Alquimias cambiarias

Mientras las empresas hacen fila para dejar el país, el Gobierno insiste en profundizar los problemas económicos

Miguel Pesce, presidente del BCRA
Miguel Pesce, presidente del BCRA

La palabra alquimia hace referencia a la creencia esotérica que se puede crear oro mezclando líquidos. La ciencia moderna nos enseña de lo infructuoso de intentar producir oro de esta manera. Sólo un químico con extremas creencias heterodoxas sería un alquimista hoy día. Las nuevas regulaciones cambiarias son sólo una muestra más de que, en economía, el Gobierno se comporta como un alquimista de la economía. Intentar solucionar un desequilibrio cambiario con un cepo, o afirmar que la inflación no es un fenómeno monetario, son dos ejemplos de alquimia económica. Como el alquimista, el Gobierno insiste en lo que el mundo y la ciencia hace tiempo saben no funciona.

Argentina es un experimento de controles cambiarios fallidos. No faltan oportunidades de aprender de la propia historia. De hecho, el último de estos experimentos es bastante reciente. El cepo de la previa administración kirchnerista produjo una mayor pérdida de reservas (en términos absolutos) que las que se perdieron con la crisis del 2001. Mientras la crisis del 2001 produjo una pérdida de 9.300 millones de dólares, el anterior cepo K produjo una pérdida de unos 16.400 millones de dólares. El Gobierno parece incapaz de aprender de su propia experiencia.

En lugar de intentar con alquimias cambiarias, el Gobierno debería volver a los principios básicos de economía. Si hay un faltante de dólares en el mercado argentino es porque el precio del dólar es bajo (el peso esta apreciado). Imponer un cepo no resuelve el problema. Imponer un cepo crea un mercado negro (el dólar libre). El resultado es un mercado de cambios informal con un tipo de cambio depreciado por encima de lo necesario. En los hechos, la depreciación que se busca evitar con un cepo se produce en mayor medida con los costos asociados de un mercado informal. Las regulaciones económicas, como suele suceder, terminan produciendo más costos que reconocer los desequilibrios existentes. El cepo es en definitiva una devaluación encubierta que agrava, en lugar de solucionar, los problemas de un tipo de cambio atrasado.

Dado que un cepo no soluciona el problema de faltante de dólares, se genera un nuevo problema: ¿cómo racionar las escasas reservas? El kirchnerismo, un gobierno con casos de corrupción a diestra y siniestra, fácilmente puede caer en una politización del uso de reservas. Permisos de compra de dólares a los amigos del poder o a cambio de favores políticos. O dar permiso de dólares para importación para el empresario que tenga el número de teléfono de algún funcionario público (quizás a cambio de públicamente apoyar alguna nueva regulación económica). El cepo fácilmente se puede transformar en un activo político del gobierno de turno hasta que la realidad económica impone su presencia en una nueva crisis cambiaria. Nada que Argentina no haya vivido repetidas veces.

Las nuevas regulaciones cambiarias también abren otras preguntas. ¿Qué tan exitoso fue el canje de deuda del ministro Guzmán? Si el canje fue exitoso, ¿por qué no se puede acceder a dólares en los mercados internacionales teniendo que apretar aún más el cepo cambiario? El dólar es reserva internacional, no es precisamente un bien escaso en el mundo. Si el canje de deuda fue un éxito, y el Gobierno de la heterodoxia económica es tan eficiente, ¿por qué no entran dólares vía? Quizás debamos aprender de una buena vez que un canje de deuda exitoso no es sólo aquel que resuelve un default, sino aquel que produce una reforma fiscal sustentable y hace del país un imán de inversiones.

Otra pregunta es que la va a suceder al sector privado. La obligación de renegociar deuda privada no es otra cosa que forzar un default del sector privado a gran escala. ¿Acaso el Gobierno está cambiando default soberano por default privado? El precedente de esta medida puede ser muy costosa por mucho tiempo para Argentina. Prestar al sector privado argentino, incluso a empresas liquidas y solventes, puede incluir una mayor prima de riesgo: Riesgo de que el Gobierno de turno fuerce un default del sector privado por su propia impericia cambiaria. ¿La Justicia no tiene nada que decir sobre este tema? ¿Puede abiertamente el BCRA instruir al sector privado a renegociar sus deudas?

Mientras las empresas hacen fila para dejar el país, el Gobierno insiste en profundizar los problemas económicos. No hay un plan económico claro, creíble, y sostenible. Las expectativas cambiarias son de un cepo que llegó para quedarse, y apretando cada vez más fuerte al pequeño ahorrista. Lamentablemente, no hay peor ciego que quien no quiere ver.

El autor es economista, profesor (Metropolitan State University of Denver y UCEMA) y senior fellow del American Institute for Economic Research


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