
Durante el período de aislamiento obligado frente al COVID-19, los movimientos sociales cumplimos y seguimos cumpliendo un rol esencial. Tan así fue el desempeño de las y los militantes barriales, que terminó generando el reconocimiento del propio presidente Alberto Fernández. Pero lamentablemente los problemas siguen. Debido al incremento de casos que se vienen dando desde hace un mes, organizaremos una campaña con 150 mil militantes en cada barrio popular para concientizar sobre la necesidad de retomar los niveles de cuidado. También se instalarán puntos educativos para ayudar a los niños y niñas a revincularse al colegio y se acompañará la convocatoria para el proceso de vacunación, reforzando los senderos seguros para mejorar la seguridad.
Hace un año ya cuando cada país del mundo decidía cerrar las fronteras y aislar a su población en cuarentenas que tuvieron que ser extendidas para frenar el avance de un virus del cual poco se sabía y que se transmitía a una gran velocidad. Un par de meses después nuestro país tomaba esa misma decisión para frenar los contagios, comenzando así una etapa de aislamiento que fue generando una situación de agudización de todas las problemáticas preexistentes en los barrios humildes. Se observó cómo impactaba en nuestro país la crisis alimentaria, sanitaria, el incremento de las situaciones de violencia de género y de consumo problemático, mayores situaciones de inseguridad y de casos relacionados con problemas de salud mental, entre otros. En cuanto a la educación, fuimos testigos de la precaria estructura de su sistema, producto de las políticas neoliberales y de gobiernos que interrumpieron la presencia del Estado en la asignación de dispositivos que complementaban la educación de los niños y niñas. Algo que sigue sucediendo a la par de los pedidos por la apertura de escuelas.
En ese marco, los movimientos sociales y organizaciones de base desarrollamos sin parar estrategias de abordaje comunitario para resolver aquellas problemáticas que ya existían pero que en contexto de pandemia se agudizaron. Instalamos ollas populares en todos los barrios, garantizamos la distribución de alimentos, de productos de higiene, fuimos casa por casa tomando la temperatura y buscando posibles casos positivos que logramos aislar, previniendo que se expanda el contagio y salvando vidas.
En estos meses donde se pararon muchas actividades, el trabajo en los barrios se mantuvo activo y hasta incluso redobló su esfuerzo para garantizar platos de comida que faltaban en cada vez más casas. Bajo el lema de que nadie se salva solo y con la solidaridad como estandarte, en los barrios se logró sostener este período de aislamiento gracias a los trabajos que realizaron hombres y mujeres en tareas que luego el presidente Alberto Fernández reconoció como esenciales.
Ante uno de los momentos más duros de nuestra historia como país, las organizaciones del campo popular estuvimos a la altura desplegando en todos los barrios una red social de carne y hueso que permitió hacerle frente ni más ni menos que a una pandemia.
Este esfuerzo ante los aumentos de los casos que estuvimos viendo en este último mes hay que reforzarlo y por eso mismo desde los primeros días de febrero pondremos en la calle a más de 150 mil militantes de distintos movimientos populares para llevar adelante la mayor campaña de voluntarios que se recuerde para acompañar las tareas sociales en todos los barrios del país.
Este plan contará de 5 ejes: la prevención de contagios, la promoción de la vacuna, el refuerzo educativo, campañas contra la violencia hacia las mujeres y la seguridad comunitaria. El despliegue contará con 150 mil voluntarios de distintas organizaciones sociales que integran la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) con el Movimiento Evita, Barrios de Pie y la CCC.
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