
El Gobierno promete a los inversores en Nueva York que no se radicalizará mientras acá se radicaliza controlando precios.
Ellos preguntan cómo iremos hacia adelante y aquí tienen pisada a fondo la marcha atrás. La Ley de Abastecimiento es de 1974.
El Presidente pregona amor y paz ante los empresarios en el Coloquio de Idea pero la zanahoria no parece creíble cuando al mismo tiempo aparece el garrote de los precios máximos que no funciona desde los 70.
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El Presidente asegura que no quiere planes sino trabajo pero promete que se le mantendrá la ayuda social a quien encuentre trabajo. Los planes no se van. Sincera sin dudas, que desalientan el nuevo empleo o lo alientan pero en negro.
Dice que bajaron los planes pero confunde los números, y en realidad enuncia una suba. Freud se haría un festín. “De los 200 mil planes nosotros en el 2007 bajamos los planes a 400 mil”, afirmó el Presidente. Las cosas no bajan de 200 a 400. Suben. Esto quedó asentado incluso en el sitio de la Casa Rosada.
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El Presidente promete que la doble indemnización y la prohibición de despidos son transitorias pero llevan casi dos años de transitoriedad.
El año que viene, aseguran, ahora sí, habrá acuerdo con el Fondo. Pero ellos, internamente, aún no se pusieron de acuerdo. “El problema a esta altura es: ¿acuerdo sobre qué si nadie sabe en qué tierra se hará pie después del 14 de noviembre?”, afirma la analista Virginia Porcella.
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En la noche de este viernes una misión argentina encabezada por el ministro Martín Guzmán se reunía informalmente con un enviado de Kristalina Georgieva. En el Fondo, dicen, tienen la voluntad de un preacuerdo. Pero, ¿y las tarifas, y los subsidios y los controles de precios? La voluntad no viene sola y nada tan abstracto como la voluntad de una sola parte.
La pregunta siempre es la misma. Y todo lleva a Cristina Kirchner. ¿Esta vez querrá Cristina, que sigue impulsando desde las sombras medidas ideadas con el espejo retrovisor? Para tratarse de una simulación de rebeldía ya lleva demasiado tiempo pisando un posible acuerdo. Ella sólo necesita a quién culpar. En realidad, mejor dicho, sólo necesita que no la culpen a ella. Aunque también para eso parece demasiado tarde. Y demasiado grave. Dicen que las expectativas son lo que se responde a la pregunta de “¿Qué crees que va a pasar?” Nadie piensa a esta altura que pasará lo que promete el Gobierno.
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* Editorial de Cristina Pérez en “Confesiones en la noche” (Radio Mitre)
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