La misma fecha

Aprender lecciones requiere humildad. Es evidente que, en la política, el oficialismo y la oposición, no son capaces de tenerla. Deberíamos rezar para que la adquieran

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Juan Domingo Perón (Photo by
Juan Domingo Perón (Photo by Keystone/Getty Images)

Pura coincidencia. Pero en realidad el 4 de junio de 1943 y el 4 de junio de 1975 fueron fechas en las que la Argentina tuvo un giro.

En el primer caso, un golpe militar –el segundo que rompió la Constitución de 1853, el primero en 1930– que más que un giro fue un cambio en la trayectoria de la economía y la sociedad –desde el punto de vista estructural– que incorporó rompiendo las reglas de juego y mediante la violación de las normas democráticas y republicanas, una segunda etapa del proceso de industrialización iniciado en 1930. La Revolución del 43 de la que Juan Perón fue protagonista, según sus propios dichos en el exilio español, contenía todo el programa que luego, elegido Presidente con la reinstalación del sistema constitucional, ejecutó. La forja de estructura que se inicia en los 30 es la de la industrialización.

Lo que se inicia en el 43 y se profundiza luego de las elecciones es la industrialización más el desarrollo del mercado interno más todos los componentes del Estado de Bienestar que fue “la política en auge” en las democracias europeas occidentales de posguerra.

En esos procesos, fundamentalmente en Alemania Occidental, en Italia y en buena medida en Francia – para citar a los más grandes– se impuso el modelo de concertación social y económica y del consenso político, alentado principalmente por los partidos demócrata cristianos o social cristianos que respondían a la inspiración de la Doctrina Social de la Iglesia.

Se trataba de una terapia de reconciliación luego de las tensiones de la guerra y de una respuesta de raigambre doctrinaria ante el avance del comunismo, luego del Pacto de Yalta, en Europa. El desarrollo de un “estado de bienestar” era una respuesta en democracia a las reivindicaciones comunistas que, para ser cumplidas, exigían la renuncia a la democracia y a la constitución del “partido único”.

En palabras de Juan Perón, la Revolución del 4 de junio de 1943 se realizó para impedir el golpe comunista que preparaba la CGT, dominada por ese partido, para ese mismo día. La respuesta del GOU –el grupo militar que Perón integraba– era justamente realizar esas conquistas sociales en el marco de un proceso democrático al que se convocaría electoralmente, según sus palabras, cuando los padrones garantizaran que no habría fraude. Más allá de la violencia constitucional que no todos compartían, muchos sectores con fuerte compromiso político y social, consideraban que el proceso de industrialización en marcha requería una mayor presencia del Estado con la finalidad de ampliar la participación de los sectores postergados en los beneficios de ese crecimiento. Un Estado ampliando las garantías de los bienes públicos y sosteniendo las políticas de redistribución de ingresos y generación de empleo.

El 4 de junio de 1943 comenzó una suerte de aceleración del proceso de industrialización sustitutiva de importaciones ya iniciado en los 30 y de ampliación del mercado interno vía redistribución y la gestación de un Estado de Bienestar.

Arturo Frondizi
Arturo Frondizi

Las bases de ese modelo no se modificaron esencialmente con la Revolución de 1955 que lo derrocó a Perón y a partir de las políticas iniciadas en 1958 con el gobierno de Arturo Frondizi, elegido con la proscripción del Partido Peronista, el proceso de industrialización recibió un impulso tal que mejoró notablemente las condiciones de productividad de la industria e inclusive inició el proceso de modernización de la producción agropecuaria.

En 1963 la elección de Arturo Ilia, nuevamente con la proscripción del peronismo, permitió la continuidad de ese modelo incorporando por primera vez, para administrarlo, la política de ingresos que se hizo celebre con el programa del 15 y el 12%: 15% para los salarios y 12 para los precios.

El gobierno de Illia que reinstaló los planes de desarrollo como fuentes de pensamiento de largo plazo de la acción de gobierno, a la manera de los planes quinquenales del período peronista, continuo el procesó de industrialización más Estado de Bienestar que para entonces llevaban casó dos décadas de continuidad.

Derrocado en 1966 por un golpe militar, el gobierno de Illía fue una continuidad en el modelo de industrialización más Estado de Bienestar e incorporó los planes de largo plazo diseñados por profesionales y especialistas, de distintas visiones, ideologías y compromisos políticos.

El gobierno militar iniciado en 1966 –en lo esencial y referido a la estructura de la economía– mantuvo la misma dirección que hemos sintetizado como industrialización más Estado de Bienestar.

En ese período se desarrolló el proceso de lucha armada con de la guerrilla que comenzó como un compromiso marxista vinculado y asociado a la Revolución Cubana; la continuidad y la mayor expresión política la logró cuando los Montoneros se identificaron con el peronismo proscripto.

