
¿Qué pasa si la encarnizada bravata de Perón tiene a un chico del secundario como enemigo? A esta locura hemos llegado.
La profesora de Historia violenta de La Matanza que humilló y maltrató a un alumno por pensar distinto no tuvo sanciones, cobró siempre su sueldo y podría volver a la misma escuela donde Jeremías la denunció.
Afirma Fabián Debesa en el diario Clarín que “un laborioso entretejido de cobertura institucional y política la protegió de posibles sanciones” y “evitó que la agente fuera suspendida, cesanteada o exonerada de su función”.
“Es ella o yo. Si vuelve a la escuela, yo me voy”, anticipó Jeremías, de 15 años quien defendió sus ideas frente a la hostilidad de la profesora Laura Radetich en la Escuela Secundaria Técnica N 2 de La Matanza.
Proteger a la docente violenta es abandonar al alumno, validar la violencia, revictimizar a la victima, volver a humillarlo, y más, propinarle un castigo psicopático por expresarse, dejar consolidada la intolerancia, y consagrar el adoctrinamiento.
Días después de aquel episodio ocurrido hace dos meses, otros chicos de la escuela se unieron para defender a quienes pudiera pasarles lo mismo con otros docentes por situaciones similares. Algo había cambiado. Había chicos decididos a hacerse respetar.
Pero al mismo tiempo, aparece la inaceptable condición por la cual lejos de promover una cultura democrática en la escuela, se termina instalando la acechanza y la persecución ideológica como clima de estudios, se desalienta el pensamiento crítico y reina la impunidad con el consiguiente efecto perverso de la injusticia. El chico indefenso queda más indefenso con su victimaria empoderada. El lobo está entre los corderos. El depredador de expresión tiene la licencia de silenciar renovada , para oprimir, para domesticar.
Por lo pronto la docente Radetich -porque sigue siendo docente y cobrando como docente- cuenta con licencia por enfermedad y volverá cuando el médico considere que está recuperada. Ella. Ella es la víctima.
Cuando el hecho generó conmoción y repudio social era impensado que el propio presidente saliera a defender a una violenta llamando al incidente una invitación a discutir y una manera de “abrir la cabeza”. Extraña percepción de la pedagogía por parte de quien también es profesor. El aparato ideológico enquistado en lo más alto de la jerarquía del poder con su praxis facciosa mostraba al jefe de estado como garante de la intimidación y apañando el abuso. Es decir reiterando el abuso y agravándolo porque clara está la diferencia en rango que impone condiciones de desventaja en una discusión en la cual el alumno maltratado depende de la docente para recibir sus calificaciones. Qué decir si el presidente también castiga al chico.
La realidad es que la docente violenta de La Matanza, no es una excepción. El Gobierno ejerce violencia ideológica desde la cumbre del poder.
El delirio ideológico puede llegar a poner en riesgo la salud pública como cuando se frenó las vacunas norteamericanas para favorecer a las chinas y rusas sin que importara que había vidas en juego.
La sociedad mira estupefacta cómo la ideología ha taponado cualquier rasgo de piedad. A la gente común la cazan los delincuentes, en el sur la acción terrorista tiene complicidad del gobierno, y nadie amonesta las admoniciones anti democráticas de personajes como Emilio Pérsico. Sólo por dar algunos ejemplos.
El punto más perverso del empecinamiento ideológico es que no se conmueve ante la tragedia. Incluso prefiere profundizarla. Elige un ideal por sobre las personas. Como en el caso de La Matanza donde se eligió cancelar a un chico y a sus derechos para defender a una maltratadora.
Al enemigo ni justicia. ¿Se darán cuenta que se están haciendo enemigos del pueblo?
* Editorial de Cristina Pérez en “Confesiones en la noche” (Radio Mitre)
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