
A través de un inaceptable comportamiento protagonizado por el embajador argentino en Chile, Rafael Bielsa, el Gobierno Nacional defendió a Facundo Jones Huala, líder del grupo Resistencia Ancestral Mapuche (RAM).
Los hechos equivalen a una defensa oficial de un individuo que niega el Estado argentino, que ha protagonizado hechos delictivos y promueve la disolución nacional a través de proclamas secesionistas.
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Actuando como virtual abogado defensor de quien pretende retornar a la Argentina para reunirse con los grupos radicalizados que promueven la secesión de una región del país con el objeto de crear una suerte de Estado Mapuche, el embajador Bielsa se presentó el pasado 5 de octubre ante la Comisión de Libertades Condicionales de la Corte de Apelaciones de Temuco. Allí, el máximo representante argentino ante el Estado chileno adoptó un irresponsable curso de acción pretendiendo refutar los argumentos del abogado de la Intendencia Regional de los Ríos, comprometiendo a la Argentina en su conjunto en la defensa de quien ha actuado como un terrorista, tanto en nuestro país como en tierra trasandina.
Huala permanece detenido en Temuco, en el sur de Chile, tras ser sentenciado a nueve años de prisión por hechos de violencia producidos en medio de una revuelta mapuche contra el Estado chileno. Al tiempo que, en nuestro país, protagonizó delitos contra el Estado y contra la propiedad privada en reiterados episodios colocándose a sí mismo en la categoría de subversivo.
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Resulta indignante ver cómo nada menos que nuestro embajador en Chile actúa como abogado defensor de un individuo que niega el Estado argentino, que desconoce las instituciones de la Argentina y que promueve la disolución territorial de nuestro país a través de acciones delictivas contra el Estado y la propiedad privada.
Los actos de Bielsa implican, además, un potencial conflicto diplomático con una nación hermana con la que nos unen cinco mil kilómetros de frontera terrestre. Los hechos tienen lugar en el especial contexto en el que las autoridades constitucionales de Santiago son hostigadas por movimientos insurreccionales en el sur del país. Extremo que provocó la reciente orden de “militarización” en regiones afectadas por la violencia del conflicto entre activistas mapuches y las tropas representantes del Estado chileno, una circunstancia que el embajador acreditado ante el Palacio de la Moneda no puede desconocer.
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Y aunque fuentes oficiales pretendieron engañar a la opinión, sosteniendo que la actuación del embajador debía interpretarse conforme al deber de asistencia consular que todo ciudadano argentino merece en el exterior, lo cierto es que su conducta evidenció un propósito evidentemente político.
Algunas circunstancias inequívocas así lo acreditan. El doctor Bielsa es un reconocido jurista y un hombre con una dilatada experiencia en el sector público -habiendo servido a casi todos los gobiernos civiles y militares de las últimas décadas- llegando a ocupar nada menos que la titularidad del Ministerio de Relaciones Exteriores (2003-2005); lo que confirma que no pudo no conocer la gravedad de sus actos.
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Con su actitud, el embajador Bielsa compromete a la Argentina en su conjunto toda vez que cualquier acto realizado por un representante del Estado no puede sino ser interpretado como una acción realizada en virtud de esa representación.
Sus actos equivalen a brindar aval al terrorismo y merecen nuestro más firme repudio.
Mariano A. Caucino es especialista en relaciones internacionales. Sirvió como embajador en Israel y Costa Rica
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