
Tenía 10 años, y mucho calor esa noche, aún percibo el olor del espiral que me da vueltas por la cabeza con la campana del teléfono negro de baquelita y la voz de mi papá diciendo: “Tenes un hermanito”.
Un 14 de enero caluroso y la rara sensación de dejar de ser hijo único. Y crecimos, con la diferencia que tenemos los hermanos mayores dónde se nos mezclan la paternidad, el amigo consejero y los celos.
Un día, mi hermano creció y me lo llevaron a la guerra, pero a diferencia de los chicos de hoy que se quejan permanentemente del país y buscan su futuro en otro lado, a él y a todos los que eran como él, los mandaron a la guerra sin darles opciones. Inermes, con ropas de verano en el frío del sur, más sur de todos... no hubo tiempo ni ganas de elegir otro destino, y fueron con orgullo y no se quejaron, hicieron todo lo que pudieron, entregando las piernas, los brazos y el cuerpo a la bandera Argentina. Nunca se sintieron inferiores, parece que sabían que iban a quedar en el bronce como argentinos superiores.
Mi madre, las madres lloraron orgullosas en silencio sin atarse un pañuelo camuflado, ni tomar la Plaza de Mayo sin saber en qué explosión había desaparecido su hijo ni en qué naufragio.
No pidieron indemnizaciones bochornosas ni hicieron un negocio con la muerte de los héroes, no mandaron a escupir retratos, ni se creyeron superiores al resto. Solo en las manos humildes una flor cada 2 de abril con un rezo sin que nadie se entere.
Los hijos duelen pero parece que duelen menos cuando de verdad combatieron por la patria y fueron héroes.
Hace 40 años que no veo a mi hermano, a veces pienso cómo sería ahora, nadie entiende el dolor que se lleva, tampoco nadie entiende el orgullo que nos dejó poniendo nuestro apellido en el bronce. Nadie nos preguntó jamás cómo quedamos, nadie nos preguntó jamás si teníamos derechos. Lo mismo le respondo, que nuestros héroes de Malvinas nos dejaron a los familiares la responsabilidad y el derecho de luchar contra los corruptos, sinvergüenzas que intentan enchastrar con falsas historias e inventados héroes la esencia de los argentinos de buena fe.
A mi hermano Juan Carlos
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