
No necesitó apelar a la cadena nacional oficial. Con sólo anunciar con una semana de anticipación que daría una conferencia magistral, Cristina Kirchner volvió a dar muestras de su centralidad en la política. No sólo porque todos los canales transmitieron en directo, sino porque hace 48 hs que la dirigencia argentina debate en torno a sus dos horas de exposición.
Hay algo que quedó claro. Se esperaba una bomba nuclear y hasta el momento se contabilizaron sólo un par de soldados heridos. Digan lo que digan, la Vicepresidenta insistió con su visión estratégica pero no quemó las naves. Al contrario. En su personalísimo estilo se diría que por omisión (ni el acuerdo con el FMI ni Martín Guzmán fueron esta vez de la partida) tendió puentes.
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Está clarísimo que sigue siendo crítica. Pero al lado de quien ofició de telonero en la semana, Andrés Cuervo Larroque, con su último hit “el gobierno es nuestro” (sic) Cristina tuvo su punto más álgido apelando a la sensibilidad y a la autocrítica compartida. Habló —detalle no menor— en plural: “Mi amargura es que no le estamos haciendo honor a tanto amor y confianza que depositaron en nosotros”.
Alberto Fernández no vio el acto en directo. Estaba en Ushuaia. Pero tampoco en diferido. Al menos hasta anoche. Le llegaron fragmentos, análisis mediáticos e interpretaciones varias de su entorno sobre lo que dijo ella. Quizás en el vuelo que cruzará el Atlántico para depositarlo en Europa el martes haga el ejercicio de escuchar en directo y evitar las siempre tendenciosas intermediaciones. Sería un buen y respetuoso gesto.
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El océano que separará de facto a Alberto y Cristina en esta semana es el que hoy los distancia en el diagnóstico de la realidad económica y, por ende, política. Guzmán tuvo un respiro esta vez. No sólo porque no se lo nombró sino porque Cristina apuntó sus reflectores sobre uno de sus contrincantes internos, Matías Kulfas. Al autor de “Los tres Kirchnerismos” (¿no será una blasfemia para los K que se diferencien los gobiernos?) la Vicepresidenta le reprocha inocencia o mano blanda con el sector empresario. Recuerda para eso que su elegido para la secretaría de Comercio no era Paula Español ni Roberto Feletti sino Hernán Letcher (Director del Centro de Economía Política) pero que Kulfas prefirió alguien menos confrontativo. 🤷🏻♀️
No es por lo único que el cristinismo apunta contra Kulfas. El ministro de Producción suele ser el más optimista del gabinete económico. Sus números y proyecciones reflejan puertas adentro una macro economía casi ideal en términos productivos. Llama crecimiento económico, por ejemplo, lo que para Cristina —y para los economistas de la oposición— es simplemente recuperación.
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Pero a la esfera de lo discursivo se le superponen los hechos. Y en cuanto a hechos hubo varios esta semana. Y habrá varios más los días que vienen.
El primero fue un gesto de Máximo. Antes de presentar su proyecto de ley junto a otros diputados para adelantar el aumento del salario mínimo, vital y móvil que está previsto en escalas hasta noviembre para el mes de julio, así puede ser cobrado en agosto, envió la idea al Presidente para que la analizara y pudieran elegir hacerla por decreto.
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La idea que beneficiaría sobre todo a los que tienen planes y AUH, está en estudio. Porque por más que el salario termine alcanzando a la inflación en el mientras tanto y en contexto de inflación alta, los trabajadores acumulan pérdida de ingresos. Para octubre del año pasado el salario mínimo alcanzó a la inflación que se había generado desde el inicio del gobierno del Frente de Todos. Pero la pérdida durante esos 22 meses representaban tres salarios mínimos. Los últimos dos años del gobierno de Mauricio Macri quienes cobraban el salario mínimo perdieron la friolera de cinco meses de sueldo por acumulación de inflación.

Si bien a diferente ritmo de reacción el bono que dio Alberto de 18 mil en dos cuotas va en línea con la propuesta de Máximo. La idea sería que en agosto, cuando se termina el bono, la gente no sienta una brusca baja en sus ingresos.
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El otro hecho que marcará agenda esta semana son las audiencias públicas por el aumento de tarifas. Los funcionarios que responden a Cristina no serán de la partida. Se excusaron por nota interna. Y el secretario del área, Darío Martínez, también estaría haciendo “oleee”… Guzmán tiene que abocarse a ese hierro caliente porque es parte de lo consensuado con el FMI.
Pero el desconcierto es total. De hecho, Economía no tiene aún datos certeros. Nadie sabe a ciencia cierta a cuanto se irá la tarifa residencial para la clase media ni para los más pudientes.
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El momento cumbre sobrevendrá con quien le pone la firma al aumento. Tal como se vislumbra, el ministro de Economía tendrá que hacerse cargo casi solito.

Guzmán sigue capeando la tormenta interna con la filosofía de siempre. Pero no falta mucho para que el ministro caiga en la cuenta de que a la falta de consenso en la coalición gobernante o se la reemplaza con empoderamiento o su plan está destinado al fracaso.
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Los planetas se alinearon de manera tan extraña para el ministro que ve como el mismo establishment al que él recela termina siendo su sostenedor en términos mediáticos. Guzmán no habla con Cristina desde el 24 de febrero.
Primero, porque ella dejó de contestarle. Y, ahora, porque directamente Alberto le prohibió que la vuelva a llamar.
“Martín hablaba en lo cotidiano cuatro veces más con ella que conmigo”, rememora el Presidente cada vez que vuelve sobre el hierro caliente de haber quedado solo en el momento cumbre del acuerdo con el FMI.
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Guzmán necesita más que nadie que la grieta interna fragüe. Si no su gestión se convertirá en puro voluntarismo.
“Es cierto Cristina bajó un cambio —decía ayer un habitué de Olivos— Pero es Cristina. Cuando baja un cambio se lleva puesto tres vagones…”
Esta historia continuará…
Bonus Track
El escenario fue los Toldos. Y la excusa los 104 años de Evita. Hasta allí llegaron Axel Kicillof, Máximo Kirchner, la vicegobernadora Verónica Magario y toda la rama femenina del PJ bonaerense. La sensatez llegó de la voz de la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, quien le pidió un deseo a Evita, que le dé sabiduría a Alberto, Cristina y a todos los dirigentes del Frente para que el próximo año conduzcan al PJ nuevamente a la victoria.
Pero el que logró la carcajada generalizada fue el ex Presidente del Bloque del Frente de Todos. Recodando a Evita desde la casa de su abuela materna Ofelia, donde había retrato de ella en las paredes, Máximo rememoró: “Nací en un hogar peronista con mucho debate. Si alguno se asusta con lo de ahora no tienen idea lo que viví yo”. 🤣🤣

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