Arbitrariedad y demoras imperdonables

Cuarentena eterna, cepo a las vacunas norteamericanas, asedio a la Capital, cierre de las escuelas y castigo a los viajeros: son parte del avance, camuflado de política sanitaria, de un gobierno que no disimula que quiere controlarlo todo

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Vista de una persona que
Vista de una persona que prepara una vacuna contra la Covid-19. EFE/EPA/MICHAEL REYNOLDS/Archivo

El gobierno no disimula que quiere controlarlo todo. La economía y la vida de las personas. La pandemia les proveyó un laboratorio de ensayo para la reacción social al control y a las restricciones. Y a la par de las restricciones, que eran quizás necesarias en la primera etapa de la emergencia, vimos colarse las restricciones con tinte ideológico y politico y la intención de mantenerlas en el tiempo. La cuarentena eterna, el cepo a las vacunas norteamericanas que retrasó valiosos meses la inmunización en Argentina sin explicación, el asedio a la Capital, el cierre de las escuelas o, últimamente, el castigo a los viajeros fueron parte de ese avance, camuflado de política sanitaria, al tiempo que los resultados de la gestión de la pandemia sólo empeoraban.

Convertir a los DNU en normalidad y tomar decisiones contrarias a la Constitución sin ningún control fue la táctica para lo que pareció una estrategia de mayor alcance: instituir la arbitrariedad.

Las expropiaciones o el avance sobre las autonomías, como la de la Ciudad de Buenos Aires, sólo fueron frenados en los tribunales. Y hay una lista interminable de decisiones administrativas que si llegaran a la corte no pasarían el control de constitucionalidad y que chocan con derechos superiores a cualquier antojo político.

En Argentina se respira control y las ansias de sumar todo el poder posible son palpables con ejemplos de todo tipo.

El cepo a la vacuna de Pfizer que ahora buscan revertir es inexplicable. Tozudez ideológica o negocios inconfesables. No sabemos la razón pero sí nos queda la impotencia de pensar cuántas personas podrían haber salvado su vida o evitado un contagio si se hubiera contado a tiempo con vacunas que Argentina tenía a disposición por haber participado del desarrollo cientifico con 6 mil voluntarios ¡¡¡y sin embargo dejó pasar!!!

En estas horas, esa saga tuvo otra escena de flagrante contradicción: el oficialismo de la Cámara de Diputados pudo enmendar la ley que permitiría acceder a esas vacunas, que incluyen la que es para niños, pero increiblemente rechazaron hacerlo. Se trataba de un proyecto de la oposición que buscaba borrar la palabra negligencia que inexplicablemente le puso un cerrojo a la vacuna más prestigiosa del mundo. Al tiempo que los diputados elegían darle la espalda a la sociedad, sorprendentemente el PE dejó trascender que haría esa modificación por decreto. ¿Cuál fue la razón para que tuviera fuerza de ley este cambio? ¿No darle un triunfo a la oposición? ¿O que no iban a tener la aprobación de Cristina en el Senado?

Y la pregunta que sigue inmediatamente: ¿será suficiente un DNU para las garantías que piden los laboratorios? Fuentes de Pfizer afirman que siguen negociando. La cuestión no está saldada. La esperanza de tener esta vacuna, que incluye la que sirve para niños y adolescentes, hizo que una madre que representa a menores en riesgo dijera que fue el dia más maravilloso desde que empezó la pandemia. ¿Cómo se puede calificar a los que demoraron la llegada de las vacunas desde el año pasado?

¿Y qué hay detrás de esta demora sino la opacidad de intereses que no son los de la sociedad?

Es primordial que las decisiones relacionadas con la pandemia se encaucen institucionalmente. Ya pasó un año y medio para excusarse en la emergencia y para seguir haciendo de la arbitrariedad ni más ni menos que la norma.