
Después del consenso alcanzado con la oposición -entre dificultades- el miércoles por la noche, el Gobierno seguía en la madrugada del viernes envuelto en un clima de optimismo y expectativa el controversial debate en la Cámara de Diputados por el endeudamiento para refinanciar la deuda con el FMI, y le restaba importancia a los incidentes que escalaban por la tarde del jueves en las inmediaciones del Palacio del Congreso. La única preocupación en la Casa Rosada es el virtual quiebre del Frente de Todos, azuzado por el kirchnerismo, luego de que Máximo Kirchner y sus aliados evitaran dar quórum en el recinto.
Organizaciones de izquierda protestaron en las calles desde la mañana, y en las primeras horas de la tarde se registraron enfrentamientos violentos entre manifestantes de origen desconocido y agentes de la Policía de la Ciudad. Si bien la contención de la protesta en la zona corresponde a la órbita porteña, el Ministerio de Seguridad Nacional, que comanda Aníbal Fernández, vigiló las disputas, donde la explosión de una bomba molotov que hirió de gravedad a un efectivo de la Policía Metropolitana, poco antes de las 16, provocó nerviosismo en el Balcarce 50. “El tema está encauzado. Era un poco previsible y debimos adelantar algunas cuestiones de seguridad, pero tampoco hay que dramatizar”, suavizó una alta fuente gubernamental que monitoreaba desde Balcarce 50 el devenir del reclamo y coordinaba acciones para serenarlo. También los opositores le minimizaban la relevancia a la marcha: “Es parte del folklore”, dijeron cerca de un diputado de peso.
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De todas formas, estuvieron en alerta. El panorama, estimaban, podría haber empeorado afuera a medida que avanzaba la tarde, aunque eso finalmente no ocurrió. Hubo inquietud por el cariz que pudo llegar a tomar las protestas por la noche, cuando la votación para darle media sanción al proyecto de ley sea inminente. Por lo pronto, no se había logrado dilucidar la responsabilidad por los enfrentamientos.

Desde el Polo Obrero Piquetero, el dirigente Eduardo Belliboni, uno de los principales responsables de la organización de la marcha, se desligó de los hombres que provocaron los incidentes. “Nosotros vinimos a manifestarnos. Somos miles y miles de personas en contra de un acuerdo colonial y humillante, que significa una enorme violencia contra la población”, dijo. Y aseguró que el grupo que tiró piedras al Congreso y se enfrentó a la policía era “muy pequeño”.
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“No sabemos quién los mandó, quizá fue el Gobierno, quizá los servicios. No es la primera vez que pasa. Pero aquí vinimos a protestar contra la violencia que el FMI, el Gobierno y la oposicion van a llevar a cabo contra la población argentina, que tiene 40 millones de pobres”, agregó.
Mientras tanto, en el recinto de la Cámara baja, los diputados superaban en ese momento las dos horas de exposiciones en un tratamiento sobre tablas. Alberto Fernández, por su parte, seguía de cerca la discusión en el recinto por televisión, desde su despacho en el primer piso de la Casa Rosada. Y recibía reportes del encargado de las negociaciones durante los últimos días, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.
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Desde el miércoles por la noche, el primer mandatario se mostraba satisfecho con el resultado de las negociaciones de los últimos días, que terminaron con el pacto para sacar un único dictamen en comisión, el miércoles, que les permitió debatir la iniciativa, a partir del jueves por la tarde, sobre tablas. Massa terminó de cerrar un día antes, al filo del abismo, con las autoridades de bloque de Juntos por el Cambio, que festejaron haber podido imponer su reclamo.

Las perspectivas, al promediar la tarde del jueves, se perfilaban positivas para el oficialismo en la sede legislativa. El buen ánimo prevalecía en la sede gubernamental, a pesar de que la decisión del Presidente de ceder ante las exigencias de la oposición terminaron debilitando a su ministro de Economía. Guzmán era el principal detractor de la introducción de cambios en el proyecto que contiene el resultado de las negociaciones que encabezó durante los últimos meses con el FMI. Esta semana, no casualmente, se encuentra en Estados Unidos, en un foro petrolero que se celebra en Houston. Se enteró allí, a miles de kilómetros del Palacio de Hacienda, de la decisión de Alberto Fernández y Massa de arreglar con la oposición, en detrimento de sus insistentes recomendaciones.
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La principal inquietud en la Casa Rosada -aunque menor que en los últimos días luego del pacto con la oposición que les permitirá aprobar el proyecto- era la postura intransigente y misteriosa del ala dura del Frente de Todos. El jueves a la tarde, el diputado Máximo Kirchner, titular de La Cámpora, quien renunció hace un mes a la presidencia del bloque oficialista, evitó dar quórum para la sesión. Y se desconoce aún si votará en contra o se abstendrá. En el Gobierno tienen esperanzas en que se incline por la segunda opción, lo cual robustecería su posición y el acuerdo. Si vota de manera negativa, la movida política pondrá en jaque la delicada unidad de la coalición.
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