
Hablar de Quino es hablar de un artista que traspasó fronteras, de un creador inmortal que recordaremos siempre como figura del arte gráfico argentino. Recuerdo cuando con Martín Kaufman, nuestro Vicerrector, tuvimos el hermoso desafío de pensar una propuesta audiovisual desde la Universidad Nacional de Tres de Febrero para el canal UN3.tv.
Ese desafío se plasmó en un ciclo de entrevistas conducido por Tute, también referente del arte gráfico local, en el que Quino brindó una de sus últimas entrevistas. No sólo nos sentimos honrados con la enorme aceptación que tuvo de parte de la comunidad, sino que también dejó la huella en nuestra universidad de uno de los grandes talentos de nuestra historia.
La serie fue una forma de dar visibilidad a los artistas detrás del trazo sobre el papel, de iluminar a esas grandes mentes y el talento local. La misma nos gratificó con el Premio ATVC a Mejor Programa Cultural y un FUNDTV como mejor Programa Artístico y Cultural. Fue en ese proyecto donde Quino abrió las puertas de su casa para brindar la que sería una de sus últimas y enriquecedoras entrevistas donde, en una charla íntima de dos gigantes, se trataron temas como el oficio, la religión, Dios, la muerte, el psicoanálisis y el humor.
Me atrevo a tomar un fragmento de Tutelandia, nuestra serie, que revela la valentía y la curiosidad que dio forma a su gran ingenio. En ella ante la pregunta de Tute sobre cómo se llevaba en ese momento con la idea de la muerte, Quino responde: “Al no ser creyente religioso no tengo miedo al infierno y que voy a estar achicharrándome durante cientos de miles de años, esas cosas que te cuenta la Iglesia ¿no? Pero sí mi primer recuerdo es entrar a una iglesia; me acuerdo que entré con mi mamá, que mi mamá tampoco era creyente ni nada, pero, no sé por qué habremos entrado. Y me acuerdo que ahí también me asustó muchísimo ver una imagen de Cristo en la cruz todo ensangrentado y jodido como lo ponen siempre para que no jodamos ¿no? Miren lo que le pasa al que jode.”
Los valores que Quino inculcó en sus creaciones fueron mensajes universales, pero particularmente tienen que ver con los valores de una universidad pública y nacional, con la democracia y en contra de las injusticias. Y siempre acompañó las causas de los derechos humanos.
Y cito otra gran respuesta de la serie en la que define para qué sirve el humor cuando afirma que “sirve para poner en evidencia las cosas absurdas que hacemos los seres humanos. A mí hacer humor sin que tenga un sentido crítico político no me nace”.
Quino se fue, pero nos dejó entre tantas cosas a Mafalda con sus grandes enseñanzas, repleta de una actualidad que seguirá perdurando con el pasar de los años.
Hoy puedo decir, que vamos a extrañar enormemente su talento y sus principios.
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