
Se distinguen tres formaciones políticas para integrar esta coalición: la del PRO de Mauricio Macri, la del peronismo liberal excluido del kirchnerismo de Juan Schiaretti y la liberal de Javier Milei.
De las tres que eventualmente competirían en la interna de esta coalición, la peronista es la única en condiciones de aportar una estructura nacional.
De completar los huecos del PRO a Mauricio Macri, si éste decidiera separarse de los radicales o de proveer a Javier Milei de la estructura nacional imprescindible para una candidatura presidencial y, por supuesto, de recuperar para amplios sectores del peronismo hoy cooptados por el kirchnerismo, un lugar de legítima pertenencia y progreso y, con Juan Schiaretti, un liderazgo más adecuado a su tradición de productividad y trabajo.
¿Es posible imaginar una interna presidencial donde compitiesen Macri, Schiaretti y Milei?
Ganase uno u otro, los escenarios de cambio para el país estarían asegurados de un modo doble:
-Haciendo todas las reformas imprescindibles del Estado y la economía para estabilizar la moneda y obtener la más alta productividad
-Cuidando a los trabajadores ocupados y desocupados al mejor modo peronista pero por fuera del Estado y de las empresas
-En este razonamiento se excluyen los egos y los deseos presidencialistas personales, en favor de la posibilidad de lograr un cambio real de la Argentina, en las condiciones más favorables y menos dolorosas posibles.
Cada uno de los implicados en la coalición tiene de todos modos una misión indelegable:
-Mauricio Macri debe renovar su vocación de líder popular, tal como supo hacerlo en Boca y como, hasta el último momento de desesperada incorporación de Pichetto, se negó a hacerlo rechazando liderar al peronismo huérfano.
-Juan Schiaretti, un gobernador ejemplar, debe lavar al peronismo del mal nombre que le dejó el kirchnerismo, recordar a los votantes que el peronismo de Menem fue el primero de encontrar la fórmula del éxito aliándose con el liberalismo y dejando que Cavallo reorganizase la economía con un sello profundamente liberal, logrando así una década de estabilidad y progreso que se puede y debe repetir.
-Javier Milei, el líder que tanto atrae a los jóvenes y muy particularmente a la golpeada, maltratada y no educada juventud popular de adhesión peronista, puede hacer el milagro de que las nuevas generaciones puedan ser a la vez peronistas y liberales. Como prácticamente el único líder que en la última década reivindicó el éxito Menem-Cavallo, puede recordar a los jóvenes votantes, además de las ventajas que les ofrecerá una economía libre, que el peronismo verdadero fue siempre una organización libre de trabajadores y aspirantes al trabajo, independiente del Estado, y que se puede tener, a la vez, una economía liberal y una alta protección y seguridad en el trabajo.
En la desesperanzada Argentina actual, debería esperanzar la idea de una coalición liberal que uniese las ideas y esfuerzos de los tres sectores más compatibles y honestos en su deseo de regreso a una Argentina grande y feliz.
Esta coalición liberal permitiría además que el resto del espacio político se ordene con las otras dos coaliciones tradicionales: 1) la de la social democracia que incluye al radicalismo, a la Coalición Cívica, y a fragmentos del PRO y del peronismo y 2) la del izquierdismo setentista y el tradicional.
Este es un nuevo modo de ver el espacio político. No es una utopía, sino la conclusión histórica de las dos tendencias tradicionales del peronismo y el liberalismo que confluyeron hasta unirse en los años 90, unión derrotada después en el 2001. Esta derrota marcó un regreso a la desunión y al enfrentamiento y sobre todo, al fracaso.
Aprendida la lección, sólo queda como solución el regreso inteligente a la unión que creó el éxito y que nunca se debió abandonar.
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