, coautor del trabajo, sostuvo que los hallazgos resaltan la importancia de analizar tanto los medicamentos originales como los subproductos generados dentro de las plantas. La investigación contribuye a identificar qué compuestos requieren mayor atención al establecer límites para la seguridad alimentaria.
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El uso de aguas residuales tratadas en la agricultura puede considerarse seguro si se monitorea adecuadamente la acumulación de contaminantes en los cultivos. La mayoría de los fármacos se concentran en las hojas, mientras que las partes comestibles presentan niveles mucho más bajos. Estos datos orientan a los reguladores sobre los aspectos clave para garantizar una producción agrícola segura y sostenible en escenarios de escasez de agua.
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