
La provincia de Buenos Aires ha sido históricamente rehén de los vaivenes políticos. Salvo contadas ocasiones, nunca existió un plan de desarrollo de mediano y largo plazo, que permita generar las pautas básicas para el desarrollo sostenido, sustentable y previsible.
Cuando María Eugenia Vidal asumió, fue muy clara: “Es mucho lo que hay que hacer y va a ser de a poco”. Asumimos, en tal sentido, un desafío enorme, que era romper con las viejas prácticas de la política, atadas muchas de ellas a la coyuntura electoral, para generar cambios estructurales. Un camino que no tiene que ver con ser oficialismo u oposición, sino con pensar y poner en marcha una profunda transformación, que trascienda ideologías y coyunturas.
Mucho se dice respecto de las dificultades que generó la pandemia, pero son los mismos argumentos que se usaron siempre, desde algunos sectores, para descalificar a quienes nos sumamos a la política para cambiar las cosas. Para transformar viejas prácticas y emprender un camino distinto, de diálogo, transparencia y trabajo en equipo.
Más allá de los problemas coyunturales, el Gobierno cometió errores no forzados. Y la única forma de sobrevolar esta discusión, cargada de un fuerte sentido ideológico, es discutir en la Legislatura proyectos concretos, que brinden soluciones ciertas y se sostengan en el tiempo. Para lograrlo hay que terminar con las especulaciones políticas y poner al diálogo y al trabajo por encima de las diferencias.
En la apertura de sesiones ordinarias de este año, el gobernador Axel Kicillof hizo hincapié en no “esconder” los problemas estructurales y apuntó al desarrollo productivo como un aspecto a tener en cuenta. Bienvenido sea. Pero, fiel a su estilo, buscó responsabilidades en gestiones anteriores o en las urgencias que provocó la pandemia. Como oposición hemos brindado, durante todo el último año, una serie de iniciativas que jamás fueron tenidas en cuenta por el bloque oficialista en la Legislatura. Entre ellas, el proyecto que presenté para el Fortalecimiento Pyme, que contempla la realidad de las pequeñas y medianas empresas de la provincia y sus demandas históricas.
Entendemos que, luego de analizar la situación de diversos sectores y habiendo generado espacios de debate e intercambio con especialistas, profesionales, empresarios y trabajadores, es necesario avanzar en una serie de medidas, que potencien el perfil productivo de nuestra provincia.
Opinar desde el desconocimiento es, siempre, un acto de absoluta demagogia, que nos conduce, ineludiblemente, al fracaso. Por eso es importante poner los números sobre la mesa. En la provincia de Buenos Aires, las Pymes representan el 95% del aparato productivo. Emplean a 1,2 millones de personas, lo cual representa casi el 70% del empleo formal.
En este sentido, el desarrollo de la pequeña y mediana empresa no puede ser nunca una quimera ideológica. Hay medidas puntuales, de corto, mediano y largo plazo, que funcionaron en países muy diversos. Bolivia, Paraguay, gran parte de los países de Europa, Asia del Este, economías que experimentaron procesos de crecimiento, en base al desarrollo de la inversión, con un Estado facilitador, dinámico y transparente.
En términos concretos, es importante que las Pymes de la provincia tengan estabilidad fiscal y un marco de previsibilidad para que puedan diagramar sus planes productivos. Para ello es fundamental disminuir la presión tributaria, generar un esquema de pago a cuenta de impuestos por inversiones productivas, establecer la Cuenta Única Tributaria, garantizar el financiamiento a mediano y largo plazo, mediante la creación del Fondo de la Provincia de Buenos Aires para el Desarrollo de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa. Todas estas iniciativas se dan en el marco de un plan integral, con el espíritu de facilitar financiamiento, créditos, inversiones, capacitación y equilibrio fiscal.
El tratamiento de este proyecto, así como otras iniciativas que apuntan al mediano y largo plazo, pero que también impactarían de forma inmediata. Implican un punto de partida y no el fin de la discusión. Es tomar la decisión, desde la dirigencia política, de abandonar la lógica del parche permanente, y pensar qué provincia le queremos dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos. Y para eso, indefectiblemente, todos tenemos que ceder un poco y construir en base al respeto, la honestidad intelectual y el consenso.
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