
Por primera vez en mucho tiempo, los argentinos estamos haciendo un ejercicio de aproximación a la unidad nacional. Con la excepción de los extremos (la izquierda, los libertarios y, en una inverosímil pirueta, el mismísimo riñón del Gobierno, el “cristinismo duro”), el peronismo, el radicalismo, el PRO más Lilita y Margarita, decidieron “evitar” la catástrofe de un nuevo default.
No hemos resuelto ninguno de los problemas que nos aquejan -la pobreza, la inflación, la falta de inversión, la grieta, la fuga al exterior de jóvenes, la parálisis de la integración y los millones de planes sociales en lugar de la creación de trabajo genuino-, pero a estas siete plagas no le hemos sumado una octava.
“Mal de muchos, consuelo de tontos”, dice el refrán popular. Pero en un mundo vapuleado todavía por una pandemia y al borde de la Cuarta Guerra Mundial, se nos presenta una nueva oportunidad de utilizar nuestras ventajas comparativas -ubicación geográfica, riquezas naturales y espacio regional de paz- para metabolizar nuestros errores históricos y lanzarnos a un período de desarrollo sostenido y sustentable.
Sería bueno que pudiéramos hacerlo ya (haber evitado el inminente default no es un mal comienzo), pero las contradicciones dentro de los frentes del Gobierno y la oposición no nos permiten vaticinar un súbito milagro.
Sin embargo, la creciente conciencia crítica de la mayoría de los argentinos (muy claramente expresada el pasado 14 de noviembre) le pone mucha presión a la conducta de los dirigentes.
El mundo “post-Guerra de Ucrania” no será sencillo. No se repetirá la Guerra Fría del siglo XX y transitaremos la dura “Negociación Caliente” entre Estados Unidos y China… En ese escenario hay un enorme para el Mercosur, si lo potenciamos y lo instalamos como interlocutor valido de los dos protagonistas centrales. Los temas medioambiente, energía y alimentos son nuestras naves insignias en ese diálogo virtuoso que estamos en condiciones de desarrollar. Podemos imaginar un Mercosur que concrete el acuerdo de libre Comercio con la UE y lo replique con las dos superpotencias.
Si no es ahora, en dos años una nueva administración tendrá la oportunidad de construir una “nueva mayoría” (con el precedente de la hoy construida para evitar el default) y podremos, finalmente, hacer la unidad nacional, con integración regional y apertura al mundo.
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