La relación entre riesgo y beneficio en las inversiones financieras

El punto de partida es definir el perfil del ahorrista para poder armar una cartera acorde con sus expectativas

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Al tomar decisiones en un
Al tomar decisiones en un contexto de incertidumbre, como lo es todo en el mundo, la rentabilidad que podamos obtener con una inversión es incierta (Reuters)

Seguramente hemos escuchado muchas veces decir que las inversiones o los activos que tengamos en nuestra cartera van a depender de nuestro perfil de inversor. ¿Pero qué es el perfil de un inversor? Podría definirse como el nivel de tolerancia al riesgo que está dispuesto a asumir un ahorrista, entendiendo como la capacidad de asumir pérdidas en busca de mayores rendimientos.

Ahora bien, es importante establecer la relación entre riesgo y beneficio. Al tomar decisiones en un contexto de incertidumbre, como lo es todo en el mundo, la rentabilidad que podamos obtener con una inversión es incierta; por lo tanto, al hacerlo, estamos asumiendo riesgos. Por ejemplo, riesgo de cambios en la coyuntura económica no previstos, de cambios regulatorios o de políticas que afecten la inversión elegida, etc...

Si bien la aversión al riesgo es el factor fundamental que determina el perfil de un inversor, hay otros puntos que es importante mencionar, como, por ejemplo, el horizonte temporal al cual tiene pensado invertir o la situación financiera de cada uno, e incluso los conocimientos sobre inversiones.

Por lo tanto, hay tres principales perfiles de inversor que se suelen identificar:

Conservadores: Son aquellos perfiles poco propensos a asumir riesgos. Prefieren la “seguridad” a la incertidumbre, aunque eso implique menores rentabilidades. Su principal objetivo es mantener el valor de su dinero.

Moderados: Están dispuestos a tolerar cierto nivel de riesgo con el objetivo de obtener una rentabilidad un poco más alta.

Agresivos: Son los menos aversos al riesgo. Buscan la mayor rentabilidad posible, sin tener en cuenta lo expuestos que estén.

En la Bolsa de Comercio
En la Bolsa de Comercio operan habitualmente los inversores con perfiles de riesgo moderado y agresivos (Reuters)

Una vez conocidos los perfiles de inversor, podemos destacar algunos activos que no pueden faltar en la cartera de cada uno de ellos:

Para una cartera conservadora un instrumento interesante son los Fondos Comunes de Inversión (FCIs). Se trata de un vehículo financiero que permite a un grupo de personas con objetivos de inversión similares disponer de una administración profesional que se ocupa llevar a la práctica las estrategias necesarias para lograr ese objetivo, custodiando a la vez los activos en los que se invierte.

Entre las principales ventajas para un inversor, podemos encontrar su facilidad de acceso y la sencillez de su operatoria. Por su estructura, permiten acceso a alternativas que quizás los inversores minoristas no podrían de otra forma. No tienen fecha de vencimiento, y su valor diario es público. Su liquidez y la diversificación de su cartera ayuda a minimizar los riesgos, lo que es claramente uno de sus atractivos.

Hoy dentro de este universo se puede encontrar, por ejemplo, múltiples opciones de cobertura contra la inflación (fondos CER) o el tipo de cambio, o incluso alternativas al tradicional plazo fijo con la ventaja de poner contar con la liquidez de forma prácticamente inmediata.

Por otro lado, para una cartera moderada, no podrían faltar instrumentos de renta fija y, más específicamente los bonos. Básicamente un bono se trata de un préstamo que el comprador o tenedor (también conocido como bonista) realiza al emisor (El Estado o una entidad privada) del mismo, quien paga intereses periódicamente y reembolsa el capital principal en una fecha preestablecida. El bono genera una obligación financiera al emisor.

El bono genera una obligación
El bono genera una obligación financiera al emisor, el principal colocador es el Estado nacional

Al momento de la emisión de un bono, se especifica el monto, la moneda, el tipo de interés que devengarán (fijo o variable), la forma y fecha de pago de esos intereses, como también las condiciones y fechas en la que se abonará el capital. Por este motivo es que se conocen a los bonos como instrumentos de renta fija. Los compradores de bonos ya saben desde un primer momento cuál va a ser la rentabilidad de la inversión.

Visto de este modo, parece una inversión segura, pero aunque la realidad es que son una inversión con un riesgo bajo o moderado (según la coyuntura), ya tienen algunos implícitos que van a depender, sobre todo, de la solvencia del emisor. Por ejemplo, los bonos del Tesoro de Estados Unidos son prácticamente considerados sin riesgo, mientras que los bonos de algunos Gobiernos Nacionales tendrán un riesgo mucho más alto, pero por ese motivo, también ofrecerán un mayor rendimiento. Lo mismo sucede si estamos hablando, por ejemplo, de las ONs (Obligaciones Negociables). Este último es un bono que emite una entidad privada (una empresa) y su potencial riesgo dependerá del riesgo de crédito de la compañía que lo coloca.

Por último, una cartera agresiva se identifica más con instrumentos de renta variable, como son, por ejemplo, las acciones. Representan una parte del capital social de una empresa. Estas partes son poseídas por una persona, que recibe el nombre de accionista, y representan la propiedad que la persona tiene de la empresa, es decir, el porcentaje de la empresa que le pertenece.

El hecho de poseer acciones de una sociedad otorga derechos y obligaciones a su titular. Entre estos, están: el derecho a voto en la junta de accionistas, exigir información sobre la empresa, recibir dividendos o vender las acciones de las que disponga. Entre las obligaciones, el accionista deberá soportar pérdidas si la empresa no obtiene buenos resultados.

El hecho de poseer acciones
El hecho de poseer acciones de una sociedad otorga derechos y obligaciones a su titular. Entre estos, están: el derecho a voto en la junta de accionistas, exigir información sobre la empresa, recibir dividendos o vender las acciones de las que disponga. Entre las obligaciones, el accionista deberá soportar pérdidas si la empresa no obtiene buenos resultados (Reuters)

El riesgo al invertir en acciones está, entre otros, en que a la empresa no le vaya bien. Eso hará disminuir el valor de su cotización en el mercado secundario ya que muchos accionistas, preferirán vender su tenencia.

Por la ley de la oferta y demanda, cuando la presión oferente o vendedora es más alta, los precios caen, mientras que cuando hay mayor presión compradora o demanda, los precios suben. Esto es lo que hace que el precio de una acción varíe en forma constante dentro del mercado. Por ese motivo, son instrumentos de mayor volatilidad y más alto riesgo.

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