
¿La emisión monetaria siempre alza los precios de la economía? No, cuando la emisión es deseada por quienes ofrecen bienes a cambio. Toda transacción -intercambio voluntario de derechos- no tiene por qué hacer subir los precios. Si el gobierno compra colchones emitiendo pesos que son demandados por otras personas, el proveedor cambiará los pesos recibidos por otros bienes que necesita, y se mantiene el equilibrio en el mercado de bienes. Nada debiera cambiar.
El conflicto aparece cuando la emisión monetaria no es deseada por los agentes económicos a los precios vigentes. Todos buscarán desprenderse de pesos intentando comprar bienes que no deseaban antes, sólo en un intento de preservar el poder adquisitivo.
Ante el desequilibrio, surgen deseos de imposible cumplimiento. La suba de precios impone pérdidas de la capacidad de compra a todos, aunque no hayan participado de los negocios con el gobierno. Los pesos sobrantes buscan bienes faltantes; la cantidad ofrecida o el precio de tales bienes debiera aumentar hasta conformar a los agentes económicos. Cuánto más crezca la oferta de bienes buscados menos aumentarían los precios.
Pero los controles de precios, de divisas y de otros activos restringen las decisiones. Si los productores no pueden expandir la oferta, a los valores anteriores, o subir los precios, disminuirán la cantidad o calidad ofrecida. Por eso las naciones que procuran atender las necesidades de la población no imponen controles de precios.
Mi amigo, el economista Juan Carlos de Pablo contabiliza en sus informes 89 premios Nobel de economía, ninguno fue galardonado por propiciar controles de precios o que el Estado dirija la economía. Ni siquiera Joseph Stiglitz, amigo del gobierno y mentor del ministro Martín Guzmán, recibió el galardón por eso.

La inflación es un impuesto no legislado a las tenencias de pesos y activos nominales. Como toda imposición, es una violencia a las personas. Por eso, las naciones en general que avanzaron instituyeron la división de poderes: Ejecutivo, Parlamento y Justicia para acordar decisiones aceptables.
La decadencia argentina resulta de imposiciones contrarias a las voluntades individuales. Por eso el país cayó en el canibalismo económico, individuos despojándose a sí mismos, para privilegio de pocos. Todas las iniciativas, contratos, atraen irrupciones sorpresivas, de políticos y de poderosos, convidados de piedra siempre presentes. Gobernantes e influyentes se abren paso a los codazos a la mesa del reparto, sin invitación; alteran continuamente los contratos privados. Inseguridad mayúscula. En contraste, las naciones avanzadas se interesan y relevan periódicamente los sentimientos de la población. Miden si protegen los derechos individuales.
La preocupación por la economía
Conforme a la encuesta de Standard Eurobarometer, de junio-julio 2021, las opiniones respecto de la Unión Europea permanecen positivas y estables. El optimismo y confianza respecto del futuro de la UE está al máximo desde 2009 y el apoyo al euro el más elevado desde 2004. También indica una mejora sustantiva de la percepción de la economía nacional.
La ciudadanía identifica a la situación económica como su mayor preocupación, seguida del medio ambiente, cambio climático y la inmigración, a nivel de la UE. A nivel nacional, la salud y la economía son los interrogantes primeros. La mayoría está satisfecha con las medidas adoptadas contra la pandemia y piensan que el plan “Próxima Generación UE” será exitoso. Dos tercios confían la UE tomará las decisiones correctas en el futuro contra la pandemia.
El siguiente mapa refleja la confianza en la gente de distintas regiones de la UE. Se verifica un elevado índice de aceptación, mayor satisfacción e ingresos. Muy distintos resultados obtendrían en América Latina y la Argentina.

La UE descansa en la fortaleza de los derechos individuales para su progreso. En la Era de la Inteligencia y Conocimientos son las instituciones para avanzar las libertades personales las promotoras del desarrollo.
Una mirada opuesta a la de los países corroídos por ideologías del retraso, predicadores de ritos, magias, creyentes que el genio de unos pocos iluminados puede conducir más sabiamente que la mayoría de los 8.000 millones de personas coordinados por el comercio e instituciones libres de trabas artificiales. Todavía agobian demasiados escollos redundantes pero, poco a poco, los pueblos los superan y prosperan.
Calculamos que los escollos artificiales a la competencia deprimen la mayor parte de los PBI por habitante de todas las naciones, salvo las 15 que, por eso, son las más avanzadas. A menores impedimentos redundantes, mayores ingresos personales.
En el fondo, se trata de una pugna por poderes, riquezas. Un grupo de dirigentes menosprecia a sus pueblos para enriquecimiento a sí mismos. Varios saben que los controles impuestos sólo los avanzan a ellos en sus ambiciones y empobrecen a sus súbditos. Imponer restricciones de precios, cambiarias, etc., los exhibe ocupados en defender a su pueblo contra los infractores señalados por las leyes y reglamentos, que dictan a ese efecto. En la tribuna, ellos se aplauden por la representación conjunta. Las libertades personales, comunicaciones, votaciones libres y transparentes limitan esas corrupciones; por eso las combaten.
Gobiernan con ritos mágicos. Imprimen dinero que los posibles oferentes no desean recibir entregando bienes propios a precios anteriores. Les imponen la obligación de hacerlo y declaran culpables si no lo hacen.
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