¿Por qué critican al papa Francisco?

La Iglesia entiende y sostiene desde siempre que la economía, como cualquier otra esfera humana, necesita de la ética para su correcto funcionamiento. No de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona

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El papa Francisco ha nombrado al reverendo José Antonio Díaz nuevo obispo de la diócesis argentina de Concepción (norte). EFE/EPA/GIUSEPPE LAMI/Archivo
El papa Francisco ha nombrado al reverendo José Antonio Díaz nuevo obispo de la diócesis argentina de Concepción (norte). EFE/EPA/GIUSEPPE LAMI/Archivo

Los mercados y el dinero son instrumentos para la libertad

El Papa Francisco y la Iglesia en su conjunto parten de creer que los mercados y el dinero son instrumentos buenos para la libertad y grandes posibilidades para la realización del hombre. También creen que la libertad sin control de los mercados y del uso arbitrario del dinero puede hacer que estas se vuelvan herramientas para la opresión, exclusión, descarte y muerte de los seres humanos.

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Esto último es lo que está pasando en las democracias mayoritariamente liberales de nuestro continente donde al cabo de doscientos años de independencia forman una región dividida y con altísimos grados de pobreza y exclusión pudiendo afirmarse que América Latina hoy soporta el mayor grado de desigualdad de ingresos del mundo (informe del año 2019 del Programa de Desarrollo (PNUD) de las Naciones Unidas).

Gobiernos y regímenes económicos liberales o estatistas

Desde 1853, la república Argentina fue gobernada por sistemas democráticos o dictaduras militares. Algunos politólogos califican de “democracias populistas” a los dos primeros gobiernos de Perón 1946-1955 (a nuestro juicio, democráticos en lo político y desarrollistas en lo económico) y algunos incluyen el del kirchnerismo del presente siglo aunque en rigor no pueda ser caracterizado como tal sino únicamente por su adhesión a una política exterior latinoamericanista que anunciaba un bloque de países con regímenes democráticos de orientación nacional y popular (Chaves, Morales, Correa, Lula, Kirchner).

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Desde 1853 a 1930 se trató de gobiernos democráticos y a partir del 30 se alternaron las dictaduras cívico militares y los gobiernos democráticos. Las dictaduras fueron totalitarias en lo político y liberales en lo económico (ministros de dictaduras militares como Uriburu, Hueyo, Pinedo, Santamarina, Krieger Vasena, Alzogaray, Aleman, Wehbe, Dagnino Pastore así lo atestiguan) y las democracias fueron política y económicamente liberales con la mencionada excepción del gobierno de Perón que fue “estatista”.

Las estructuras económicas construidas y heredadas del siglo XIX -Constitución de 1953 mediante y con la breve vigencia de la reforma del 49-55 -fueron continuadas durante todo el siglo XX hasta el XXI incluyendo la reforma del 94.

Como veremos hoy se debate entre políticos y politólogos la supuesta contradicción entre “democracia republicana” y “democracia populista”.

Ética y economía

Tras la era tecnotrónica vino la gran revolución tecnológica, la agonía del comunismo soviético y los cambios profundos en China. Más allá de las falsas categorías del marxismo y de los gobiernos totalitarios de la Unión Soviética, el fantasma del comunismo sirvió para combatir a quienes luchaban por una mayor igualdad social. A los trabajadores que yo defendía en La Matanza cuando eran delegados les llamaban “bichos colorados” o “comunistas” aunque no supieran qué significaban estas manifestaciones de las patronales. Luchaban por mejorar los ingresos. Bien que anidaba a la sombra de la utopía. Por imperio del propio fracaso de los regímenes comunistas y la llegada de la revolución tecno-científica la palabra “comunista” fue desapareciendo.

“El imperio absoluto del mercado”, Papa Wojtyla

Demás está decir que cuando hablamos de mercado no hablamos, desde luego, del fenómeno natural consistente en el intercambio de bienes. Hablamos del mercado “como imperio hegemónico”, “el mercado salvaje”, “inhumano”.

