
Vivimos en un mundo donde se oculta a plena luz una realidad que daña el presente e hipoteca el futuro de los chicos, una realidad que nos interpela como sociedad y como humanidad. Nueve de cada diez familias argentinas cree que no debe usarse el castigo físico como forma de disciplina. Sin embargo, de acuerdo a un estudio de UNICEF, dos de cada tres familias reconoce que recurren a estos métodos aprendidos que incluyen violencia física o verbal.
El maltrato naturalizado en la forma de educar se manifiesta de distintas maneras. Y los chicos muchas veces callan por miedo, culpa, impotencia o vergüenza y, a su vez, se sienten humillados y estigmatizados. Porque, al ser sus referentes más cercanos quienes muchas veces ejercen el maltrato, sienten que no tienen con quien hablar.
Cuando la niñez está en riesgo, no hay tiempo que perder. Porque el maltrato puede tener consecuencias severas en el desarrollo de los niños e incluso en su salud mental. En el largo plazo, la violencia vivida durante la infancia se asocia con la depresión, el abuso de alcohol y drogas, la obesidad y los problemas crónicos de salud y, en sus formas más extremas, la violencia puede provocar discapacidades, lesiones físicas graves o incluso la muerte.
Así, la lucha contra el maltrato de niñas, niños y adolescentes es sin duda uno de los desafíos más importantes que tenemos como padres y madres, responsables de su cuidado; como sociedad y como Estado. Hablamos de desafío porque así como es de amplia la definición de maltrato, también lo son sus causas, circunstancias, y la respuesta que debemos dar para enfrentarlo y poner a resguardo a las chicas y chicos.
Los gobiernos en todos sus niveles (local, provincial y nacional), la Justicia, las organizaciones de la Sociedad Civil, los sistemas de salud y educativos, los clubes, entre otros; trabajamos en garantizar los derechos de chicas y chicos. Cada uno cumple un rol fundamental en lo que conocemos como Sistema de Protección Integral.
Cada una de las personas que integramos el Sistema de Protección Integral podemos detectar situaciones de maltrato de forma temprana y ser la voz de esos chicos y chicas, para protegerlos y para que puedan crecer en un entorno de amor y contención, y vivir una crianza con vínculos sanos. Porque ellos también son víctimas cuando se crian en contextos de violencia de género, cuando sufren violencia entre pares, o son víctimas de maltrato institucional.
Hoy, en el Día Internacional contra el Maltrato Infantil, resignificar las relaciones familiares, desnaturalizar la violencia y construir nuevos patrones de crianza cobra especial importancia. Porque toda violencia es prevenible. Necesitamos desactivar la reproducción intergeneracional de la violencia. A pesar de su gran prevalencia, la violencia contra los niños, niñas y adolescentes está frecuentemente invisibilizada, naturalizada y sub reportada.
Con esta convicción es que, desde el Poder Judicial, Legislativo y Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires, estamos sumándonos a una estrategia internacional llamada INSPIRE -por su sigla en inglés- de la Organización Mundial de la Salud, que busca poner fin a la violencia contra niños, niñas y adolescentes.
Este proyecto es un conjunto de siete estrategias basadas en evidencia que resultaron efectivas en el mundo para ayudar a los países a reducir la violencia contra la infancia. Se centran en los programas de prevención y los servicios para enfrentar la violencia contra los chicos: implementación y vigilancia del cumplimiento de las leyes; normas y valores; seguridad en el entorno; apoyo para madres, padres y cuidadores y fortalecimiento económico; respuesta de los servicios de atención, educación y aptitudes para la vida.
Ninguna violencia es justificable. Es tarea de todos involucrarnos y ser agentes de cambio social. Enfrentar y prevenir la violencia y el maltrato contra niñas, niños y adolescentes es una prioridad.
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