
La crisis del COVID-19 acentuó los llamados para la integración de América Latina. La secretaria de la CEPAL, Alicia Bárcena, repite este mensaje en toda oportunidad y la canciller de España, Arancha González, en la reunión del Grupo de Puebla, señaló la importancia que tuvo para España la incorporación a la Unión Europea como un ejemplo que debería imitar la región.
Los presidentes Carlos Menem y Collor de Mello fueron quienes dieron un impulso decisivo al Mercosur basado en el modelo de la Unión Europea en 1991. El antecedente fue la reunión de Raúl Alfonsín y José Sarney en 1986 en Foz de Iguazú, donde acordaron la creación de la Comisión Mixta para la Integración. Después de 30 años el Mercosur es una zona de libre comercio o una unión aduanera incompleta.
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Cuando la secretaria Bárcena piensa en integración se refiere a la libre circulación de bienes, capitales e inversiones y la armonización de normas técnicas y sanitarias que faciliten el comercio. La canciller González, basada en la experiencia de la Unión Europea, agregaría políticas comunes de desarrollo industrial y agropecuario, un arancel externo y una política de negociaciones común. Estos pasos requieren instituciones regionales que aseguren la implementación de los acuerdos.
El Mercosur no ha podido avanzar con la libre circulación de bienes y el arancel externo contiene centenares de excepciones. En el período 2016/19 progresó con compras públicas, facilitación de comercio, reglamento del FOCEN, comercio electrónico, protección de indicaciones geográficas y facilitación de inversiones intra-Mercosur. La Alianza del Pacífico constituye el otro eje de la integración: ambos bloques acordaron el Plan de Acción de Puerto Vallarta, que en paz descansa, para impulsar el libre comercio y la integración entre ambas regiones el 24 de julio de 2018.
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Las declaraciones no pueden ocultar la descoordinación entre Argentina y Brasil para concretar los objetivos fijados en los acuerdos. Las diferencias en las políticas agropecuaria e industrial inhiben la posibilidad una mayor apertura para la complementación de los sectores productivos. Ambos países tampoco aceptarían un organismo supranacional que garantizara la ejecución de los acuerdos. Paraguay y Uruguay, por su parte, reclaman mayores perforaciones en el AEC para importar de extra-zona y no pagar los mayores costos de los socios.
El canciller Amorim en una reciente conferencia virtual afirmó que Brasil debe aspirar a ser uno los protagonistas en el mundo multipolar después del COVID-19 priorizando lo individual como ya lo hiciera cuando se formó el BRICS. Este lenguaje nacionalista se contrapone con las expresiones de la canciller González, que siempre se refirió a la Unión Europea mientras Amorim, que representa al PT, ignora al Mercosur como alternativa.
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La Alianza del Pacífico fue calificada como furgón de cola de las potencias por haber firmado Acuerdos de Libre Comercio con Estados Unidos y la Unión Europea sin tomar en cuenta que México también forma parte del bloque. Celso Amorim desacreditó a la Alianza al señalar las cifras ínfimas del comercio intrarregional en comparación con el Mercosur, sin reflexionar que el sector automotriz, principal rubro en el intercambio, es un acuerdo administrado bilateral entre Argentina y Brasil.
La integración requiere compromiso político y trabajo técnico. Se podría afirmar que las posibilidades de avanzar son inversamente proporcionales al número de empresarios que acceden a la Casa de Gobierno: siempre resulta más cómodo manejarse en un capitalismo prebendario que en un capitalismo competitivo. La Unión Europea surgió de estadistas como Konrad Adenauer, Jean Monnet, Robert Schuman y Alcide De Gasperi después de una Guerra Mundial y en el medio de la Guerra Fría.
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No se puede medir la integración por declaraciones políticas. El Grupo de Puebla constituiría un buen ejemplo si la integración estuviera basada en el número de comunicados sobre los problemas mundiales. Quizás en una próxima oportunidad la CEPAL o el INTAL al cual debería recordársele su función específica, podrían explicar el significado y la importancia de la integración para el desarrollo que evitara las repeticiones dogmáticas y el uso superfluo de los términos.
El autor es Licenciado en Economía Política (UBA), Master in Economics (University of Boston) y fue embajador argentino en Tailandia. Es Miembro Consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)
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