
El Foro Económico Mundial en su reporte pre-pandemia proyectaba que se necesitarían 257 años para cerrar la brecha de género. ¿Cuánto daría el número si se repitiese hoy el análisis? Un mayor nivel de equidad e inclusión de las líderes mujeres es neurálgico para avanzar en este camino
El discurso está instalado, sin embargo los datos no lo reflejan. La importancia de promover culturas organizacionales que impulsen la equidad de género continua siendo un pendiente, el cual se ha potenciado en el marco del COVID -19.
Las líderes mujeres en la Argentina ocupan solamente el 34% de las posiciones gerenciales-directivas en organizaciones privadas y el ingreso mensual es 27% menor que el ingreso que recibe un hombre ante la misma posición.
Sin embargo, se escucha defender argumentos sobre la líder mujer y su inteligencia emocional, empatía y como consecuencia sus atributos en la comunicación interpersonal. Incluso, los estudios demuestran que las mujeres son mejor evaluadas por sus colaboradores y que sus resultados son sobresalientes. Sin embargo, a pesar de las reconocidas habilidades comunicacionales, los relevamientos del mercado siguen demostrando el camino que aún tenemos por delante para recorrer.
De aquí surge la pregunta: ¿A qué se debe entonces la desigualdad tan marcada en el universo de posiciones de liderazgo donde 7 de cada 10 personas son hombres?
En primer lugar, la pandemia, en la cual aún nos vemos inmersos, ha acentuado esta problemática. Las restricciones generalizadas de nuestra cotidianidad, el cierre de las escuelas y el trabajar desde la casa, han incrementado fuertemente las tareas en los hogares las cuales fueron absorbidas en gran parte por las mujeres.
Los datos de McKinsey & Lean demuestran datos en la misma línea. Más del 70% de los hombres declaran compartir equitativamente las responsabilidades del hogar con su pareja durante la pandemia, mientras que sólo el 40% de las mujeres dicen lo mismo. Esto tiene consecuencias en el estado físico-emocional de las mujeres impactando en su vida personal y profesional. El 54% de las mujeres en funciones directivas declaran estar exhaustas y el 39% quemadas, mientras que sólo el 41% y el 29% de los hombres sienten de igual modo.
Un segundo aspecto es la falta de regulaciones que acompañen la inclusión del tema en la agenda de las organizaciones. Hace algunos días la justicia dejó sin efecto la resolución de la Inspección General de Justicia de nuestro país que disponía la necesidad de incluir en su órgano de administración una composición que respetase la igualdad de género.
Para reducir la brecha, necesitamos sumar elementos de discusión y fundamentos en pos de generar conciencia en aquellos que tienen poder de decisión para impulsar cambios en las organizaciones, como así también, generar valor al sentir de las mujeres para desarrollar su autopercepción y que reconozcan sus fortalezas para aportar a los negocios y de este modo lograr un cambio de su presencia en las organizaciones.
Esperemos que la evolución cultural en la que ya estamos inmersos, acelere su ritmo, comprendiendo la complejidad de los cambios, experimentando la audacia, haciéndonos cargo de las decisiones diferentes que se necesitan, para liderar exitosamente los desafíos que los negocios de hoy requieren.
Depende de todos. ¡Hagámonos cargo!
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