Pero en esos años el hecho político más relevante y de mayor impacto fue el “Cordobazo” que disparó en los militares la búsqueda de una salida electoral.

En ese marco los partidos políticos, que condenaban la lucha armada y la propuesta de alcanzar el poder por la violencia para instalar el socialismo, construyeron un consenso político y económico y social junto a las organizaciones sociales y empresarias. Ese acuerdo sostenía la necesaria continuidad del proceso de industrialización y del Estado de Bienestar que había rendido sus frutos, pero se señalaba la necesidad de un proceso de redistribución del ingreso y de expansión de las exportaciones industriales, ya que el enorme crecimiento de la productividad de la última década de no materializarse con la ampliación del mercado externo y la consolidación del interno, amenazaba el estancamiento. La última etapa del gobierno militar había gestado una enorme presión inflacionaria y una peligrosa desaceleración de la economía con un incremento del desempleo.

Las elecciones, en las que por primera vez luego de 18 años participaba el peronismo, posibilitaron la realización del compromiso que habían adoptado los partidos políticos y las organizaciones sociales y económicas. El llamado Pacto Social fue la metodología para, en el marco de la estanflación, volver a crecer y detener el proceso inflacionario. La redistribución y las exportaciones industriales fueron los objetivos de largo plazo en el marco de un Plan Trienal que incluía el reconocimiento de la necesidad de expandir la frontera agropecuaria e incorporar nuevas producciones, como la soja; y nuevas fuentes de energía binacionales como Yacyretá que es una continuidad estratégica de Salto Grande.

Arturo Illia con la banda
Arturo Illia con la banda presidencial. Estuvo al frente del gobierno entre 1963 y 1966

El propio Perón, derrocado pero identificado con la estructuración de la economía de largo plazo que lo sucedió a su caída dijo: “Son todos peronistas”. Una manera, una de tantas, de comprender que lo estructural iniciado en los 30 y ampliado en las etapas posteriores, era un modelo de crecimiento y bienestar construido a partir de la perdida del “motor del Imperio Británico” al que había sepultado la crisis del 30 y que había adquirido otra dinámica a partir de un 4 de junio de 1943.

Otro 4 de junio, el de 1975, ese modelo de “acumulación y distribución” que se había desarrollado, inicialmente en los 30, reformulado a partir del golpe del 43 y ratificado con distintos acentos hasta la tercera elección que ganó Juan Perón, terminó de la peor manera imaginable.

Terminó con la, de hecho, traición de la propia esposa, puesta por él en la línea de sucesión, asesorada, hechizada o dominada por un personaje siniestro, una suerte de Rasputín, en estado de demencia que afirmaba que Perón era la encarnación de un faraón y que él, López Rega, lo mantenía con vida.

Todos esos demonios asaltaron la historia argentina en aquellos días espantosos. Todo el proceso se produjo de manera brutal mediante el llamado “rodrigazo”. De un día para el otro todos los contratos que establecen las relaciones económicas y sociales, estallaron. Nada, absolutamente nada, volvió a ser igual. A partir de ese día el desequilibrio y la inestabilidad fue la norma. La especulación construyó fortunas en tiempos antes inimaginables. Y también destruyó patrimonios a la misma velocidad.

En un solo día todas las variables económicas y las relaciones entre ellas volaron por el aire. Un grupo de irracionales gobernados por pensamiento mágico le puso una bomba a un sistema que –lo veremos luego– conformó más de 30 años de crecimiento y bienestar. ¿Por qué lo hicieron? Lo que sigue es una breve descripción de qué y quiénes lo hicieron. Permite sacar conclusiones. La historia nos enseña lo que no tenemos que repetir. Pero…

La consecuencia del “rodrigazo” fue una fenomenal mutación sistémica que, por sus daños, ha dejado dos lecciones sobre el arte de gobernar.

Celestino Rodrigo
Celestino Rodrigo

El 4 de junio de 1975, Celestino Rodrigo, Ricardo M. Zinn y Pedro Pou –de la secta “Caballeros del Fuego” conducida por José López Rega– en medio de una crisis de desequilibrios coyunturales sucesivos asumieron la conducción económica con el propósito de poner en marcha una transformación estructural destinada a instalar una economía y una sociedad, autoreguladas por el mercado. Es decir, el fin de las políticas activas y de la estrategia de desarrollo.

Lo hicieron en un gobierno debilitado por la muerte de Perón y que se desempeñaba en el marco de la violencia guerrillera que había desafiado al líder del peronismo con el asesinato de José Rucci.

López –después de la última aparición en la Rosada de Perón (12/6/73)– dio un “Golpe de Palacio” bloqueando la gestión del Ministro José Gelbard y generándole la imposibilidad de tomar decisiones y dilatando su renuncia.

