Claramente, no hay vacuna más cara que la que no se compra. Basta con ver los datos publicados por la Oficina de Presupuesto del Congreso lo caro que sale no comprar vacunas.
En efecto, para este año hay previsto un gasto destinado al COVID-19 de $164.591 millones de los cuales solo $43.000 millones están destinados a la compra de vacunas y traslados. El resto son planes sociales: IFE, AETP, Repro y una serie de subsidios por mantener inmovilizada la economía a fuerza de cuarentenas.
A todos estos gastos de subsidios por hacer cuarentenas por no vacunar a tiempo, hay que agregarle la caída del PBI por día que implica cerrar la economía, aproximadamente unos USD 1.000 millones diarios.
Si se interna a una persona en terapia intensiva por no haberla vacunado a tiempo, el costo promedio diarios en una clínica privada es de $37.000, más otros $60.000 por medicación, estudios y atención. O sea casi $100.000 diarios, que traducidos a dólares al tipo de cambio oficial da USD 1.000 por día. Con eso se compran 50 vacunas de Pfizer por cada día de internación en una UTI.
Un contagiado de COVID sin estar en terapia intensiva, tiene un costo de $20.000 diarios, el equivalente a 10 vacunas Pfizer por día.
En definitiva, lo que más caro le ha salido a Argentina por no asegurarse la mayor cantidad de vacunas para frenar el COVID y no tener las 14 millones de dosis que se habían pactado con Ffizer, es el costo de no haberlas comprado.
Cuánto más gente se hubiese vacunado en tiempo y forma, menos costos de internación en UTI, tratamientos, caídas del PBI y subsidios por cuarentenas. Y ni hablar de las pérdidas humanas: no hay cálculo económico que pueda estimar esas pérdidas.
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