
El archiduque Francisco Fernando era, en 1914, el hombre más importante del ejército del Imperio Austro-Húngaro. Sobrino del emperador Francisco José I se convirtió en el heredero al trono ya que los demás miembros de la línea soberana de los Habsburgo habían muerto. Su pasión por la milicia le habían dado un poder natural sobre el ejército del poderoso imperio y por eso el 28 de junio de 1914 se encontraba en Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, realizando una inspección general a los cuarteles militares.
Para entonces, algunos de los pueblos eslavos de la zona de los Balcanes eran parte del gran Imperio Austro-Húngaro y el Archiduque, preocupado por las tensiones nacionalistas entre croatas, bosnios y eslovenos, era partidario de hacer una transformación en el tipo de monarquía para reconocer de alguna manera la autonomía de las minorías eslavas.
Pero los serbios no querían ese tipo de cambio ya que estaban convencidos de mantener el presente statu quo con el objeto de someterlos a su poder. En ese contexto surgió la “Mano Negra”, el grupo extremista serbio que decidió el asesinato del archiduque Francisco Fernando porque resultaba un peligro para sus intereses. Por ello, Gavrilo Princip (20 años) perpetró el homicidio en ese fatídico 28 de junio en la entrada a la zona más antigua de Sarajevo, a escasos metros del puente otomano denominado “Latino”, sobre el río Miljacka.

La historia del mundo lamentablemente descarriló en esa angosta esquina de una aparente apacible ciudad pero con explosivas tensiones en su interior. Los disparos mortales del joven príncipe fueron el detonante que provocó una herida de muerte a toda Europa ya que con este atentado mortal se inicia la I Guerra Mundial, uno de los más cruentos conflictos de la humanidad.
Desde el primer minuto el Imperio Austro-Húngaro tomó represalias contra Serbia por el asesinato y, en simultáneo, Rusia entró en apoyo de estos últimos. Finalmente, con la rapidez de un reguero de pólvora, Alemania se alineó con Austria, y en pocos días todas las grandes potencias europeas se habían involucrado en esta guerra que duró casi cinco largos años y se cobró más de 35 millones de vidas.
En 1918 termina este conflicto y las consecuencias inmediatas fueron, por un lado, el fin de cuatro Imperios: el Alemán, el Austro-Húngaro, el Otomano y el Ruso; y, por otro lado, se instala definitivamente el marxismo dando nacimiento a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En forma concomitante comienza a dar los primeros pasos el nacional-socialismo en Alemania que explota definitivamente con el inicio de la II Guerra Mundial el 9 de septiembre de 1939, cuando las tropas nazis invaden Polonia. Finaliza esta feroz contienda el 8 de mayo de 1945 y se inicia la llamada “Guerra Fría”, quedando definitivamente sepultada esta etapa histórica con el derrumbe del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

Se inicia a partir de ese momento el período que rige hasta nuestros días, denominado Nuevo Orden Internacional, caracterizado por la expansión generalizada de los regímenes liberales, consolidando definitivamente desde el punto de vista político, las democracias cuyos pilares fundamentales son las división de poderes y las garantías individuales, entre ellas el uso irrestricto de la propiedad privada y su inviolabilidad, constituyendo un derecho básico esencial, inescindible de la naturaleza humana y que nunca, jamás, puede ser tildado de “secundario”.
La otra columna esencial de los sistemas democráticos es la Economía de Mercado que ha traído un profundo, incontrastable e irrefutable bienestar general. Simultáneamente, este nuevo paradigma surgido en 1989 se complementa y refuerza con su correlato con el concepto de “seguridad colectiva”, que condena e impide la utilización de la fuerza para la solución de conflictos entre estados cuyas importantísimas consecuencias sacuden positivamente al mundo entero en este siglo XXI y que las podemos analizar desde los siguientes enfoques:
- La disolución de la ex-Unión Soviética con el impacto enorme que significó y con ella, el exitoso desembarco del “Multilateralismo” hoy vigente con renovada vigencia.

- Desde el punto de visto geopolítico, la solución de dos graves conflictos que ocurrieron casi paralelamente: el primero, la Guerra del Golfo (1991) donde una Coalición Internacional liberó a Kuwait de la invasión perpetrada por el tirano Saddam Hussein y el segundo, la Guerra en los Balcanes (1992), específicamente relacionado con el genocidio cometido en Bosnia – Herzegovina. En ambos casos el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó y lideró ambas intervenciones, otorgándole a las operaciones de imposición y mantenimiento de la paz respectivamente, un altísimo grado de legitimidad.
Respecto al martirio en los Balcanes, recordemos que los responsables principales fueron Radovan Karadzic, autoproclamado Presidente de la República Serbia en Bosnia y su ejecutor militar, el sanguinario General Ratko Mladic, comandante de las fuerzas armadas de ese Estado irregular, ambos condenados a cadena perpetua por el Tribunal Penal Internacional con sede en La Haya, como criminales de guerra.
Ellos no solamente se propusieron la destrucción material de ciudades y pueblos enteros sino que pusieron en práctica la abominable “limpieza étnica”, versión actualizada y aggiornada de la “solución final” del nazismo que terminó en el holocausto con seis millones de vidas humanas asesinadas de la manera más cruenta, herida profunda que la humanidad nunca olvidará.

Como observamos a través de estas líneas, Sarajevo tiene una triste historia ya que un día como hoy comenzaba hace 107 años la I Guerra Mundial y también en esa ciudad, cuna orgullosa de la multidiversidad, se desató en 1992 cuando culminaba el siglo XX el conflicto más sangriento en Europa después del régimen oprobioso de Adolfo Hitler.
Tremenda paradoja en la historia de esta castigada capital pero como satisfacción concluyente, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que una sensación de alivio recorre hoy el mundo: Karadzic y Mladic nunca volverán a repetir las atrocidades cometidas en Bosnia - Herzegovina y pagarán hasta su muerte con el bien más preciado que tiene el ser humano: la libertad.
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