El resultado de la economía de mercado son los más de cien millones de seres humanos sufren hambre, frío, envenenamiento, frustración y muerte prematura por verdadera distopía bajo el imperio de la ideología del libre mercado. Los grandes centros de poder económico y financiero no ven esa realidad mientras que la Iglesia si la ve. Y el Papa latinoamericano la denuncia. Como San Juan Pablo II lo hizo contra el imperio absoluto del mercado, en Monterrey. En efecto, Karol Wojtyla en su primer visita a México condenó “…el imperio absoluto del mercado en el gobierno de una sociedad…porque -según dijo el pontífice -aquel debe ser impulsado, garantido y controlado por parte del Estado” (Monterrey, discurso del papa Juan Pablo II).

Y como desde entonces lo viene haciendo la Iglesia católica, desde las iglesias locales conforme a las circunstancias locales y desde Roma conforme a la geopolítica del continente (véase Rosendo Fraga en Rev. Señales del Cono Sur 2014).

De Benedicto XVI a Francisco: dignidad humana y bien común

La Iglesia entiende y sostiene y entendió siempre y sostuvo siempre que la economía, como cualquier otra esfera humana, “tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento: no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona”, enseñaba el Papa Benedicto XVI (cit. Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero, Congregación para la doctrina de la fe, Librería Editrice Vaticana, aprobada por el Papa Francisco, 6/1/2018, lectura específica sobre las patologías de la economía de mercado).

Un moderno misil del mercado: “¡populista!”

Los regímenes “populistas” son aquellos en los que el “líder” tiene una relación directa con los seguidores llámeselos concentrados, muchedumbre o pueblo, con quienes empatiza, se compromete y es reconocido. La relación entre este último sujeto colectivo y el líder en las democracias “nacionales y populares” es más próxima mientras que en las democracias “liberales” o “republicanas” es más formal lo que no significa completamente ficcional, hay algo real que une a votante y candidato.

Hay populismo de izquierda y de derecha, democrático o no, del Norte o del Sur. De ese concepto dicen los expertos con elegancia académica que es polisémico y anfibológico, es decir, difuso y por ello mismo confuso. No dicen que es un arma ideológica potente para atacar a quienes los liberales consideran enemigos del capitalismo salvaje y la economía libre de mercado aunque este -a nuestro juicio -sea hoy el sentido real del término.

En un mundo donde gobiernan los mercados y lo hacen de modo autoritario no debe llamar la atención que sea un mundo sin valores y donde el único valor que permanece sea el poder del más fuerte y más fuerte es el que acumula más capital. Por eso el agnosticismo libertino y anticatólico y las grandes campañas publicitarias y de irradiación de noticias falsas -verdaderas fábricas de subjetividades -son aliados y parte del poder de los mercados y principales soportes de las dictaduras. Dios es el mercado y el catecismo del mercado está en los medios.

La dialéctica amigo-enemigo

Es importante tener conciencia de quienes son los enemigos de la Iglesia para comprender por qué los ataques apuntan a los valores de la Iglesia y a su cabeza. Los enemigos de la Iglesia católica buscan el conflicto dentro del mismo Pueblo de Dios, entre creyentes y no creyentes, de unas religiones contra otras y países contra países. Divide y reinarás reza la proverbial enseñanza bélica. Por eso no hay que olvidar nunca que como enseña Methol Ferré “La originalidad de Cristo no es sólo el amor al prójimo (Lucas 10:25-38) sino particularmente el amor al enemigo. La dialéctica amigo-enemigo en términos cristianos no se resuelve con el aniquilamiento del enemigo, sino con la recuperación del enemigo como amigo.”

Acaso este cronista se equivoque, pero está persuadido que Jorge Bergoglio quisiera ser amigo de Loris Zanatta, Santiago Kovadloff, Marcos Aguinis, Roberto Cachanosky y tantos otros que a diario formulan agravios contra su persona e investidura y seguro que reza por ellos.

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