
Hagamos un ejercicio mental. Imaginemos que podemos congelar las instituciones y políticas económicas de cada país en el mundo de los últimos 50 años. Ignoremos los efectos del Covid-19 y proyectemos cada país 100 años hacia adelante. ¿Dónde encontramos a la economía argentina? ¿En compañía de qué países?
Si las cosas siguen la misma tendencia de las últimas cinco décadas, es decir, si la dirigencia política no lleva adelante reformas de fondo, en el 2120 encontramos a Argentina en el percentil 61% de ingreso a nivel mundial. Es decir, el 61% de los países tienen un ingreso per cápita (ajustado por costo de vida) menor al de Argentina. Hoy el país se encuentra en el percentil 63%. En otras palabras, hace medio siglo que, más allá de épocas efímeras de bonanza, Argentina se encuentra en un leve pero persistente tendencia de atraso a nivel mundial. Esto quiere decir que en el 2120 Argentina va a tener un ingreso per cápita menor al de países como Botsuana, República Dominicana, Croacia, e Irán. Lejos, muy lejos, de las promesas que escuchamos de la dirigencia política desde que tenemos uso de la memoria. No hace falta estar en la frontera de la teoría económica para ver que hace tiempo que Argentina no va en el buen camino.
La historia nos muestra que la situación económica del país puede ser mucho mejor. Si hacemos el ejercicio inverso y nos preguntamos dónde estaba Argentina en la economía mundial en 1920, hace 100 años, vemos que se ubicaba en el percentil 92%. Argentina tenía un ingreso per cápita superior al del 92% del resto de los países del mundo. En aquel entonces Argentina tenía un ingreso similar, a grandes rasgos, al de países como Australia, Bélgica, Canadá, y Dinamarca. Dado que ha sido Argentina quien se encuentra en caída en la escala de ingreso a nivel mundial, los problemas se encuentran dentro del país. Quienes manejan la economía no son ni los supermercadistas ni los poderes concentrados. Al final del día, la economía depende de los políticos. Es el Congreso quien legisla en materia económica. Es el Banco Central quien es responsable de la inflación. Y es el Presidente, a través del Ministro de Economía, quien ejecuta la política económica. No sorprende que los políticos sean tan creativos en culpar a terceros de los problemas económicos del país.
Argentina puede volver a ubicarse a la par de países como Australia, Bélgica, Canadá y Dinamarca. Lamentablemente tanto el oficialismo como la oposición parecen estar mirando otra película. Difícilmente veamos un cambio de rumbo en el oficialismo, un gobierno populista de izquierda. La oposición, por su lado, parece más preocupada por administrar de manera eficiente un Estado presente en lugar de replantearse el rol del Estado. El problema de la economía argentina no es de eficiencia en la administración pública -ciertamente muy ineficiente.
El problema es más profundo. Lamentablemente la dirigencia política es miope al momento de pensar en reformas estructurales y empujar una agenda que haga girar la política económica 180 grados. Los milagros económicos suceden por accidentes históricos o de la mano de líderes políticos más preocupados por el futuro del país que el resultado de las últimas encuestas de opinión. Por el momento Argentina parece depender de un accidente histórico.
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