El segundo paso fue (10/1974) designar a Alfredo Gómez Morales en reemplazo de Gelbard.

Sus nueve meses de inacción deterioraron las variables económicas heredadas, posición de reservas, tipo de cambio, tasa de inflación, posición fiscal, salarios, etc.

Bajo las presiones del shock petrolero, esa inacción fue una eternidad. Gómez se propuso (y lo logró) desandar el camino de la concertación y de la idea motora de las exportaciones industriales: sostenía que no teníamos condiciones y que no debíamos procurarlas, para exportar industria.

Precedieron al “rodrigazo” nueve meses de desequilibrios, creciente debilidad de un gobierno cercado por la realidad económica, la virulencia guerrillera y el creciente malestar de sectores que alentaban el retorno “del orden de las fuerzas armadas”.

Zinn “ejecutor del “rodrigazo”, acababa de presidir el Banco Unido de Inversión (Sasetru), acordó su programa con J.A. Martínez de Hoz líder del Consejo Empresario Argentino.

No es posible comprender el significado del “rodrigazo” sin tener en cuenta que Zinn, después de aquella breve gestión contundente, participó en los elencos de la Dictadura Genocida –autor de la frase “los argentinos somos derechos y humanos”– que derrocó al desconcertante gobierno de María Estela Martínez; y también integró el de Carlos Menem junto a María Julia Alzogaray.

Pou presidió el Banco Central con Menem y tuvo peso hasta en el gobierno de la Alianza y fue uno de los fundadores del CEMA que proveyó de funcionarios de los gobiernos que completaron la faena iniciada hace 46 años por Zinn.

Según Zinn, López Rega, “el brujo”, inspiraría “el cambio de la Argentina”. No se equivocó: los “Caballeros del Fuego” colocaron una bomba tal que hizo estallar el sistema que, con sus más y sus menos, había sostenido 75 años de crecimiento y progreso social.

Aprovechando la debilidad de los escombros y bajo una Dictadura feroz, los “Caballeros” y los que, sin pertenecer a la secta, sostuvieron sus mismas ideas, hicieron el trabajo que nos instaló en la decadencia.

El “rodrigazo” cambió la dirección de la economía. Pero fueron más decisivas sus ideas, continuadas con la violencia de la Dictadura, que el ajuste brutal de tipo de cambio, tarifas y salarios, realizado para modificar los precios relativos.

El “trabajo sucio” fue el punto de quiebre de una trayectoria de progreso que, desde 1975, trocó en una decadencia que parecería imparable.

En 1930 salimos de la crisis mundial con la industrialización sustitutiva de importaciones; el fin de la SGM nos incorporó a las políticas del Estado de Bienestar y al desarrollo del mercado interno; a fines de los 50 un salto cualitativo consolidó esas transformaciones; y desde 1964 experimentamos un extraordinario incremento de la productividad que fue, 10 años después, la base material para un consenso redistributivo y de promoción de las exportaciones industriales.

Desde 1900 hasta 1975 nuestro PBI ph fue siempre el 75% del de Australia (Federico Sturzenegger). Entre 1944 y 1974 el PBI ph creció al mismo ritmo que EEUU. Desde 1975 vivimos en divergencia continua.

En 2020 el PBI ph fue igual al de 1974 (Martin Rapetti). El número de personas pobres desde 1974 a la fecha, creció al 7% anual acumulativo.

Durante estos 46 años nos endeudamos enloquecidamente en dólares y estamos en alerta de default.

Más allá del impacto brutal del “rodrigazo”, su procura excluyente de la autoregulación de los mercados disparó nuestro proceso de decadencia moral, económica y social. La corrupción, el estancamiento, la pobreza.

Su primera lección es que, en una crisis, aguas agitadas, un gobierno débil –por la íntima inestabilidad de quien tenía la “firma”– y un grupo de fanáticos empoderados, con ideas simplificadoras en extremo, hacen altamente probable una catástrofe. Es lo que entonces ocurrió.

La segunda, es que –en una crisis– sólo el consenso fortalece a los gobiernos y que la complejidad de toda crisis exige, para superarla, una visión arquitectónica. Es lo que no ocurrió y desesperadamente reclamamos, aquí y ahora, para que no vuelva a ocurrir.

Aprender lecciones requiere humildad. Es evidente que, en la política, el oficialismo y la oposición, no son capaces de tenerla. Deberíamos rezar para que la adquieran.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra: el desastre generado en 1975 al que acrecentó la Dictadura Genocida y, lamentablemente, no supieron superar todos los que los sucedieron, instalaron un rosario de tropiezos continuos.

¿Cuál será la fecha en que dejaremos de tropezar?